En un artículo publicado el 1 de
agosto del presente en el suplemento “Ideas” del diario digital “La Gaceta de
la Iberosfera”, el profesor Javier Crevillén afirma que “el cristianismo es un
absurdo contra un absurdo: una idea absurda colmada de sentido, quizás la única
capaz de dar sentido al absurdo de la existencia”.
Estaría de acuerdo con la
afirmación si el sintagma “el cristianismo” fuera sustituido por “la política”.
Para justificar mi argumento
sería más que suficiente ver a P.S. anunciando en tik-tok su “playlist” del
verano, mientras Ceuta se encontraba invadida por una multitud de extranjeros y
una centena de personas habían muerto a causa de un episodio de guerra híbrida.
Un presidente y su playlist resumen
el absurdo de la política, que se enfrenta contra el absurdo de la existencia representada
por un gentío atravesando una frontera sin que nadie se lo impida.
No obstante, como dice el profesor
Crevillén, dos absurdos en disputa terminan dando sentido a un mundo que
no lo tiene.
Así, los gestos absurdos de un
político y su "playlist" neutralizan el sinsentido de una invasión por el sencillo procedimiento de crear mala conciencia: si el
presidente te ofrece sus canciones de verano, aunque una
parte del país sea víctima de un asalto masivo, ¿de qué te quejas si los políticos trabajan para que seas feliz?, ¡miserable
ultraderechista, facha! ¿Por qué te empeñas en preocuparte de la ocupación del
vecino y no de preparar tus vacaciones?, ¡cayetano, español!
Si el cristianismo es un absurdo
que produjo sentido con la verdad, el caso que hemos analizado nos demuestra
que la política saca sentido del absurdo generando mala conciencia por criticar
lo absurdo.
Que el ya famoso “playlist” se
difunda mientras Ceuta es invadida claro que es absurdo, concretamente son dos
absurdos (P.S. con su lista y el ataque a la frontera) pero por eso se hace,
pues “la mancha de la mora con otra verde se quita”.
El desconsuelo que nos provoca un
absurdo sólo se puede superar con otro absurdo de signo contrario, es decir, con
una marmita rebosante de sentido, sin aristas, que nos genere mala conciencia
por estar tristes.
El resultado de la confluencia de dos absurdos no es una síntesis superadora, sino la victoria del absurdo que logra generar mala conciencia en su público, pues la necesidad de sentido del pueblo no le deja otra opción que ponerse del lado de los que le ofrecen una buena conciencia. Da igual que los traficantes de esa conciencia limpia sean absurdos, malos o traidores si el pueblo conserva su paz interior.
Una de las consignas de mayo del 68 fue la ridícula “debajo del asfalto está la playa”, como argumento para destruir una ciudad libre de culpa. Ahora la consigna es cacarear que “después de la invasión están las vacaciones y su “playlist”. Si no participas de la fiesta se debe a que eres mala persona.
Hace ya casi cuarenta años de la
publicación de un libro del difunto Enrique Lynch, “La lección de Sheherezade”.
Los "Ana Listas" políticos se indignan, se burlan o guardan silencio respecto al absurdo P.S. y su “playlist”, pero ninguno cae en la cuenta que
en el tit-tok presidencial mientras Ceuta dejaba de
serlo se encuentra una nueva lección de Sheherezade. En concreto, la resolución del enigma del futuro de las plazas españolas
en África, más allá de P.S.
Pero eso será motivo de otra trama,
de otro absurdo, de otra lección de Sheherezade.
twitter: @elunicparaiso