domingo, 12 de febrero de 2023

Glotonerías legislativas IV


En el último artículo dejábamos definida a la “víctima” como el sujeto sacralizado cuya liberación justifica transformar la actividad política en guerra civil. 

Dado que la idea de guerra civil puede parecer desmesurada para ciudadanos acomodados en las delicias de la democracia liberal y las elecciones libres, intentemos demostrar que el “wokismo” no tiene otro fin. 

 

Resolver el problema nunca fue su problema

Situar a la “víctima” en el centro de la acción política (la ley de “sólo sí es si” recalca el “enfoque victimocéntrico” de la misma) supone atender a las consecuencias obviando las causas.  

Todos somos víctimas de las consecuencias (de un desengaño amoroso, de un fracaso profesional, de nuestra afición a las patatas fritas que nos proporciona la industria alimentaria…) pero lo esencial reside en evitar la reproducción de las consecuencias actuando sobre el motivo de las mismas.  

Precisamente por ello, la casta política se desentiende de la corrección de las causas por el riesgo de quedarse sin su nuevo sujeto revolucionario, sin la “víctima”.

Sólo así se entiende la rebaja de las penas, que ha supuesto una prueba tan flagrante de su nulo interés por prevenir y desincentivar los delitos, que han tenido que rectificar para que no se les vea tanto el plumero.          

Si se priorizan las consecuencias del delito (la víctima) en perjuicio de la neutralización del mismo, asumamos que el problema que alegan (el crimen) nunca fue su problema.   

 

La legislación como fábrica de "víctimas woke"

El objeto del presente análisis no son las víctimas que sufren violencia o lesiones físicas, sino sólo las “víctimas woke”, las únicas aptas para ser utilizadas en una estrategia de guerra civil. 

Así, las víctimas públicas de la inflación económica creada por la emisión monetaria del Estado, por ejemplo, no sirven.

Sólo merecen atención legislativa y administrativa las víctimas privadas a las que se les pueda asociar un culpable inmediato y objetivo al que previamente se le ha criminalizado. 

Es la “víctima woke” la que crea su autor mediante la construcción anticipada de un chivo expiatorio.

No es el culpable el que da lugar a la víctima después de una acción criminal contra ella, sino la “víctima woke” la que se autoconstituye mediante la estigmatización preventiva de un culpable.

Nadie en su sano juicio puede oponerse a condenar a un criminal que provoca daños a otro.

Sin embargo, es el propio sistema judicial basado en la presunción de inocencia, quien no puede condenar de forma automática a los señalados “a priori” como culpables por el sistema de fabricación de “víctimas woke”.

Por este riesgo judicial, las “víctimas woke” no necesitan acreditar el hecho material del delito para ser reconocidas como tales. Les basta con el ejercicio de una acción meramente formal: denunciar.  

El “wokismo” utiliza la parte de la jurisdicción que le interesa. La fase inicial, la denuncia, sí. La intermedia y la de terminación donde se verifica si el delito ha quedado probado, les resulta irrelevante.

La diferencia entre el elemento formal (denuncia) y el material (prueba) resulta clave para determinar los dos tipos de víctimas: las víctimas y las “víctimas woke”.

Los promotores de la ley de "sólo sí es sí" no tienen recato en confirmar que hay dos modelos penales en este tipo de delitos: el suyo, al que basta la denuncia (derecho penal de autor) y el que exige la prueba del delito (derecho penal garantista). 

Pues bien, si has fabricado una víctima a tu medida y has identificado al autor, ¿acaso vas a renunciar a la aniquilación de tu enemigo cuando incluso haces caso omiso al Poder Judicial que, al aplicar los principios generales del derecho, determina en un procedimiento contradictorio quiénes son víctimas y quiénes no?  

 

Una guerra civil con infinitos frentes y un único vencedor

Garantizada la adquisición de la categoría “víctima woke” por el mero ejercicio de la denuncia, sólo faltaba el incentivo de la concesión de derechos económicos, laborales, asistenciales… para asegurar el aumento exponencial del clientelismo vinculado a los delitos sexuales.

Pues bien, si no es para ser empleada por la oligarquía política en un programa de guerra civil, ¿cuál es el objetivo que se fija para esta multitud que crece y crece? 

A este respecto, no creo que sea necesario extenderme para detallar la capacidad destructiva del concepto "víctima woke" para el orden social. 

Si para la lucha de clases el enemigo del proletariado era siempre el minoritario patrón que explotaba a una generalidad de trabajadores, quedando fuera del combate el ámbito familiar; ahora cada víctima tiene adjudicado  su culpable y está dentro de cada casa, familia o pareja.

Tenemos a la vista una guerra atómica, no por su vínculo con la energía nuclear, sino por el hecho de que el escenario de la misma transcurre en cada una de las unidades más pequeñas de la vida en común con la finalidad de arruinarlas.    

Si la lucha de clases afectaba sólo a las relaciones de producción, la “victimocracia” (término que debo al profesor Domingo González) entra de lleno en las relaciones personales, en los sentimientos (no por casualidad la ley de “sólo sí es sí” pone el acento en el con-sentimiento”) acabando con el libérrimo orden familiar o interpersonal para sustituirlo por una reglamentación disciplinaria ordenada por el declarado enemigo del cincuenta por ciento de la ciudadanía.

Se trata de una guerra civil a mayor gloria del Estado y de la oligarquía que lo usufructúa en su beneficio, pues es obvio que las “víctimas woke” son creadas por una nueva clase dominante a las que fideliza mediante la concesión de privilegios, y que se otorga a sí misma el derecho a criminalizar a la mitad de la población por el simple procedimiento de hacerles cargar con la pena de la presunción de culpabilidad, liquidando así un principio indispensable de cualquier civilización: el de igualdad ante la ley.

Utilizando el título de una famosa película, nos encontramos con “La guerra de los Rose” elevada a la enésima potencia, cuya fuerza de aniquilación podemos intuir analizando los resultados guerracivilistas de la aplicación de la Ley 1/2004, contra la Violencia de Género.  

 ¿Lo ven ahora?


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viernes, 10 de febrero de 2023

"Glotonerías legislativas III"

 

El análisis realizado en los dos últimos artículos tanto de la "victimocéntrica" ley de "sólo sí es sí" como de la diferencia radical entre el número de condenas penales por violencia de género y el número de mujeres consideradas víctimas de violencia de género, nos sirve para traer a discusión un hecho clave de la política contemporánea: la "víctima" ha sustituido al proletariado o al ciudadano como sujeto de la revolución.  

 

De denunciantes a víctimas sin solución de continuidad

Cuando la jueza podemita Rosell rechaza el "punitivismo" contra los agresores sexuales, mientras su Gobierno amigo hace una ley que pone en el centro a las "víctimas", se está lanzando un mensaje muy claro a la población: la seguridad de las mujeres no es el problema esencial porque la acción pública no se concentra en el delito y su castigo, sino en las denunciantes que por el hecho de serlo pasan a ser consideradas "víctimas".

Este desplazamiento terminológico resulta interesante.

¿Por qué la denunciante se convierte en víctima sin necesidad de que el denunciado haya sido declarado victimario en un procedimiento penal?

¿Por qué a las denunciantes cuyos procesos no concluyen con penas, no se las sigue llamando denunciantes para diferenciarlas de las víctimas que sí han obtenido condena de sus agresores?

¿Quién es el culpable de la "víctima" cuando, por ejemplo, en el penúltimo trimestre de 2022, de los 38.522 asuntos que trataron los Juzgados de Violencia sobre la Mujer, el 64,57% (24.870) fueron absoluciones o no llegaron a juicio? 

¿Cómo puede haber una víctima cuando no se ha declarado un culpable?

 

La “víctima” nuevo sujeto revolucionario

La banalización del concepto de víctima, pues para la legislación "woke" tan víctima es la mujer violada como la que ha denunciado una injuria, pone en evidencia que su objetivo prioritario no es la protección de cada mujer contra la violencia sexual (ver la reducción de las penas) sino la politización del cada vez más numeroso colectivo de víctimas.

¿Por qué esta obsesión en ampliar su número, con independencia de que las denuncias terminen con sentencias condenatorias o no?

En primer lugar, porque cuantas más víctimas más burocracia para atenderlas, más presupuestos, más negocio político. Sólo hay que ver los innumerables entes públicos involucrados en la ley de "sólo sí es sí" que necesitarán la gasolina del dinero para funcionar.

En segundo lugar, la multiplicación de las víctimas favorece la extensión del clientelismo, pues cuando basta con presentar una denuncia para obtener la calificación de "víctima" con derecho a beneficios económicos, laborales, asistenciales... se incentivan las denuncias con el fin de ser beneficiario de las compensaciones que los políticos ofrecen.   

En función de estos dos elementos, no sé si la ley de "sólo sí es sí" tendrá como resultado una mayor libertad y seguridad para las mujeres, pero lo que puedo prever es que se traducirá en un aumento exponencial de las "víctimas", lo que a su vez redundará en un crecimiento de la burocracia y de sus presupuestos para atender a aquéllas y sus "necesidades económicas, laborales, de vivienda y sociales", a sus derechos a "servicios sociosanitarios", de "salud mental", de "asistencia personal"... (echen un vistazo a la ley de "sólo sí es sí").

De esta manera, la "víctima" se convierte en el nuevo “paria de la Tierra” y, por tanto, en el mítico sujeto revolucionario que garantiza la reproducción de la casta política que se atribuye su defensa, pues ¿quién será el "fascista" que se oponga a los justos derechos de las "víctimas"? ¿quién será el "nazi" que se atreva a recordar que el origen de las "víctimas" puede residir en una denuncia sobreseída?  

  

Así se destruye al enemigo

La politización de las "víctimas" que fabrica la legislación "woke" tiene como finalidad primordial convertir a las marcadas como "víctimas" en un instrumento para destruir al adversario, pues el nudo de la cuestión no reside en la protección de las mujeres sino en la liquidación del enemigo.

Veámoslo.

Una de las características de este constructo es la radical discriminación entre víctimas. 

Por ejemplo, las víctimas públicas no existen. Las víctimas públicas de la inflación, de las prohibiciones arbitrarias o de los impuestos confiscatorios jamás tendrán la consideración de víctimas.

Otro de los rasgos es su "patrimonialización", su privatización, pues sólo las víctimas que designen los fabricantes de las leyes woke son víctimas “pata negra”, es decir, se constituye un negocio privatizado que se financia con dinero público.   

Y por último, para que haya víctimas tiene que haber culpables. 

Si en un alto porcentaje de casos los jueces no los encuentran, vienen en su auxilio los políticos: los culpables son, por supuesto, la categoría política de los "hombres" como encarnación del Mal. 

Pero con carácter aún más general son tenidos como culpables las "no víctimas", esto es, los hombres y mujeres que, se opongan o no se opongan, van a financiar con sus impuestos la "autonomía económica de las víctimas”, “la reparación integral” de las mismas, “incluida su recuperación, su empoderamiento y la restitución económica y moral” . Ver artículo 1.3 d) y e) de la ley de “sólo sí es sí´”.

Resulta una terrible paradoja que se atribuya la culpabilidad política a quienes paguen tributos religiosamente, a los se resistan a presentar denuncias por delitos de violencia sexual, a los que no reciban ninguna compensación del Estado, pues ellos serán los que tendrán el deber de empoderar a las víctimas por obra y gracia de su dinero y su probidad.  


La guerra civil de la "víctima"

En definitiva, discriminación entre víctimas, "patrimonialización" política de éstas, división social entre "víctimas" y "no víctimas" o culpables. 

Estos tres elementos configuran una sacralización del concepto de "víctima" que justifica la transformación de la lucha política en guerra civil, pues quien niegue los derechos de las víctimas que designe la casta política pasa a ser el enemigo que merece ser destruido por "ultra", "indecente" y "criminal".  

Una guerra civil desequilibrada, pues una parte está perfectamente organizada como minúscula oligarquía política que se ha apoderado de las víctimas para acaudillarlas, mientras que la otra se encuentra aislada, confusa, sin liderazgo político que entienda la naturaleza del conflicto planteado y que se conforma con sobrevivir mientras no diga ni pío y pague impuestos con los que financiar a los que le perdonan la vida.

Veremos cómo se pueden igualar las fuerzas. 


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martes, 7 de febrero de 2023

Glotonerías legislativas II

 

Según el informe del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del CGPJ, en el tercer trimestre de 2022 (antes de la entrada en vigor de la ley "sólo sí es sí") se produjeron casi 50.000 denuncias.   

No nos quedemos con el número y vayamos a un breve desglose de los datos que nos facilita como "archivo asociado" un PDF que aparece al final del informe. 

 

De los 38.522 asuntos tratados en los Juzgados de Violencia sobre la Mujer (los que se ocupan de los delitos leves como los previstos en los artículos 153 y 173 del Código Penal, o de los quebrantamientos de medidas y penas) la forma de terminación fue la siguiente:

461 con sentencia absolutoria.

6.000 con sentencia condenatoria.

7.652 fueron elevados al órgano competente (Juzgado de Instrucción...) y obviamente no podemos determinar el resultado final.

970 con sobreseimiento libre.

¡15.195 con sobreseimiento provisional!

Y 8.244 otras formas de terminación (?)

Es decir, de los 38.522 asuntos que trataron los Juzgados de Violencia sobre la Mujer, el 64,57% (24.870) fueron absoluciones o ni siquiera llegaron a juicio.


Otro dato del informe.

En el trimestre donde se produjeron 50.000 denuncias, hubo 6.000 personas condenadas por delitos leves, 4.004 condenas de los Juzgados de lo Penal (los que pueden imponer penas de hasta 5 años) y 48 de las Audiencias Provinciales (las que se encargan de los procedimientos con eventuales castigos de privación de libertad superiores a 5 años).

En total, 10.052 sentencias condenatorias,* de las cuales el 59,68% fueron por delitos considerados leves.

 

Para terminar, el último dato.

El informe declara que hubo 47.955 mujeres víctimas de violencia de género.

O lo que es igual, el número de víctimas prácticamente coincide con el número de denuncias (49.479) con independencia de lo que hayan dictaminado Juzgados y Tribunales.


Repitamos: 

En el tercer trimestre de 2022 hubo 49.479 denuncias relativas a violencia de género. 

De los 38.522 asuntos tramitados por los Juzgados de Violencia sobre la Mujer, 24.870 (el 64,57%) fueron absoluciones o ni siquiera llegaron a juicio.

Las condenas en todas las instancias judiciales fueron 10.052.

Pero las víctimas fueron 47.955.


Recuerden que estos números se producen sin ni siquiera haber entrado en vigor la ley de "sólo sí es sí", que afirma tener un "enfoque victimocéntrico".


* Desconocemos las fechas en que se interpusieron las denuncias que motivaron la totalidad de las 10.052 sentencias condenatorias del tercer trimestre de 2022.

  

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domingo, 5 de febrero de 2023

Glotonerías legislativas I

 

¿Cómo neutralizar la legislación "woke" o directamente estúpida?

En EE.UU., el Partido Republicano considera que debe prohibirla en el deporte, las escuelas, la Universidad, las empresas...

Yo creo que no. Yo considero que hay que acelerar su implantación.

Veamos por qué analizando un caso, el de la ley del "sólo sí es sí".

La ideología "woke" tiene su núcleo en las víctimas.

La ley del "sólo sí es sí" lo deja claro refiriéndose textualmente a su "enfoque victimocéntrico".

Pues bien, si estos conjuntos normativo-ideológicos son suprimidos por sus adversarios políticos se produciría lo que ellos denominan "victimización secundaria", "terciaria", "cuaternaria", "de quinto nivel"... y así un no parar.  Es decir, mantendrían intacto su prestigio de "revíctimas".

Por ello la única alternativa eficaz contra el "wokismo" es su implantación acelerada hasta que colapse por reducción al absurdo.

Su propia legislación nos sirve su suicidio en bandeja de plata. Que no quede sin nuestro auxilio.

 

Brevísimo articulado de la ley "sólo sí es sí"

 

Artículo 3. Ámbito de aplicación.

Se consideran "violencias sexuales" los delitos que detalla el Código Penal, pero además enumera una serie de conductas entre las que se encuentra el "acoso con connotación sexual".

 

Modificación que realiza la ley "sólo sí es sí" del artículo 173 del Código Penal.

El que infligiera a otra persona un trato degradante, menoscabando gravemente su integridad moral, será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años.

El que habitualmente ejerza violencia física o psíquica sobre quien sea o haya sido su cónyuge o sobre persona que esté o haya estado ligada a él por una análoga relación de afectividad aun sin convivencia, será castigado con la pena de prisión de seis meses a tres años.  

Quien cause injuria o vejación injusta de carácter leve, cuando el ofendido fuera una de las personas a las que se refiere el apartado 2 del artículo 173 (las referidas en el párrafo anterior), será castigado con la pena de localización permanente de cinco a treinta días.

Las mismas penas se impondrán a quienes se dirijan a otra persona con expresiones, comportamientos o proposiciones de carácter sexual que creen a la víctima una situación objetivamente humillante, hostil o intimidatoria, sin llegar a constituir otros delitos de mayor gravedad.

 

Artículo 37. Acreditación de la existencia de violencias sexuales.

Podrán acreditarse las situaciones de violencias sexuales mediante informes de servicios sociales... o "por cualquier otro título" (sic), siempre que ello esté previsto en las disposiciones normativas que regulen el acceso a cada uno de los derechos y recursos".

 

Las víctimas de violencia sexual tendrán acceso, sin ánimo de exhaustividad, a los siguientes derechos y compensaciones:

 
Autonomía económica, derechos laborales y vivienda

Artículo 41. Cuando las víctimas de violencias sexuales careciesen de rentas superiores, en cómputo mensual, al salario mínimo interprofesional, recibirán una ayuda económica equivalente a seis meses de subsidio por desempleo.

En el supuesto de víctimas de violencias sexuales dependientes económicamente de la unidad familiar, cuando ésta no obtenga rentas superiores, a dos veces el salario mínimo interprofesional, recibirán en todo caso la ayuda económica descrita en este artículo.

Dicha ayuda podrá prorrogarse por una sola vez, siempre que sigan sin superarse los umbrales económicos descritos.

En el caso de que la víctima tenga personas a cargo, su importe podrá alcanzar el de un período equivalente al de dieciocho meses de subsidio. Dicha ayuda será igualmente prorrogable por una sola vez, en los mismos términos que los anteriores, siempre que se mantengan las condiciones que dieron lugar a la concesión inicial.

La concurrencia de las circunstancias de violencia se acreditará de conformidad con lo establecido en el artículo 37 (informes de servicios sociales o cualquier otro título, siempre que ello esté previsto en las disposiciones normativas que regulen el acceso a cada uno de los derechos y recursos).

Estas ayudas serán compatibles con la percepción de las indemnizaciones acordadas por sentencia judicial, o, alternativamente, con cualquiera de las ayudas previstas en la Ley 35/1995, de 11 de diciembre, de ayudas y asistencia a las víctimas de delitos violentos y contra la libertad sexual. Igualmente, serán compatibles con las ayudas previstas en el Real Decreto 1369/2006, de 24 de noviembre, por el que se regula el programa de renta activa de inserción para desempleados con especiales necesidades económicas y dificultad para encontrar empleo; con las ayudas establecidas en la Ley 19/2021, de 20 de diciembre, por la que se establece el ingreso mínimo vital, y con la percepción de las ayudas que establezcan las comunidades autónomas en este ámbito material.

Artículo 38.1. Las trabajadoras víctimas de violencias sexuales tendrán derecho a la reducción o a la reordenación de su tiempo de trabajo, a la movilidad geográfica, al cambio de centro de trabajo, a la adaptación de su puesto de trabajo y a los apoyos que precisen por razón de su discapacidad para su reincorporación, a la suspensión de la relación laboral con reserva de puesto de trabajo y a la extinción del contrato de trabajo.

Artículo 38.2. Las víctimas de violencias sexuales tendrán derecho a la protección por desempleo.

Artículo 38. 4. Las ausencias o faltas de puntualidad al trabajo motivadas por la situación física o psicológica derivada de las violencias sexuales se considerarán justificadas y serán remuneradas cuando así lo determinen los servicios sociales de atención o servicios de salud, según proceda.

 

Artículo 42. Acceso a la vivienda.

Las administraciones públicas promoverán el acceso prioritario de las víctimas de violencias sexuales al parque público de vivienda y a los programas de ayuda de acceso a la vivienda. 


Ya sé lo que están pensando

                                        

Cuéntenme, con sinceridad, al leer estas glotonerías legales ¿no se les hace la boca agua? ¿no se les hacen los dedos huéspedes? ¿no se les ponen los dientes largos?

Sé que van a guardar silencio por pudor, pero a cambio de una noche de su marido o de su pareja en el calabozo, ¿no le vendría fenomenal a la unidad familiar un apaño económico como el que les ofrece la ley "sólo sí es sí"?

No me digan que no han sido objeto alguna vez de alguna de las acciones previstas en el artículo 173 de la "victimocéntrica" ley. Seguro que si lo piensan bien, lo recuerdan.  

En ese caso ya tienen su violencia sexual remunerada.

Echen cuentas y háblenlo en casa para llegar a un acuerdo. El Gobierno les abre una "ventana de oportunidad" contra la inflación.

¿Quién vive? -se pregunta el pueblo-.

Los que denuncian -contestan los que conocen la glotonería de la legislación "woke"-.


POSDATA: Este artículo debe ser considerado la modesta aportación del autor, sin necesidad de que las Administraciones Públicas hayan tenido necesidad de pedírmelo, a las "campañas institucionales de prevención e información" que, de conformidad con el artículo 9 de la ley "sólo sí es sí", los entes públicos tienen el deber de impulsar.


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lunes, 30 de enero de 2023

Elogio de la oposición

 

¿Qué es mejor para el pueblo?

¿Un heredero de Sánchez en el Palacio de la Moncloa o una oposición auténtica en el Parlamento?

El título del artículo no deja lugar a la duda.

Veamos por qué.

Considerar que en España puede cambiar algo de lo sustancial por el hecho de que a Sánchez le sustituya Feijoo resulta ridículo.

El gallego no corregirá ningún abuso de los nacionalistas, seguirá con las políticas liberticidas del actual Gobierno en todos los ámbitos, continuará con el cuento de la Agenda 2030,  acatará las decisiones que tomen la OTAN, la UE o los EE.UU., aunque perjudiquen los intereses de España.

Llegar a esta conclusión resulta fácil, pues sólo hay que escuchar al tipo y tener un poco de memoria para recordar sus mandatos como cacique en Galicia.

El motivo de que se sucedan Gobiernos indistintos, con independencia de los partidos políticos que los sustenten, no es otro que la oligarquía hace imposible cualquier alternativa en las agendas políticas del Poder Ejecutivo.

Por tanto, la batalla por el Gobierno como palanca de cambio está perdida de antemano hasta que la fortuna propicie una oportunidad. 

Es más, las tentaciones de la oligarquía para convertirse en despótica son fortísimas debido a las condiciones del estado social egoísta producto de la ideología igualitaria de un solo amo: una sociedad de hombres sin vínculos porque todos son independientes e iguales entre sí, incluido el sometimiento al mismo dueño político. 

En este sentido, cuando hace tres años el pueblo se confinó en sus casas sin protestar la decisión gubernamental de alzar barreras entre los ciudadanos como forma de no "infectarse", era obvio que las conciencias de los hombres iguales de un único amo estaban listas para aceptar la tiranía.

Por tanto, si el pueblo no puede poner sus esperanzas en la renovación del Ejecutivo (la serie histórica desde la Transición nos demuestra que cada Gobierno ha sido peor que el anterior) sólo merece la pena preguntarse si existe una oposición que pueda hacer frente a los vicios totalitarios del Poder.  

¿Pero acaso hay partidos políticos que se enfrentan al egoísmo de la indiferencia del que se alimenta la oligarquía?

A este respecto, hay dos pruebas, una formal y otra material, que nunca fallan cuando se trata de distinguir a un oligarca, aunque ocupe el lugar de la oposición; de un auténtico opositor político.

La formal es muy sencilla: sólo puede ser oposición el grupo excluido por la oligarquía, el grupo sobre el que se ejerce un "cordón sanitario".    

En cuanto a la prueba material, el oligarca sólo habla de lo que hará cuando conquiste el Poder Ejecutivo, mientras el opositor identifica problemas comunes y recluta a los afectados para que puedan actuar sobre la causa del mismo sin necesidad de intervención estatal.  

El primero hace promesas, mientras que el segundo utiliza su influencia para facilitar, sin exigir servidumbre, que los ciudadanos descontentos se organicen para que puedan reconocerse y sentir que trabajando los unos con los otros pueden ser iguales, pero también libres.

En suma, de cara a las próximas elecciones generales olvídense de quién va a ganar, pues esto ya se sabe: los mismos.  

En cambio, vuelvan a preguntarse:

¿Qué es preferible en esta dizque democracia que nos han otorgado?

¿Un candidato que venza a Sánchez, aunque sea lo mismo o peor que Sánchez; o una oposición auténtica que ayude a la fortuna a que la oportunidad de cambio surja?

¿VOX aceptado como un Podemos bis en el Gobierno de Feijoo o VOX ejerciendo de oposición a las políticas de la oligarquía PPSOE?


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domingo, 4 de diciembre de 2022

Levantar el velo democrático


La protesta de las mujeres iraníes contra la tiranía islamista nos puede servir como acicate no para "levantar el velo" a las mujeres occidentales, sino para alzar el de nuestro sistema político.

 

La doctrina del "levantamiento del velo"

"Levantar el velo" es un símbolo de libertad para las persas y también una doctrina jurisprudencial originaria de Norteamérica, creada en el siglo XIX con la finalidad de evitar que las personas jurídicas (las sociedades mercantiles) sirvan para burlar la ley o quebrantar obligaciones contractuales.

Su recepción en España bajo esta denominación no se produce hasta la sentencia del Tribunal Supremo de 28 de mayo de 1984, donde se dice lo siguiente: "se ha decidido por aplicar la tesis y práctica de penetrar en el "substratum" personal de las entidades a las que la ley confiere personalidad jurídica propia, con el fin de evitar que, al socaire de esa ficción o forma legal, se puedan perjudicar intereses privados o públicos o bien ser utilizada como camino del fraude, admitiéndose la posibilidad de que los jueces puedan "levantar el velo jurídico" en el interior de esas personas cuando sea preciso para evitar el abuso de esa independencia en daño ajeno, es decir, para impedir un mal uso de su personalidad". 

En definitiva, si una sociedad mercantil se utiliza como mecanismo de fraude, el Juez puede entrar a conocer los dueños reales ("descorrer el velo de las personas jurídicas") para evitar que éstos actúen contra el Derecho impunemente, en los casos en los que la estructura corporativa es una “mera fachada”, esto es, cuando se interpone la forma societaria para eludir la responsabilidad de los propietarios de la empresa en la comisión de un fraude. 

  

                       La democracia como velo antidemocrático

Huelga decir que esta doctrina jurisprudencial cabe aplicarla a cualquier sistema político, pues el hermetismo que rodea el funcionamiento del poder (la "razón de Estado") es una fuente de abusos constantes que sólo con mayor transparencia se puede controlar.

Pero no vamos a ocuparnos tanto de lo que oculta el velo sino del velo mismo.

¿Qué significa? ¿cuál es su función?

Etimológicamente, procede del latín "velum", cortina o tela que cubre algo sin ocultarlo totalmente, con la finalidad de esconder sus rasgos más polémicos o descarados porque el velo dulcifica lo real.

En términos teológicos, separa al hombre o al mundo de Dios.

Por analogía, el velo es lo que separa al Estado del pueblo.

Y lo que separa a los ciudadanos del Estado es, precisamente, la democracia, el sistema de elección de políticos mediante votación popular, que vela con sus ideales de soberanía nacional la realidad del Poder oligárquico y demagógico.

La democracia no es el instrumento que garantiza el cumplimiento de la voluntad general, sino la nube que disimula la servidumbre.

Baste como prueba escuchar a los políticos que, por ejemplo, suben los impuestos o cercenan las libertades del pueblo que les vota argumentando que es lo que quiere el pueblo que les eligió.  

 

La democracia como creencia

La pregunta es por qué no se levanta el velo del sistema político, por qué se nos advierte que es mejor bajar la cabeza en presencia de un político elegido por el pueblo si no queremos ser calificados de fascistas.  

La diferencia entre levantar el velo de las sociedades mercantiles y el velo de las dizque democracias es que a las empresas se las ha deslegitimado, carecen de autoridad, pues ya no son valoradas como organizaciones que descubren necesidades sociales y las satisfacen movidas por el incentivo del beneficio. No. Las sociedades mercantiles han pasado a ser consideradas como simples mecanismos del fraude (a los trabajadores, al Estado...).  

¿Pero cómo deslegitimar aquello que nos permite ufanarnos de nuestra condición de ciudadanos que eligen a su Gobierno y pueden destituirlo?

El velo democrático no se levanta porque es lo que nos hace creer en el mito de la soberanía de la voluntad popular, y su prestigio de cosa sagrada quedaría destruido en cuanto se alzase el trapo.

El paisano que vota lo mismo una y otra vez, por corrupto que sea su beneficiario, en elecciones cuyos resultados son publicados cuatro semanas después de celebrarse (ver USA) lo hace por pura autoafirmación.

El elector que repite partido político sin recibir a cambio más que nuevas exacciones y menos libertades, lo hace porque tiene fe, más allá de que ésta se vea desmentida siempre.

Si tuviéramos conciencia de que la democracia es una mera pantalla al servicio del fraude nos sabríamos siervos, y semejante ofensa es mejor obviarla, no vaya a ser que tengamos que empezar de cero.

La mayoría del pueblo no ignora lo que está detrás del velo, de la misma manera que tampoco desconoce que la cortina de su hogar oculta un barrio mejorable.

Pero si el sistema político está corrompido y el velo democrático lo  encubre, el mismo velo les permite a los votantes mantener la creencia de que sus ideas sobre el ejercicio real del Poder no lo están.   

Aun así, como sé que sin levantar el velo de una democracia que no lo es estamos perdiendo el tiempo, tiré la primera piedra, alcé la gasa y me caí del guindo contemplando la pura realidad: no gobierna el pueblo, nadie me representa, soy un don nadie para la oligarquía a la que mantengo.

Y sí, perdí mis creencias, pero gané mi tiempo.


twitter: @elunicparaiso  

 

domingo, 27 de noviembre de 2022

"Morigrafía" de una pintora oculta

  

Gracias a la amabilidad de Lola Iglesias y la empresa de promoción cultural "Nuevos Públicos", pude acudir a la proyección en el MNCA Reina Sofía de la película de la directora Irene M. Borrego, "La visita y un jardín secreto".

Antonio López, el egregio pintor manchego que conoció a la protagonista, interviene en la película "punteando" con su voz -según dijo él mismo en el coloquio posterior- la narrativa cinematográfica.

La obra trata sobre la vida de una pintora oscura de la Generación del 50, Isabel Santaló (Córdoba, 1923-2017) tía de la realizadora del film, pero no es una biografía, sino una original "morigrafía". 

Con una cámara que se recrea en la lenta cotidianidad de una anciana casi inmóvil encerrada en su desvencijada casa con un gato obeso como dueño y señor del recoleto espacio, se nos ofrece la decrepitud de una artista abstracta que nos explica la naturaleza del arte moderno sin necesidad de mostrarnos ni uno solo de sus lienzos.

Sometida por las preguntas inquisitivas de su sobrina sobre la naturaleza del arte, Santaló se rehace para sentenciar que el arte auténtico no debe tener otro objeto que la búsqueda de lo inefable.

Centrada en esta lucha por descubrir lo no dicho, parece que la pintora apenas lo consiguió, pero sus obras no son otra cosa que el testimonio de ese esfuerzo siempre solitario.

En esa búsqueda de lo aún no expresado, pero a duras penas presentido, puede resumirse el arte de la experimentación.

Antonio López quiso justificar el fracaso comercial de Santaló argumentando que la profesión de artista resulta muy difícil porque no hay criterios para evaluar los méritos de ninguna obra.

Este comentario del exitoso pintor me trajo a la memoria la distinción que Tocqueville hace en "La democracia en América" entre el arte de los estados sociales aristocráticos y democráticos, y pude preguntar a Antonio López si la ausencia de canon para valorar el trabajo de los artistas se debía a una característica propia del arte o si era una consecuencia de nuestro estado social.

El genial pintor realista coincidió con el sociólogo francés del s. XIX: la democracia es la causa del relativismo artístico que liquida el orden que lleva de suyo toda aristocracia.

La libertad y la igualdad que derrumban las convenciones provocan el cambio constante de sensibilidades, pero también de fortunas.

Isabel Santaló tuvo su sensibilidad, pero careció de fortuna comercial y de reconocimiento artístico, sin que nadie pueda decir por ello que Santaló fuese peor pintora que Palazuelo, pues si no hay una explicación del porqué la abstracción de nuestra protagonista esté olvidada, tampoco la hay del triunfo de la abstracción de Pablo Palazuelo, según declaró el propio López.

La emoción de ser testigo de que Tocqueville predijo dos siglos antes lo que López acababa de certificar ante mis ojos, me hizo olvidar la pregunta esencial que debí haberle hecho: si el estado social provoca el relativismo artístico, ¿cuál es el motivo de la desazón general, de la inacabada búsqueda por enunciar lo inefable?, ¿por qué la libertad y la igualdad no han podido encontrar una verdad?, ¿quizás la explicación resida en la pérdida de lo sagrado que hace que no podamos dejar de buscarlo o en la negación de lo divino sin que hayamos podido encontrar un sustituto?

Sea como fuere, la "morigrafía" del artista que luchó por descubrir la verdad en las formas, termina siendo una singular "película de terror", en palabras de la directora del film, pues más que ofrecernos una página de la historia del arte nos lega el testimonio de una trayectoria vital terrorífica, en la que la realizadora nos cuenta que ve representada su misma existencia.

Mientras Irene M. Borrego pronunciaba estas palabras un halo de nihilismo recorrió la sala.

Y es que al final, la experimentación artística cuyo afán consistía en descubrir lo inefable termina ofreciéndonos como todo resultado un melancólico yo-yó.

Curiosa enseñanza para aspirantes a la gloria a través de las Bellas Artes. 


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