sábado, 8 de mayo de 2021

Joker deja la política para liderar "Acción Mutante"

  

De Iglesias siempre me llamó la atención, más que sus discursos o sus tácticas políticas leninistas, su estética.

Los zapatones y las americanas dos tallas más grandes que utilizaba en los solemnes actos oficiales me provocaban el mismo desazón que cuando vi en el cine al Joker interpretado por Joaquin Phoenix.

Contemplando el disfraz lúgubre perfectamente preparado para las ocasiones que lucía el tal Iglesias, entendí que la relación entre él y Sánchez no estaba basada en la sintonía política, ni siquiera en la conveniencia mutua, sino en el pánico, en el puro miedo: Sánchez quería ser amigo de Iglesias porque sabe que éste presume de ser el Joker. 

Es cierto que la clase política considera que es su "tonto útil", un advenedizo al que jamás admitirán en el festín partidocrático más que como un actor secundario.

Nunca pasó de ser considerado un pesado, un "cuñao", el "chivo expiatorio" (Iglesias, dixit) al que endilgar cualquier fracaso.

Pero él lo sabe y se ríe de los compañeros de profesión que le desprecian por mera incompatibilidad de estilo porque él tiene el elemento diferencial: "Acción Mutante".

Iglesias acaudilla a toda la colección de malos imaginables, desde Echenique, a un abogado de las FARC colombianas, pasando por el indispensable productor audiovisual (sin televisión no hay revolución) y el Presidente del "Consejo por la República", esto es, a "Quimicefa" Puigdemont.

¿Creen ustedes que se han librado de él?

Al contrario, porque ahora tienen dos por el precio de uno: el Joker más "Acción Mutante".

Es lógico que Sánchez no duerma por las noches.

El Joker cañí, a la altura de abril de 2021 ya intuía que con un horizonte penal para él y su partido bastante oscuro, y habiendo asumido que su agenda política no iba a avanzar ni un ápice aunque él fuera vicepresidente (ni República ni siquiera derogación de la reforma laboral) decidió salir del Gobierno y pasar a la acción, "Acción Mutante", por supuesto.

La misma noche que fue pateado electoralmente por Isabel Díaz Ayuso lo proclamó "urbi et orbi": "en términos estatales auguro que estos resultados van a agudizar los problemas territoriales en España. Nunca Madrid había sido tan diferente del resto de España y nunca había sido tan diferente de otros territorios. Auguro que la deslealtad institucional de la Comunidad de Madrid hacia el Gobierno del Estado y hacia otra instituciones se va a intensificar".

Ahí tienen su declaración formal de guerra.

Como no podía ser de otra forma, justo tres días después de anunciar que se van a "agudizar los problemas territoriales en España", el portavoz en Cataluña del fugado "Quimicefa" Puigdemont anuncia que el empantanado proceso de formación de Gobierno en Cataluña ha quedado resuelto y que en días habrá Gobierno indepe puro para que pueda repetir el autogolpe de 2017, aunque Junqueras, que conoce tanto la cárcel como el plan urdido por el Joker y "Quimicefa", esté asustado y se tienta la ropa (¿qué opinará el salvador "factor Illa" de todo esto?)

Quien no vea conexión entre la amenaza de Iglesias sobre "agudizar los problemas territoriales en España" y el inmediato acuerdo entre secesionistas catalanes que llevaba meses varado por obra y gracia del mismo Presidente del "Consell per la republica", que Dios le conserve la vista.

Iglesias es muchas cosas, y una de ellas es el "nacionalista extranjero" del Foro de Sao Paulo para España. Por eso no parará hasta ver arder el país de la misma manera que otros Joker prendieron la mecha ayer en Venezuela o EE.UU., y hoy lo replican en Chile o Colombia.

Cuenta con la bien entrenada "Acción Mutante", cuya alegre muchachada hizo exhibición de músculo en todo el país con la excusa del preso ya olvidado Pablo Hasél.

Además, el caudillo ya no está en el Gobierno, es decir, podrá tirar la piedra y esconder la mano. Podrá lanzar las llamas y no tendrá que salir del Congreso a requerir que se pare la violencia porque ya anunció que "dejo todos mis cargos, dejo la política entendida como política de partido, entendida como política institucional".

Por último, ya tiene lista su coartada. Nos contará que cuando él era vicepresidente los indepes estaban controlados y se comportaron con lealtad al Estado, pero ante la emergencia del dizque fascismo en Madrid era inevitable el desastre y él ya no puede hacer nada más que dar fe de que la paz ha terminado. "Ya os lo advertí", nos recriminará.

Un Joker quemará el país y si le preguntáramos por qué, respondería de la misma forma que el vizconde de Valmont a la sufriente marquesa de Merteuil en "Las amistades peligrosas" cuando ésta le preguntaba el motivo de tanta crueldad: "no puedo evitarlo".  

 

PD: Supongo que entenderán que el artículo no es más que una pieza de ficción y que cualquier parecido con la realidad será pura coincidencia, pues no hace falta que les recuerde que el Estado de Derecho funciona a las mil maravillas y siempre vence a los golpistas. Sólo hace falta echar un vistazo al mundo.


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miércoles, 5 de mayo de 2021

El "juego del gallina" (no Ayuso) liquidará al "sanchismo"

 

Las elecciones regionales en la Comunidad de Madrid que acaba de ganar Isabel Díaz Ayuso rozando la mayoría absoluta son presentadas por el PP como un indicio de la inminente debacle del  "sanchismo".  

¿Será la derrota inapelable del candidato de Pedro Sánchez en Madrid el preludio de la caída del  PSOE como fuerza hegemónica en la izquierda española?

Viendo los números del 4-M (pero también los de las últimas elecciones regionales catalanas) parece que sí, pues la suma de los porcentajes de voto obtenidos en Madrid por los partidos defensores del Foro de Sao Paulo (7,21% el de Iglesias y 16,97% el de Errejón) superan ampliamente el resultado del partido socialista madrileño (16,85%)

¿Cuál sería la causa de que el PSOE haya sido sobrepasado por la izquierda?

Me atrevo a decir que Pedro Sánchez es víctima de la misma estrategia que liquidó a Rajoy, a Artur Mas o al Ciudadanos de Arrimadas, por referirnos sólo a víctimas políticas patrias.

Y esa estrategia que hace años anticipamos que acabaría con el PSOE y con C´s es el oscuro e ignorado "juego del gallina", esa macabra diversión consistente en ver quién de los pilotos en una carrera frena más tarde ante la inminencia del abismo. *

En los sistemas políticos basados en la competencia electoral la regla de oro es "el juego del gallina", esto es, el ganador real, el que lleva la iniciativa es el que ante la certeza del precipicio niega el riesgo, cierra los ojos a la realidad y se  comporta de manera cada vez más irresponsable.

En España, la iniciativa la llevan los partidos bolivarianos y secesionistas porque la dirigencia del Partido Socialista decidió desde la moción de censura al Gobierno de Rajoy que iba a "jugar al gallina" con ellos, porque aunque estén locos y utilicen la violencia, son muy democráticos y sobre todo antifascistas.

Los efectos ya son tangibles: Sánchez pierde su partida del dichoso juego con el siniestro "Más Madrid" porque el chiringuito de Errejón en verdad no se denomina "Más Madrid", sino "Más Socialista".

En estas condiciones ¿qué puede hacer un partido moderado con ambición de Gobierno ante el "juego del gallina" que le ofrece día tras día el pelotón suicida?

¿Disputar la partida siendo cada vez más imprudente o perderla de antemano con candidatos sosos?

La alternativa para neutralizar el "juego del gallina" desde el centro reside en rechazar jugarlo; pues lo contrario, esto es, la alianza del PSOE con los secesionistas y los “nacionalistas extranjeros” de "Más Madrid" y "Unidas Podemos" ha supuesto una cadena de cesiones donde las recientes elecciones madrileñas (pero reitero que también las catalanas) ya nos indican quién gana y cómo terminan.

Aun conservando el Poder, el PSOE de Sánchez lleva años perdiendo; pues decidió renunciar a sus principios moderados por exigencia de los intransigentes, a cambio de continuar en el Gobierno algún año más.  

Por una falta de comprensión del juego, el tándem Sánchez-Gabilondo se apresuró en plena campaña electoral a proclamar que aceptaría volver a "jugar al gallina" con Iglesias y Errejón, manteniendo la esperanza de que éstos les sostendrían.

El resultado a la vista está: la extrema izquierda ya supera en Madrid ampliamente al Partido Socialista en votos porque éste ha legitimado a los bolivarianos aceptando compartir Gobierno con ellos.

Para terminar este análisis apresurado debemos decir algo sobre la irrelevante decisión de Iglesias de abandonar la política, que parece haber puesto muy contentos a los "liberalios" que se echan las manos a la cabeza por lo mal que está el servicio.

Y hablo de irrelevancia porque aunque un muñeco se haya ido, el pelotón sigue aquí con nuevos muñecos dispuestos a que el juego continúe.  

Nuevos contrabandistas de chatarra ideológica para hacerse de oro a costa del pueblo, retomarán el "juego del gallina" siempre desde posiciones aún más absurdas que las que quedaron planteadas en la última partida, si el PSOE acepta seguir participando.

Con la victoria del "katejón" Ayuso conteniendo momentáneamente el desastre y la huida de uno de los admiradores de asesinos de masas, sólo se ha ganado tiempo.

Pero mientras el Partido Socialista de Sánchez siga uniendo su suerte a los sediciosos y bolivarianos que sólo quieren jugar la Liga “del gallina” no habrá paz ni libertad.

 

* Juego del gallina: Comprenderán al instante a lo que me refiero si recuerdan a James Dean en “Rebelde sin causa” celebrar con otro joven una carrera de coches en dirección al vacío de un acantilado. El motivo de la disputa era acreditar quién era el más valiente, y el ganador resultaba ser quien frenaba más tarde, el último que se arrojaba del coche justo al límite del precipicio. El que tomaba antes la prudente decisión de parar era el perdedor, "el gallina”.


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sábado, 6 de febrero de 2021

Corporaciones Políticas Criminales (CPC) dolarización y Franceschi

 

La masiva intervención de los Estados en la economía de los países está provocando en mucho de ellos la pobreza de sus poblaciones y el enriquecimiento de las élites políticas y de los "empresaurios" que viven de ellas.

El descontento social tiene raíces económicas, pero los problemas traen causa de los Estados que controlan tanto la regulación de las actividades privadas como gran parte del aparato productivo, incluyendo en éste a los funcionarios y a los trabajadores agrupados en sindicatos de Estado.

Por eso las protestas de los sectores populares que quedan fuera del reparto del pastel ya no se producen contra los patronos, sino contra los políticos, a los que se asocia como responsables de la ruina de empresas y particulares.  

No vamos a detallar los cientos de procedimientos estatales de depauperación.

Vamos a centrarnos en dos consecuencias vinculadas a sus políticas económicas que están en el origen de la nueva forma política que sustituye a los Estados fallidos del siglo XX: las Corporaciones Políticas Criminales (CPC).

La primera consecuencia es la destrucción de las monedas nacionales, cuyo poder adquisitivo se reduce día a día debido a la depreciación que sufren por la intensiva emisión ordenada a sus Bancos Centrales. La inflación liquida las monedas nacionales como instrumento de intercambio de bienes y servicios. A modo de ejemplo, piensen que una barra de pan puede valor hoy decenas de miles de pesos, pero mañana subirá de precio. 

La otra es la dolarización "de facto" de la economía. Dado que las monedas nacionales pierden su valor, los ciudadanos que pueden se lanzan en busca de otras que sí lo tengan, siendo el dólar la moneda mayoritariamente elegida.  

La desaparición de la moneda propia y la dolarización del sistema económico, forzada por el pueblo consciente de su servidumbre pero impotente, son las pruebas del nueve de los Estados fallidos, cuyas castas eligieron mudar en Corporaciones Políticas Criminales (CPC) antes que marcharse y desaparecer.

Pero en semejante contexto el problema para el pueblo radica en cómo adquirir dólares en una economía destruida donde la casta político-criminal es la única que puede conseguirlos con facilidad.

Las remesas de los que han huido del país y la participación en las actividades ilícitas controladas por la clase dirigente son las principales vías. 

También pueden ingresar dólares si aún mantienen un sector exportador de materias primas o atraen turistas. Pero parece obvio que las exportaciones serán fagocitadas tarde o temprano por el hampa político y que la inseguridad propia del crimen desincentive el interés por visitar estos lugares.

Además, el riesgo de contagiarse provocará que los Estados impongan "cordones sanitarios" a las Corporaciones Políticas Criminales (CPC) con lo cual quedarán al albur del crimen (narcotráfico, estraperlo...) como motor económico del territorio, pues sin posibilidad de cálculo económico y sin seguridad jurídica la creación de riqueza por medio de la producción de bienes y servicios resulta una quimera.

El retroceso de la civilización que supone pasar de los Estados a las CPC se puede comprobar en países como Venezuela o Argentina, curiosamente dirigidos por adalides de la "justicia social" y la "igualdad" (mis cojones treinta y tres) donde la patrimonialización por la oligarquía de los preciados dólares es la única ley.

Pero la política siempre se venga.

Y en el caso de las Corporaciones Políticas Criminales la venganza la trae la propia dolarización de la que pretenden beneficiarse en exclusiva: "¡dólares para todos!" será el fantasma que recorrerá los palacios gubernamentales de las CPC.

Un grito que desnuda por sí solo todo el relato propagandístico de los ladrones que buscan su impunidad en una ideología edificada dizque "para el pueblo", pero que el pueblo rechaza de plano, empezando por repudiar la propia moneda nacional y terminando por obligar a sus dirigentes a convertirse en delincuentes internacionales para rapiñar los dólares del considerado por ellos "satánico imperio USA".    

El político venezolano en el exilio Alberto Franceschi, ex-izquierdista, admirador de la obra histórica de la Hispanidad, de la Escuela de Gustavo Bueno y fiel seguidor de Antonio García Trevijano; pero sobre todas las cosas opositor tanto del régimen chavista como de la oposición (MUD) que lo sustenta, ha entendido la naturaleza de las CPC y ha lanzado un desafío que le otorga la victoria antes de empezar: el pueblo debe organizarse para pedir sus salarios en dólares.

Desde el más pequeño distrito, desde la empresa más sencilla, la reclamación unitaria que el movimiento político del señor Franceschi pretende liderar, consiste en que el pueblo exija a la casta criminal que todos sus ingresos sean pagados en dólares de los Estados Unidos de América. 

La reivindicación universal de la dolarización del sistema económico marcará el punto más alto de ilegitimidad de las Corporaciones Políticas Criminales (CPC) 

¿No presumen de democracia los líderes delincuentes?

Pues la democracia en sus CPC comienza y termina en la democratización de los dólares.

¿Qué opinará la ya dolarizada MUD?

¿Boicoteará la democratización del dólar?

No hay vuelta atrás. 

¡Enhorabuena, señor Franceschi!  


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lunes, 25 de enero de 2021

"Covid 19, Operación Acordeón" X

 

Así será la ampliación de capital


Disculpe por interrumpir nuestra conversación, señor Presidente. Lo dejamos hablando de destrucción. ¿Me puede decir qué alternativas tenían los Estados antes de la crisis sanitaria para salir de una situación donde la gente, aunque les regalasen el dinero, no quería asumir ningún riesgo inversor o de consumo como consecuencia de una bien fundada incertidumbre vital?  

- No creo que haya habido muchas ocasiones en la historia donde el dinero haya estado tan barato y no se utilizase.

- Lo cierto es que por más crédito que se les ofreciese, los ciudadanos no lo solicitaban. Y el dinero del que disponían lo ahorraban por miedo. 

- Y de repente la pandemia.

- ¿Qué otra cosa le queda que aprovecharla y profundizar en sus efectos destructivos?

 - ¿La destrucción creativa de Schumpeter, como me dijo hace un rato?  

- Sí. Hay demasiadas empresas ineficientes como consecuencia del crédito barato, empresas zombis. El ajuste natural como consecuencia de la pandemia va a liquidar negocios obsoletos favoreciendo la innovación y la concentración económica.

- Empresas mejores, más grandes y más rentables.

- Pero no sólo eso. Ustedes tienen que ayudar a conseguir que sus países se conviertan en algo parecido a un yermo posbélico mediante un proceso de ruina selectiva, consistente en empobrecer a los ciudadanos y familias por el método de suprimir sus fuentes de riqueza.  

- No tengo que hacerlo. Ya se ha encargado la pandemia.

- No creo que haya sido la única culpable. La acelerada destrucción económica es fruto de los confinamientos duros, la técnica que con la mínima fuerza y en el mínimo tiempo logra la máxima desvalorización de capital sin destruirlo. Pura magia. Un confinamiento prolongado es lo mismo que un cierre empresarial porque provoca el cese inmediato de actividades.

- ¿Por qué habla de "ruina selectiva"?

- Porque los estragos deben realizarse sin destrucción física y actuando con mayor intensidad sobre negocios intensivos en mano de obra que viven del consumo que ha quedado estrangulado por los confinamientos.  

- Así se está haciendo, pero eso se debe a motivos sanitarios, no económicos. Sufren más aquellas actividades de gran concentración de personas y donde es obligada la distancia social.

- ¿Entonces por qué se permite la aglomeración en los suburbanos?    

- No podemos parar todo.

- Claro que no, pero el foco debe ponerse en la restricción de las actividades con empleos de bajo valor añadido y que dependen del consumo minorista porque el objetivo es empobrecer, aunque sea temporalmente, a la clase media que aún no depende del Estado y que se niega a endeudarse y consumir. No cabe otra opción.

- Insisto en que no creo que reduzcamos la actividad económica con el afán de perjudicar a unos sí y a otros no. Eso sería perversidad. Quizás sólo estén equivocadas las recomendaciones científicas respecto a los cierres de determinados sectores.  

- Sí. El principio de Hanlon según el cual no culpes a la maldad de lo que puede ser explicado por la estupidez. Pero aquí no hay ni maldad ni estupidez. Simplemente es el plan tantas veces probado: cuanta mayor sea la destrucción hoy, mayor riqueza se creará mañana.

- Pero si pauperizamos a la población ahora la recuperación será muy lenta, pues ¿cómo vamos a recuperar el gasto privado si la gente se queda sin su puesto de trabajo, sin sus negocios o empresas?

- Nuestra urgente preocupación es la gigantesca deuda pública de sus Estados porque supone, entre otras cosas, riesgo de impago y una pesada carga para las futuras generaciones. Sin embargo, para ustedes los políticos no. No les preocupa en absoluto seguir aumentando su deuda para gastar más hoy y que pague la factura el que venga. Ahora bien, sí les quita el sueño la acelerada destrucción económica generada por los confinamientos, que en realidad sólo supone retrasar consumo. Les da igual lo que ocurra mañana porque son incapaces de diferir consumo hoy.  ¡Grandes líderes!

¿La culpa la tengo yo, cuando ud me habla de que hay que empobrecer a la clase media?

- Por supuesto que son los responsables. Si hubiesen permitido que las economías se ajustaran solas de conformidad con el ciclo económico, y no usasen sus Estados para ganar elecciones haciendo clientelismo político, hoy no tendrían las cordilleras de deuda que nos obligan a nosotros a intervenir para arreglar sus desastres por métodos clandestinos y casi esotéricos.

- Sigue sin aclararme el dilema. Si genero pobreza ¿cómo voy a recuperar la economía antes de que se produzca un estallido social?  

- Aquí aparece nuestra contribución realmente innovadora. Aquí es donde abandonamos el s. XX. para entrar en el XXI.

- Le escucho.

- Tenemos dos posibilidades. La primera consiste en cortarles a ustedes el grifo de la deuda gratuita. Se acabó el dinero. Eso supondría el fin del Estado de Bienestar. Si la deflación provocada por la pandemia y los confinamientos ha generado pánico, a pesar de que no ha faltado dinero; imagínese lo que supondría paralizar el gasto público.

- En términos de ortodoxia económica no nos vendría mal un ajuste, pero nuestras democracias no lo soportarían.  

- La inviabilidad política de la primera posibilidad hace que sólo tengamos una solución.

- Veo una única alternativa, esto es, seguir aumentando la deuda a intereses negativos, pero hacer lo mismo no parece una solución. 

- Nada va a ser igual. La solución la tienen delante y no la ven. O no la quieren ver: los Bancos Centrales van a realizar una gran emisión monetaria y ustedes van a hacer llegar ese dinero a los ciudadanos. A todos y sin intermediarios.

- Eso supondrá inflación.

Sí. El helicóptero del dinero llegará a las calles de la ciudad-mundo para celebrar el desfile de la victoria sobre la pandemia.

- ¿A todo el mundo?

- Sin excepción. Se lo darán incluso a los inmigrantes ilegales. Planes sociales generalizados y renta mínima universal. Pero esta vez no será un cuento.

- Habrá resistencias. La gente que trabaja y paga impuestos, no aceptará ganar lo mismo que los que no trabajan.

- No las habrá por la destrucción económica previa. Se emitirá moneda y se distribuirá "urbi et orbi" sin ningún obstáculo porque la población trabajadora ya estará diezmada y lo solicitará. Depauperada la sociedad todos recibirán el dinero como un maná. Los que no consumían por miedo al futuro, no tendrán más remedio que hacerlo. El empobrecimiento generalizado hará posible un largo periodo de inflación.

- Con el aumento del consumo mejorará la actividad económica y habrá crecimiento del PIB.

- Así será, aunque no sé por cuánto tiempo. No obstante, más allá de la momentánea euforia provocada por la emisión monetaria, esto hay que hacerlo porque la inflación es la única forma realista de conseguir que las gigantescas deudas de sus Estados puedan sostenerse. La otra alternativa era deflación e impago de deuda. Dado que ésta última posibilidad es políticamente inviable y la inflación nunca llegaba porque la gente se negó a gastar aunque dispusiese de dinero barato, no queda otra vía para producir inflación que, primero, prolongar la ruina económica iniciada por la pandemia, y después, emitir dinero para poner en marcha la recuperación y reducir deuda pública.

- Podremos recaudar más impuestos sin subir tipos, puesto que se incrementarán artificialmente las bases imponibles al aumentar la inflación.  

- Con la deuda pasará al revés: se reducirá. Si ahora deben un millón de pesos y tienen una masa monetaria de cien mil pesos para pagarla, con una inflación superior, digamos al 3% anual durante un lustro, esos cien mil pesos iniciales se habrán multiplicado y dispondrán de una masa monetaria mayor para pagar la misma deuda de un millón, pues los intereses de ésta seguirán siendo muy bajos.

- Creo que es suficiente. Necesito asimilar esta conversación. Hablar con mis asesores.

- Sí. Espero que entiendan que la pandemia no es el problema, sino el evento que nos ha permitido ejecutar una "operación acordeón" a la economía mundial sin oposición ciudadana y en un tiempo récord.  

- Lo he comprendido. Sin la destrucción económica que ha supuesto el Covid 19 y los confinamientos, no habría sido posible generar un proceso inflacionario aceptado por la población. Y sin inflación no se puede ejecutar la ampliación de capital que necesitaban las economías más desarrolladas antes de la pandemia para hacer sostenible nuestra "megadeuda" e iniciar un proceso de crecimiento económico, aunque esté basado en los débiles pilares de la emisión monetaria.

- Podría ser un buen resumen a tanta conversación. En definitiva, "Covid 19, Operación Acordeón".

- Podremos seguir pedaleando unos años más.

- Sí, de momento no tendrán necesidad de abandonar el pedaleo y romperse la crisma. Mientras tanto nosotros seguiremos pensando en cómo paliar los daños colaterales del pedaleo.

- Entonces seguiremos pedaleando unos años más. 

- Sí, no dejen de hacerlo porque se romperían la crisma. Mientras tanto nosotros seguiremos pensando en cómo hacer para que puedan continuar con esta larga travesía por el alambre. 


Nota para censores y profesionales de la economía, entre otros: como es fácilmente constatable, éste diálogo ficticio no está basado en hechos reales. Cualquier parecido con la realidad será, por supuesto, pura coincidencia. 


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sábado, 23 de enero de 2021

"Covid 19, Operación Acordeón" IX


Año 2020. Comienza el s. XXI


Dado que lo prometido es deuda y yo sí las pago, voy a explicarles cómo y por qué los "genios invisibles de la ciudad-mundo" decidieron convertir el problema sanitario de la pandemia del Covid 19, en la solución para unas economías occidentales que ya no saben cómo crecer y viven de prestado gracias a una gigantesca deuda pública. 

Para ello les propongo un diálogo ficticio entre un atribulado Presidente del Gobierno del Primer Mundo y un as del universo que le explica el plan y cuál es su papel.  

No necesitamos inventar cómo se conocieron. Tampoco es relevante el lugar de la entrevista. No describiré sus caras, ni si son hombres o mujeres. Blancos, amarillos o negros es igual. Las cuestiones de raza siempre suenan a ideologías "suprelacistas".   

Pero léanlo con atención porque quizás entiendan que el primer año del s. XXI fue 2020, el año del "Covid 19, Operación Acordéon".

Sumerjámonos sin más en la explicación de una estrategia de guerra.


- Gracias por recibirme, pero antes de seguir ejecutando las instrucciones que nos han sugerido, creía necesario que me respondiera a algunas dudas porque no termino de entender lo que estamos haciendo. Ni yo ni mis ciudadanos.

- Todo es muy sencillo. Muy simple. Nosotros tenemos fama de maléficos, pero no inventamos nada. La cuestión es que ustedes y su legión de amigos-asesores son incapaces de ver lo que tienen delante de sus narices.

- Yo sólo quiero tener más dinero para pagar los gastos derivados de la pandemia hasta que la cosa mejore.   

- ¿Esa es toda su preocupación?¿A su país le faltó dinero para afrontar la crisis financiera de 2007?

- No.

- ¿Y les ha servido para algo?

- Sí, hemos podido pagar los gastos del Estado.

- ¿Su población ha crecido, su PIB ha aumentado, han puesto fin al paro?

- No.

- Pues eso significa que el brutal aumento de la masa monetaria por obra de los Bancos Centrales no les ha servido para mucho. Podíamos decir que en términos de crecimiento económico ha sido una década perdida. Y sin embargo, me sigue diciendo que su problema es tener más dinero. Más dinero sin intereses, claro.

- Sí. Eso es lo que me preocupa. Tener más dinero gratis para seguir pagando los gastos. Pensiones, funcionarios, salud...

- Si yo fuera un político esas serían mis preocupaciones para garantizar mi supervivencia electoral. Pero si fuese un líder le aseguro que mis inquietudes serían otras bien distintas. De más largo alcance, más patrióticas, podríamos decir. 

- Créame que mi interés en absoluto es partidista. Sólo quiero cuidar de la gente.

- Pues parece que su ansiedad por disponer de más dinero no la comparten ni las empresas ni las familias. Ustedes les ofrecen préstamos muy baratos y no se endeudan ni aumentan sus gastos. ¿No se pregunta por qué ni invierten ni consumen cuando pueden hacerlo a un coste prácticamente cero?

- Es extraño, sí.

- ¿Sólo extraño? Ud seguirá teniendo dinero, vía deuda, para financiar su Estado. No obstante, sus dificultades no son financieras, sino algo mucho más prosaico: cómo va a hacer que la gente tenga trabajo y no se siga empobreciendo, cómo va a conseguir que su país no sufra con la deslocalización de empresas, como logrará que ustedes no se conviertan en un gigantesco asilo de personas cada vez más y más mayores. En pocas palabras, su problema se reduce a que ustedes no crecen, a pesar de disponer de una montaña de dinero para gastar.  

- ¿Y qué hago para lograrlo?

- ¡Ve como tenía razón cuando le decía que no ven nada! ¿Que qué hace? Podríamos decir que lo único que tiene que hacer es seguir las enseñanzas de la pandemia, que se resumen en menos gente para gastar menos y más destrucción para crecer más. Gaston Bouthoul y Joseph Schumpeter le ayudarán a comprenderlo si quiere profundizar. Aunque no puedo ocultarle que también hay algo de nuestra propia cosecha. 

- Supongo que es una broma. 

- Ninguna broma. Pero no tiene obligación de escucharme más. ¿Terminamos aquí la conversación?

- No me acabo de creer lo que estoy oyendo. ¿Menos gente? ¿más destrucción? Yo no voy a matar a nadie.

- Ni yo se lo estoy pidiendo. Le basta con que deje que se sigan suicidando sus ciudadanos. Es suficiente su "laissez faire" con resultado de muerte. ¿Le piden eutanasia? Désela. ¿Le piden drogas? Ya sabe lo que tiene que hacer ¿Quién es ud para limitar su libertad individual?

- No lo hago.

-  En términos demográficos el Covid 19 está teniendo los efectos de una guerra. Con la diferencia que ahora el segmento de población más afectado no es la juventud que engrosa los ejércitos, sino los ancianos que disparan el gasto social de su Estado. Y económicamente no hay duda que reducir la población de mayor edad ya está suponiendo un importante ahorro para su Hacienda. Por tanto, la pandemia le está marcando el camino.  

- ¿Entonces el famoso "laissez faire, laissez passer" ha dejado paso al "laissez faire, laissez mourir"? Aunque yo no dejo que fallezcan los ancianos. Una cosa es la muerte voluntaria y otra la enfermedad.

- En ningún caso he dicho que favorezca la pandemia. Pero me temo que el Covid 19 y nuevos virus seguirán cebándose en los ancianos con independencia de lo que hagan ustedes y sus vacunas.

- Está bien. He entendido que el control demográfico es un elemento esencial para reducir gasto público, y que más allá de eventuales virus chinos, británicos o sudafricanos, la libre difusión de la cultura de la muerte en cualquiera de sus variantes que excluyan la guerra y la violencia (eutanasia, drogas, aborto...) es un eficaz y voluntario método malthusiano. ¿Pero qué pasa con la destrucción? 

- Paremos unos momentos antes de seguir. Tengo que atender una llamada de mi esposa. Tengo a una hija infectada.


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miércoles, 20 de enero de 2021

"Covid 19, Operación Acordeón" VIII


Seis meses después de la última entrega volvemos con otro capítulo de la serie. El octavo.

La repercusión de los artículos reunidos bajo la denominación "Covid 19, Operación Acordeón" ha sido sorprendente para un blog ultraminoritario, pero por las cosas que siguen diciendo los intelectuales del consenso luego de un año de pandemia, parece que debemos insistir en su difusión porque siguen sin enterarse que el Covid 19 no es el problema de la economía mundial, sino la solución. Han leído bien. Es la solución en la que confían las élites políticas para propiciar el crecimiento económico y paliar la gigantesca deuda mundial que, antes del shock sanitario, en 2019, alcanzó la cifra de 255 billones de dólares, un 40% más alta que al comienzo de la crisis financiera de 2008.

Allá por marzo de 2020 se publicó el primer artículo donde literalmente se decía que "el elemento clave (de una "operación acordeón") es la eliminación de la deuda que ahoga el día a día de la actividad empresarial". (...) "Pues bien, el efecto social del Covid 19 es permitir que se le pueda practicar a la economía mundial una "operación acordeón", forzando una fulgurante reducción de capital para cancelar deudas y propiciar una nueva fase de acumulación".

Añadía que "estamos viviendo aún la (fase) destructiva consistente en la reducción de capital porque aún no se ha planteado el momento decisivo de la quita o reducción de la deuda...". "No obstante, ya se está preparando la segunda fase consistente en la ampliación de capital, puesto que en eso consisten los anunciados programas expansivos de centenares de miles de millones que los políticos y las instituciones monetarias vienen lanzando los últimos días".

Diez meses después de la publicación del artículo seguimos en la fase de reducción de capital, también llamada "tercera ola".

Antes de seguir quiero informar a los que tienen noticia por primera vez de la serie "Covid 19, Operación Acordeón", que no estoy defendiendo que la causa de la pandemia sea una malvada conjura mundial, pues aquí sólo se habla de los efectos de la crisis sanitaria y de cómo éstos han sido aprovechados por los distintos actores políticos.  

Aclarado lo anterior, debo insistir en que el nudo gordiano de la crisis económica de los países occidentales reside en cómo controlar el irrefrenable aumento de la deuda pública, que sin embargo es lo único que permite financiar el llamado Estado de Bienestar, al no aumentar otros ingresos públicos porque no crecen ni la economía ni los salarios ni la población.

Cómo compatibilizar la continuidad de los Estados sociales reduciendo la deuda que nos permite mantenerlos, si tenemos el hándicap del invierno demográfico y la anomia económica. He ahí el dilema precovid.    

¿Por qué no seguir haciendo lo mismo -dirán alguno de ustedes- si a fin de cuentas la masa monetaria que producen los Bancos Centrales es adquirida por los Estados y lo pueden continuar haciéndolo de forma indefinida?

Por la sencilla razón de que la medicina puede convertirse mañana en veneno, tal y como dice el gran escritor italiano Carlo Gambescia. Y respecto a la medicina de la deuda, el mañana ya es acuciante presente.

Si la deuda pública a intereses ridículos salvó (medicina) de la quiebra a las entidades financieras (y a sus depositantes) en 2007-2008 por los impagos masivos de hipotecas, también es cierto que la deuda a interés cero no es eterna, hay que devolverla y no es neutral (veneno) entre otras cosas, porque mientras se pagan los costes de la devolución de la deuda, se restan fondos a otras actividades productivas (inversión, innovación...)

Por eso la deuda pública es sólo un medio temporal para favorecer un crecimiento económico que permita no acumular déficits y más deuda.

Ahora bien, el problema de las economías desarrolladas desde finales de la anterior década es que el siguiente silogismo ha dejado de funcionar:

a ) Si los bancos son solventes y recuperan liquidez gracias a la deuda pública, podrán volver a dar crédito.

b) Si el crédito está barato se incentivará su demanda.

Ergo, si los bancos son solventes y aumenta el crédito barato, las empresas volverán a invertir creando nuevos negocios, caerá el paro y se reactivará la actividad económica.

El silogismo no se cumple por varias causas.  

Las familias no se endeudan por la inseguridad en el empleo y los salarios bajos, por el riesgo de quiebra de los sistemas de pensiones y la mayor esperanza de vida. Las empresas tampoco, ya sea por el exceso de regulaciones y de altos impuestos que lastran su actividad, ya sea por las dudas sobre la rentabilidad de los negocios ante la atonía económica y la deslocalización empresarial.

El resultado es que una bruta deuda no tiene como consecuencia un bonito crecimiento.   

Los números no engañan: en la última década la zona euro ha visto incrementar su balance de deuda alrededor de un 120% para crecer un 16%. Japón lo ha hecho aumentar un 325% para crecer un 10%.

Volvemos al principio. La situación de las economías occidentales se resume en una deuda pública gigantesca financiada por la emisión monetaria de los Bancos Centrales para sostener el Estado del Bienestar, mientras la actividad económica sigue paralizada porque el sector privado ha perdido la confianza en el futuro inmediato.

Y lo relevante es que en este contexto absolutamente nada pueden hacer ya los Bancos Centrales. ¿Acaso pueden lograr Yellen o Lagarde frenar el envejecimiento de la población?

Es aquí donde entra el manejo de la pandemia por los Estados como novedoso procedimiento de política económica para solucionar la diabólica ecuación entre deuda insostenible y marasmo económico, demográfico y social.

Pero como el artículo ya es demasiado largo, el porqué la crisis sanitaria pretenden utilizarla como bálsamo de Fierabrás con origen esta vez no en Jerusalén, sino en Bruselas, Pekín o Washington; se detallará en las dos próximas e inminentes entregas.

Lo haré mediante una conversación, apócrifa por supuesto, entre uno de los "genios invisibles de la ciudad-mundo" (¡cómo no citar de nuevo al maravilloso Guglielmo Ferrero) y uno de los atribulados políticos papafrita que fungen de Presidente de alguno de los Estados de nuestro entorno cultural. Elijan al que más les guste. Si encuentran alguno. 

Hasta entonces.  


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sábado, 9 de enero de 2021

GOLPES DE ESTADO SOBRE WASHINGTON

 

Ni vacuna, ni pandemia, ni siquiera confinamiento.

Las palabras clave para entender 2020 serán "operación acordeón" en lo económico, y "golpe de Estado" en lo político.

Sobre la "Operación Acordeón" a resultas del Covid 19 ya me extendí durante todo el año en diversos artículos.

Sobre los "golpes de Estado" propiciados por los confinamientos totales de marzo también, pero creo que merece la pena dedicar un poco más de atención a la idea por mor de aclarar el concepto y entender así mejor su pertinencia para explicar el año que acaba de terminar y lo que está ocurriendo en EE.UU.

 

Qué es un golpe de Estado

 

Desde finales del s. XVIII hasta la fecha, por "golpe de Estado" se suele entender la sustitución violenta, por obra de una facción, de un régimen político por otro.

El ejemplo paradigmático sería el del 18 Brumario (9 de noviembre de 1799) de Napoleón que acaba con la Revolución Francesa.

Sin embargo, el concepto originario de golpe de Estado es muy anterior y tiene una significación distinta.

"En el siglo XVII se llama "golpe de Estado" a la acción que decide algo importante para el bien del Estado y del príncipe, el acto extraordinario a que recurre un gobierno para lograr aquello que concibe como la salvación del Estado". (Louis Marin, "Por una teoría barroca de la acción política")

Con ocasión de la histórica pandemia, 2020 ha contemplado varios acontecimientos políticos en distintos países y áreas geográficas que técnicamente pueden considerarse "golpes de Estado".   

¿Pero cuál ha sido el modelo? ¿El violento y personalista típico del siglo XIX o el que imponía la "razón de Estado"?

Antes de responder a la pregunta digamos que todos los golpes de Estado se basan en la convicción de los autores acerca de su urgente necesidad, y exigen el secreto para que la sorpresa defienda el éxito de la acción.   

Respecto a la fuerza, entendida como conjunto de medidas de presión que pretenden conseguir un fin político respetando o no el orden vigente, resulta imprescindible.  

No obstante, sólo se pondrá atención en la brutalidad del golpe cuando se hace por el capricho de un particular y resulta derrotado. Si es una confabulación de la oligarquía dominante, incluso la eventual violencia que pueda provocar la fuerza quedará sepultada por la solemne "razón de Estado".

 

En USA no hubo un golpe de Estado, sino dos

 

Teniendo presente la necesidad, el secretismo y la fuerza como elementos inseparables de los golpes de Estado, podemos decir que en EE.UU. sucedieron dos.  

El primero es el de la oligarquía partidocrática forzando, por su facilidad para la manipulación, un masivo voto por correo con la excusa de evitar la concentración de los votantes en las urnas al objeto de protegerles del covid 19.

En realidad el fraude electoral del Partido Demócrata se inició hace años en sus propias primarias para liquidar al favorito Sanders en beneficio de la señora Clinton.

Los mismos procedimientos puestos en marcha para embarrar el escrutinio presidencial fueron entrenados a principios de año en sus mismas primarias, donde se paralizaba durante días el recuento de votos sin motivo aparente.  

Dado que en febrero de 2020 Trump fue absuelto por el Senado de los cargos de "abuso de poder" y "obstrucción del Congreso", el fraude electoral fue considerado una alternativa válida para derribar al Presidente.  

"Si nos sirvió para neutralizar a Sanders, por qué no utilizar el mismo método contra Trump" -debieron deducir-

Éste golpe de Estado de la oligarquía partidocrática es de corte clásico, esto es, un hecho  excepcional que ejecuta la élite dominante para lograr aquello que entiende sirve al rescate del Estado, y que coincide con su interés en perpetuarse.

Trump denuncia el golpe de sus enemigos y utiliza todos los instrumentos legales disponibles para contrarrestarlo.

Pero ante el último trámite, cuando el Colegio Electoral tiene que confirmar o no a Biden, Trump decide dar un "putsch" al sistema: consiente que sus partidarios se concentren ante el Capitolio después de arengarles en las proximidades.

El decorado del golpe es perfecto, pues Trump sitúa de un lado a la oligarquía corrupta que pretende incumplir la decisión de la voluntad popular, y de otro al propio Trump que acaudilla al pueblo en defensa de sus derechos políticos violados.

La insistencia de Trump en denunciar el fraude tenía mucho del "juego del gallina"*, y entendió que caer por el precipicio era más coherente con su trayectoria que frenar el coche segundos antes del abismo.

Trump no sabía cómo terminar con dignidad su desafío y el golpe de Estado era la única forma de salvar su reputación.

Ahora bien, conviene insistir que el golpe de Trump no reside en el asalto al Capitolio por una turba sin voluntad ni capacidad de oponerse a las fuerzas de seguridad del Estado; sino en llevar a sus seguidores hasta la sede del Legislativo para coaccionar a éste como último recurso.  

Trump, paradójicamente, congrega a la parte del pueblo alérgico al colectivismo a una concentración de masas galvanizadas por un líder.

El golpe del Presidente americano también fue clásico en cuanto no pretendía subvertir la república mediante la violencia, sino salvarla por medio de un acto extraordinario de fuerza: la presión a los dizque corruptos profesionales del Poder.

 

Consecuencias no previstas 

 

Lo ocurrido nos aporta dos innovaciones.

Por un lado, el Ejecutivo y el Legislativo, en un Estado con división de poderes, dieron dos "putsch".

Lo inaudito no lo encontramos en la invasión teatral de la sede parlamentaria, sino en un golpe de Estado convocado por el Presidente en respuesta al primer golpe de Estado de sus enemigos, que supuestamente querían utilizar el fraude electoral como forma de violentar los resultados de los comicios presidenciales.

Sin duda es un hito histórico porque lo ocurrido revela que los regímenes con división de poderes no quedan libres de los golpes de Estado de ambos poderes como forma de dirimir conflictos.

Han sido los golpes que describe Gabriel Naudé en "Consideraciones políticas sobre los golpes de Estado" (Tecnos) para proteger a la república, no los revolucionarios y violentos que se generalizan a partir del s. XIX. 

No obstante, en el caso de Trump no se sirvió del secreto porque necesitaba anunciar el golpe para que su convocatoria fuese multitudinaria. Esto provocó que sus adversarios tuviesen tiempo para transformar el golpe "trumpista" en un bumerán, por el sencillo procedimiento de facilitar el desborde de la multitud.  

Pero recuerden que también el secreto de los golpes de Estado reside en que se sabe cuándo empiezan pero no cuándo terminan.

Biden será Presidente, Trump no renovará en el cargo, pero está por ver si la audaz para unos, temeraria para casi todos, maniobra política de Trump ha sido inútil. 

Precisamente la segunda novedad consiste en que ha quedado demostrado que el Presidente saliente conserva iniciativa política para organizarse, pues tiene voluntad y capacidad de movilizar al electorado que hasta ahora nunca lo hacía. Es decir, no descarta jugar con los métodos de la izquierda para conseguir objetivos políticos de derechas.

En esto ha sido revolucionario.

Por ello es normal que la élite política aliada con el complejo tecnológico-empresarial formado por las redes sociales y las empresas que las monitorizan en su beneficio, quiera destruirle, arrancar de cuajo el "trumpismo", pues les ha enseñado que está dispuesto a combatir a la izquierda con sus mismas armas (la movilización popular) sin necesidad de que ardan las calles, pero con un objetivo político nítido: si no su destrucción, al menos su control. 

¿Qué hará Trump en la nueva situación política que él ha provocado?

¿Se rendirá o seguirá "jugando al gallina? *


* Juego del gallina: Comprenderán al instante a lo que me refiero si recuerdan a James Dean en “Rebelde sin causa” celebrar con otro joven una carrera de coches en dirección al vacío de un acantilado. El motivo de la disputa era acreditar quién era el más valiente, y el ganador resultaba ser quien frenaba más tarde, el último que se arrojaba del coche justo al límite del precipicio. El que tomaba antes la prudente decisión de parar era el perdedor, "el gallina”.

Trump con su último baño de masas demostró que jamás será "el gallina". Aunque se haya precipitado al abismo. 


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