En los pocos días transcurridos desde la última entrada del blog, la maquinaria gubernamental para crear mala conciencia entre el pueblo por criticar la invasión de Ceuta me ha sorprendido incluso a mí.
Ningún miembro de la “galaxia Moncloa” ha dicho nada contra Marruecos, pero todas sus terminales difunden día y noche la mala fortuna que tienen los pobres invasores, como si éstos fueran meteoritos de origen desconocido.
La propagación de mala conciencia para neutralizar cualquier oposición del pueblo a la ocurrido confirma el destino que el plan ya tiene adjudicado para estas plazas españolas en África: su entrega a Marruecos con buena conciencia.
Esa es la lección que nos ofrece Sheherezade con el cuento de “Los mil y un niños de Marruecos”.
La buena conciencia que constituye el elemento esencial de la trama es un concepto de origen religioso
(comportarse según un código moral de excelencia dado por Dios) que en el descreído
siglo XXI occidental no es más que el sentimiento de vivir de acuerdo con las
normas y prácticas que el Estado considera adecuadas.
Para informar sobre lo que está
bien y lo que está mal trabaja el Gobierno de manera incansable y, en el caso
concreto de la inmigración, lo que está bien es "integrar" a cualquiera que atraviese la frontera, con independencia de la forma en que lo haga. Los peros que puedan enumerarse (inseguridad, presión sobre los servicios públicos, salarios
bajos, escasez de vivienda…) son fruto de una conciencia contaminada o
corrupta.
Todos aquellos que intentan oponerse a la situación deben entender que la defensa de un país exige tener un enemigo contra el que luchar, y en el caso que nos ocupa, el Gobierno lo único que dice tener son los “niños” de Marruecos que entran en territorio español por tierra, mar y aire (véase el fallecido por utilizar un parapente) a los que el Gobierno responde con partidas millonarias para su mantenimiento.
Si España hubiese repelido la invasión habría sido tratada como responsable de un atentado contra los
derechos de la infancia. Quien primero lo hubiera considerado así sería el propio Gobierno
de turno del régimen del 78.
Por eso, de la misma forma que Pétain firmó el armisticio con Hitler porque así se lo pedía el pueblo, España entregará las plazas africanas al rey marroquí con el beneplácito popular.
La diferencia entre Pétain y P.S.
(o el que le sustituya) se encuentra en que el primero tuvo que sufrir una
lucha interior para firmar el armisticio en 1940 después de haber frenado en
1916 a los alemanes en Verdún; mientras el Gobierno español hará la cesión de forma
voluntaria y sin sentimiento de culpa después de infectar de mala conciencia al
pueblo durante cinco décadas.
Si para extinguir las monarquías rusa, alemana y austriaca fue necesaria la Primera Guerra Mundial, ahora una monarquía pone en jaque la integridad territorial de un Estado-Nación sin necesidad de pegar un tiro.
Los Estados-Nación son ahora tan
estorbo como lo fueron en su día las monarquías, pero las guerras resultan muy
molestas para eliminarlos.
Siguiendo el hilo de Pétain, si su
armisticio con los nazis acabó con la soberanía francesa, pero salvó París; la
integridad territorial de España debe ser liquidada, pero sin necesidad de una
guerra con Marruecos que destruya las propiedades que los ricos del mundo
poseen en nuestras latitudes meridionales.
La oligarquía del régimen se
esforzará por cumplir el plan, esto es, acabar con la idea de la posibilidad del Estado-Nación convenciendo
al pueblo de que eso es lo mejor que le puede pasar.
Supongo que perder territorios con la aquiescencia popular será valorado como un éxito de los Estados-Nación de opereta, cuyos dirigentes merecerán el obsequio del premio Nobel de la Paz.
No obstante, muchos felicitan a P.S. porque no cayó en las provocaciones marroquíes.
Los que celebran el
manejo de la crisis por no hacer nada ignoran que la inacción contra el enemigo
tiene la cara b de que hay que neutralizar al opositor interno cuya forma de
vida se ve amenazada por el invasor y quiere resistir para conservarla.
El actual Gobierno ya tomó la
decisión de inhibirse y las consecuencias son que los ceutíes se han confinado
de forma voluntaria. Desconozco si por miedo al invasor, por miedo al Gobierno
y sus agentes si osan protestar o por miedo a los dos.
Lo peor del entreguismo es este
soniquete, ininterrumpido durante décadas, de mala conciencia que se ocupa de
difamar a la parte del pueblo que en algún momento pensó decir no. Suponen que,
despojados de su honor, no ofrecerán resistencia.
Afirmaba Jünger allá por
septiembre de 1945 que “lo peor que puede pasarnos es que nos coloquemos a
nosotros mismos en una situación injusta cuando tratamos con bellacos. Entonces
son ellos los que nos sermonean”.
En agosto de 2026 los ceutíes no
se encuentran en una situación injusta por causa de ellos, pero sí tienen que
tratar con bellacos que les sermonean.
Quizás por ello se encuentran en el peor de los mundos cuando eres víctima de una invasión, esto es, ante un tribunal compuesto de “nacionalistas extranjeros” y moralistas.
Eso sí, los “humanitaristas” salvarán
Sotogrande y la Costa del Sol, infestadas de tipos con nacionalidad británica y
residencia legal en el paraíso fiscal del Peñón de Gibraltar.
Empate.
Quien se queje sólo demuestra que es una mala persona.
twitter: @elunicparaiso