lunes, 30 de enero de 2023

Elogio de la oposición

 

¿Qué es mejor para el pueblo?

¿Un heredero de Sánchez en el Palacio de la Moncloa o una oposición auténtica en el Parlamento?

El título del artículo no deja lugar a la duda.

Veamos por qué.

Considerar que en España puede cambiar algo de lo sustancial por el hecho de que a Sánchez le sustituya Feijoo resulta ridículo.

El gallego no corregirá ningún abuso de los nacionalistas, seguirá con las políticas liberticidas del actual Gobierno en todos los ámbitos, continuará con el cuento de la Agenda 2030,  acatará las decisiones que tomen la OTAN, la UE o los EE.UU., aunque perjudiquen los intereses de España.

Llegar a esta conclusión resulta fácil, pues sólo hay que escuchar al tipo y tener un poco de memoria para recordar sus mandatos como cacique en Galicia.

El motivo de que se sucedan Gobiernos indistintos, con independencia de los partidos políticos que los sustenten, no es otro que la oligarquía hace imposible cualquier alternativa en las agendas políticas del Poder Ejecutivo.

Por tanto, la batalla por el Gobierno como palanca de cambio está perdida de antemano hasta que la fortuna propicie una oportunidad. 

Es más, las tentaciones de la oligarquía para convertirse en despótica son fortísimas debido a las condiciones del estado social egoísta producto de la ideología igualitaria de un solo amo: una sociedad de hombres sin vínculos porque todos son independientes e iguales entre sí, incluido el sometimiento al mismo dueño político. 

En este sentido, cuando hace tres años el pueblo se confinó en sus casas sin protestar la decisión gubernamental de alzar barreras entre los ciudadanos como forma de no "infectarse", era obvio que las conciencias de los hombres iguales de un único amo estaban listas para aceptar la tiranía.

Por tanto, si el pueblo no puede poner sus esperanzas en la renovación del Ejecutivo (la serie histórica desde la Transición nos demuestra que cada Gobierno ha sido peor que el anterior) sólo merece la pena preguntarse si existe una oposición que pueda hacer frente a los vicios totalitarios del Poder.  

¿Pero acaso hay partidos políticos que se enfrentan al egoísmo de la indiferencia del que se alimenta la oligarquía?

A este respecto, hay dos pruebas, una formal y otra material, que nunca fallan cuando se trata de distinguir a un oligarca, aunque ocupe el lugar de la oposición; de un auténtico opositor político.

La formal es muy sencilla: sólo puede ser oposición el grupo excluido por la oligarquía, el grupo sobre el que se ejerce un "cordón sanitario".    

En cuanto a la prueba material, el oligarca sólo habla de lo que hará cuando conquiste el Poder Ejecutivo, mientras el opositor identifica problemas comunes y recluta a los afectados para que puedan actuar sobre la causa del mismo sin necesidad de intervención estatal.  

El primero hace promesas, mientras que el segundo utiliza su influencia para facilitar, sin exigir servidumbre, que los ciudadanos descontentos se organicen para que puedan reconocerse y sentir que trabajando los unos con los otros pueden ser iguales, pero también libres.

En suma, de cara a las próximas elecciones generales olvídense de quién va a ganar, pues esto ya se sabe: los mismos.  

En cambio, vuelvan a preguntarse:

¿Qué es preferible en esta dizque democracia que nos han otorgado?

¿Un candidato que venza a Sánchez, aunque sea lo mismo o peor que Sánchez; o una oposición auténtica que ayude a la fortuna a que la oportunidad de cambio surja?

¿VOX aceptado como un Podemos bis en el Gobierno de Feijoo o VOX ejerciendo de oposición a las políticas de la oligarquía PPSOE?


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domingo, 4 de diciembre de 2022

Levantar el velo democrático


La protesta de las mujeres iraníes contra la tiranía islamista nos puede servir como acicate no para "levantar el velo" a las mujeres occidentales, sino para alzar el de nuestro sistema político.

 

La doctrina del "levantamiento del velo"

"Levantar el velo" es un símbolo de libertad para las persas y también una doctrina jurisprudencial originaria de Norteamérica, creada en el siglo XIX con la finalidad de evitar que las personas jurídicas (las sociedades mercantiles) sirvan para burlar la ley o quebrantar obligaciones contractuales.

Su recepción en España bajo esta denominación no se produce hasta la sentencia del Tribunal Supremo de 28 de mayo de 1984, donde se dice lo siguiente: "se ha decidido por aplicar la tesis y práctica de penetrar en el "substratum" personal de las entidades a las que la ley confiere personalidad jurídica propia, con el fin de evitar que, al socaire de esa ficción o forma legal, se puedan perjudicar intereses privados o públicos o bien ser utilizada como camino del fraude, admitiéndose la posibilidad de que los jueces puedan "levantar el velo jurídico" en el interior de esas personas cuando sea preciso para evitar el abuso de esa independencia en daño ajeno, es decir, para impedir un mal uso de su personalidad". 

En definitiva, si una sociedad mercantil se utiliza como mecanismo de fraude, el Juez puede entrar a conocer los dueños reales ("descorrer el velo de las personas jurídicas") para evitar que éstos actúen contra el Derecho impunemente, en los casos en los que la estructura corporativa es una “mera fachada”, esto es, cuando se interpone la forma societaria para eludir la responsabilidad de los propietarios de la empresa en la comisión de un fraude. 

  

                       La democracia como velo antidemocrático

Huelga decir que esta doctrina jurisprudencial cabe aplicarla a cualquier sistema político, pues el hermetismo que rodea el funcionamiento del poder (la "razón de Estado") es una fuente de abusos constantes que sólo con mayor transparencia se puede controlar.

Pero no vamos a ocuparnos tanto de lo que oculta el velo sino del velo mismo.

¿Qué significa? ¿cuál es su función?

Etimológicamente, procede del latín "velum", cortina o tela que cubre algo sin ocultarlo totalmente, con la finalidad de esconder sus rasgos más polémicos o descarados porque el velo dulcifica lo real.

En términos teológicos, separa al hombre o al mundo de Dios.

Por analogía, el velo es lo que separa al Estado del pueblo.

Y lo que separa a los ciudadanos del Estado es, precisamente, la democracia, el sistema de elección de políticos mediante votación popular, que vela con sus ideales de soberanía nacional la realidad del Poder oligárquico y demagógico.

La democracia no es el instrumento que garantiza el cumplimiento de la voluntad general, sino la nube que disimula la servidumbre.

Baste como prueba escuchar a los políticos que, por ejemplo, suben los impuestos o cercenan las libertades del pueblo que les vota argumentando que es lo que quiere el pueblo que les eligió.  

 

La democracia como creencia

La pregunta es por qué no se levanta el velo del sistema político, por qué se nos advierte que es mejor bajar la cabeza en presencia de un político elegido por el pueblo si no queremos ser calificados de fascistas.  

La diferencia entre levantar el velo de las sociedades mercantiles y el velo de las dizque democracias es que a las empresas se las ha deslegitimado, carecen de autoridad, pues ya no son valoradas como organizaciones que descubren necesidades sociales y las satisfacen movidas por el incentivo del beneficio. No. Las sociedades mercantiles han pasado a ser consideradas como simples mecanismos del fraude (a los trabajadores, al Estado...).  

¿Pero cómo deslegitimar aquello que nos permite ufanarnos de nuestra condición de ciudadanos que eligen a su Gobierno y pueden destituirlo?

El velo democrático no se levanta porque es lo que nos hace creer en el mito de la soberanía de la voluntad popular, y su prestigio de cosa sagrada quedaría destruido en cuanto se alzase el trapo.

El paisano que vota lo mismo una y otra vez, por corrupto que sea su beneficiario, en elecciones cuyos resultados son publicados cuatro semanas después de celebrarse (ver USA) lo hace por pura autoafirmación.

El elector que repite partido político sin recibir a cambio más que nuevas exacciones y menos libertades, lo hace porque tiene fe, más allá de que ésta se vea desmentida siempre.

Si tuviéramos conciencia de que la democracia es una mera pantalla al servicio del fraude nos sabríamos siervos, y semejante ofensa es mejor obviarla, no vaya a ser que tengamos que empezar de cero.

La mayoría del pueblo no ignora lo que está detrás del velo, de la misma manera que tampoco desconoce que la cortina de su hogar oculta un barrio mejorable.

Pero si el sistema político está corrompido y el velo democrático lo  encubre, el mismo velo les permite a los votantes mantener la creencia de que sus ideas sobre el ejercicio real del Poder no lo están.   

Aun así, como sé que sin levantar el velo de una democracia que no lo es estamos perdiendo el tiempo, tiré la primera piedra, alcé la gasa y me caí del guindo contemplando la pura realidad: no gobierna el pueblo, nadie me representa, soy un don nadie para la oligarquía a la que mantengo.

Y sí, perdí mis creencias, pero gané mi tiempo.


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domingo, 27 de noviembre de 2022

"Morigrafía" de una pintora oculta

  

Gracias a la amabilidad de Lola Iglesias y la empresa de promoción cultural "Nuevos Públicos", pude acudir a la proyección en el MNCA Reina Sofía de la película de la directora Irene M. Borrego, "La visita y un jardín secreto".

Antonio López, el egregio pintor manchego que conoció a la protagonista, interviene en la película "punteando" con su voz -según dijo él mismo en el coloquio posterior- la narrativa cinematográfica.

La obra trata sobre la vida de una pintora oscura de la Generación del 50, Isabel Santaló (Córdoba, 1923-2017) tía de la realizadora del film, pero no es una biografía, sino una original "morigrafía". 

Con una cámara que se recrea en la lenta cotidianidad de una anciana casi inmóvil encerrada en su desvencijada casa con un gato obeso como dueño y señor del recoleto espacio, se nos ofrece la decrepitud de una artista abstracta que nos explica la naturaleza del arte moderno sin necesidad de mostrarnos ni uno solo de sus lienzos.

Sometida por las preguntas inquisitivas de su sobrina sobre la naturaleza del arte, Santaló se rehace para sentenciar que el arte auténtico no debe tener otro objeto que la búsqueda de lo inefable.

Centrada en esta lucha por descubrir lo no dicho, parece que la pintora apenas lo consiguió, pero sus obras no son otra cosa que el testimonio de ese esfuerzo siempre solitario.

En esa búsqueda de lo aún no expresado, pero a duras penas presentido, puede resumirse el arte de la experimentación.

Antonio López quiso justificar el fracaso comercial de Santaló argumentando que la profesión de artista resulta muy difícil porque no hay criterios para evaluar los méritos de ninguna obra.

Este comentario del exitoso pintor me trajo a la memoria la distinción que Tocqueville hace en "La democracia en América" entre el arte de los estados sociales aristocráticos y democráticos, y pude preguntar a Antonio López si la ausencia de canon para valorar el trabajo de los artistas se debía a una característica propia del arte o si era una consecuencia de nuestro estado social.

El genial pintor realista coincidió con el sociólogo francés del s. XIX: la democracia es la causa del relativismo artístico que liquida el orden que lleva de suyo toda aristocracia.

La libertad y la igualdad que derrumban las convenciones provocan el cambio constante de sensibilidades, pero también de fortunas.

Isabel Santaló tuvo su sensibilidad, pero careció de fortuna comercial y de reconocimiento artístico, sin que nadie pueda decir por ello que Santaló fuese peor pintora que Palazuelo, pues si no hay una explicación del porqué la abstracción de nuestra protagonista esté olvidada, tampoco la hay del triunfo de la abstracción de Pablo Palazuelo, según declaró el propio López.

La emoción de ser testigo de que Tocqueville predijo dos siglos antes lo que López acababa de certificar ante mis ojos, me hizo olvidar la pregunta esencial que debí haberle hecho: si el estado social provoca el relativismo artístico, ¿cuál es el motivo de la desazón general, de la inacabada búsqueda por enunciar lo inefable?, ¿por qué la libertad y la igualdad no han podido encontrar una verdad?, ¿quizás la explicación resida en la pérdida de lo sagrado que hace que no podamos dejar de buscarlo o en la negación de lo divino sin que hayamos podido encontrar un sustituto?

Sea como fuere, la "morigrafía" del artista que luchó por descubrir la verdad en las formas, termina siendo una singular "película de terror", en palabras de la directora del film, pues más que ofrecernos una página de la historia del arte nos lega el testimonio de una trayectoria vital terrorífica, en la que la realizadora nos cuenta que ve representada su misma existencia.

Mientras Irene M. Borrego pronunciaba estas palabras un halo de nihilismo recorrió la sala.

Y es que al final, la experimentación artística cuyo afán consistía en descubrir lo inefable termina ofreciéndonos como todo resultado un melancólico yo-yó.

Curiosa enseñanza para aspirantes a la gloria a través de las Bellas Artes. 


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domingo, 6 de noviembre de 2022

"Goya, el ojo que escucha", la "genialogía" de López Linares

 

José Luis López Linares (Madrid, 1955) en su última película,  "Goya, el ojo que escucha", vuelve a incidir en su singular poética cinematográfica: no busca, encuentra.

En la práctica totalidad de los documentales los directores se esfuerzan por presentarnos las pruebas de un hecho que ya conocemos.

Sean históricos, políticos o incluso los que tratan sobre la naturaleza, sabemos desde el principio lo que nos van a decir. El único interés radica en los datos e imágenes que los autores buscaron para ratificar nuestro conocimiento previo.

Precisamente por esta causa los documentales suelen aburrirnos, pues del que busca no podemos esperar la sorpresa del encuentro.

Sólo se puede buscar lo que ya se conoce, lo descubierto con anterioridad, sea la Guerra Civil española o la ferocidad de la vida en la jungla. 

López Linares acepta este punto de partida de la búsqueda (con su majestuosa fotografía y una preciosa selección musical nos ofrece los cuadros de Goya) pero resuelve superarlo cediendo a otro el papel de "sujeto de la investigación" para reservarse la modesta posición del que escucha con el fin no declarado de encontrar lo que se desconoce.  

Ese trueque, ese pasar de director a escuchante le permite hallar lo que no buscaba para ofrecernos lo que no sabíamos.  

Así, el director López Linares nos presenta un documental donde Jean-Claude Carrière, un español de Francia, investiga la obra de Goya, con fulgurantes apariciones de distintos expertos que completan el análisis.

El fabuloso guionista galo, mientras López Linares escucha, va bordando la obra de Goya al hilo de su propia vida, de su admiración por la pintura del de Fuendetodos y de su experiencia profesional junto a Luis Buñuel.

Sin embargo, el resultado es algo completamente inesperado, pues lo que la pantalla nos ofrece no es el resumen de una búsqueda (la producción goyesca) sino el fruto de un encuentro: una genealogía de genios, una "genialogía".

La "genialogía" de López Linares va de Goya a Buñuel, de Buñuel a Jean-Claude Carrière y de Carrière al propio López Linares, pues es éste quien transforma la vertical ascendencia genealógica en un bucle de genios donde el punto de partida y el de llegada es el mismo: Francisco José de Goya y Lucientes.

El documentalista madrileño es el cineasta español más personal, pues tomando como materia prima el puro realismo nos conduce por un mundo de ficción donde Carrière habla con las majas goyescas para despedirse de ellas con un "hasta pronto" premonitorio.

Adivino en el título de la película, "Goya, el ojo que escucha", un doble sentido.

López Linares nos quiere hacer creer que sólo hace referencia al hecho de que Goya, sordo, oía con sus ojos.

Considero que tiene otro significado que el creador nos oculta, pues el "ojo que escucha" no es otro que la cámara de López Linares poniendo imágenes a su decisión de convertir la función de dirigir en la actividad de escuchar.

Gracias a este proceso de escucha ya encontró una generación ("la 21-21") con "España, la primera globalización", y ahora nos descubre una "genialogía".

Sólo me queda recomendarles que no se pierdan la oportunidad de ver esta película en los cines.

Si no lo hacen su alma no se lo perdonará.


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jueves, 22 de septiembre de 2022

La "operación militar especial" ha terminado.


Que el conflicto de Rusia con Ucrania ha cambiado es un hecho por dos motivos: los referendos en los territorios prorrusos anexionados y la última modificación del Código penal, que se traducen en el fin de la "operación militar especial", de carácter ofensivo; y su transformación en una guerra formal contra la OTAN (no contra Ucrania) pero de naturaleza defensiva.

Los referendos en determinadas regiones sancionan políticamente su anexión a Rusia, aunque a su vez suponen el reconocimiento tácito de que Putin renuncia a conquistar más espacio ucraniano. Por eso esta decisión política lejos de suponer una escalada, la limita.

En cuanto al Código Penal, castigar la deserción con hasta 10 años de cárcel cuando cualquier ciudadano ruso se encuentre prestando un servicio en un "conflicto armado" (antes de esta reforma la deserción tenía como consecuencia el despido) supone asumir que el conflicto se ha "socializado", esto es, se ha transformado en una guerra que puede exigir la movilización total (de momento sólo 300.000 reservistas) no para conquistar Kiev sino para garantizar la integridad territorial de Rusia y de su área de influencia, pues el enemigo ya no es el diezmado ejército ucraniano, sino la OTAN.  

No voy a entrar en consideraciones militares sobre la contraofensiva ucraniana porque Rusia entiende que Ucrania sólo es el teatro de operaciones de una batalla mucho más importante: el conflicto existencial con Occidente que no puede perder si quiere sobrevivir como entidad política soberana.

Rusia asume, pues, el fin de la conquistadora "operación militar especial" y se apresta a defender su "hinterland" y sus fronteras, que incluyen los territorios adquiridos en la actual guerra.

Si el factor sorpresa de la ofensiva inicial evitó "socializar" una intervención que se presumía corta, es obvio que el repliegue a los territorios conquistados sí hará necesaria la movilización total para consolidar su dominio frente a una previsible revancha de la OTAN.

En este sentido, en una época marcadamente antimilitar, pasar de ser el agresor de Ucrania a ser el protector de la integridad de Rusia le granjeará a Putin importantes réditos políticos tanto en el exterior, como sobre todo en el interior.

Si la OTAN, una vez atrincherada Rusia en sus fronteras conquistadas, continúa la guerra convertirá a Rusia en víctima y a Putin en el héroe que lucha por la supervivencia de su patria.

La OTAN sabe que en el s. XXI sólo la guerra defensiva es admitida. Por tanto, aunque Rusia haya conquistado el 20% del territorio de Ucrania, si renuncia a sus pretensiones sobre el resto del país, proseguir los combates por parte de la OTAN no será sostenible políticamente porque ésta se convertirá en el nuevo señor de la guerra ante la opinión pública mundial.

Puedo equivocarme. Quizás Putin quiera ocupar toda Ucrania hasta tomar Kiev, poniendo en peligro sus avances territoriales hasta perder incluso Crimea.

Puede ser que quiera seguir batallando con el riesgo de brindar a la OTAN la coartada para desestabilizar toda el área de influencia rusa.

Incluso cabe la posibilidad de que la OTAN caiga en la trampa de Putin para, una vez recogida Rusia en sus límites recién incorporados, pretender llegar hasta Moscú, lo que obviamente supondría que Rusia utilizase sus armas nucleares sin preocuparle la destrucción del planeta.  

Pero los datos apuntan a que finalizada sin éxito la "operación militar especial", y ante el peligro de perder todo lo logrado y que la guerra se convierta en un bumerán, Putin querrá aparecer como el libertador de los rusos e incluso de los pueblos del mundo, pues no desaprovecharía la oportunidad de demostrar que las penurias económicas que anuncian los políticos occidentales no serían ya por su causa.

No olviden que la política sólo es la continuación de la guerra por otros medios.

¿Lo habrá olvidado el ex-agente secreto si continúa primando el frente militar frente a los dividendos que le puede proporcionar una retirada con anexiones territoriales que brindar a los suyos?

¿Pondrá en riesgo la soberanía de Rusia cuando aún puede presentarse al mundo como el adalid de la lucha contra el Occidente pervertido?

Saldremos pronto de dudas. En cuanto se celebren los referendos.


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jueves, 25 de agosto de 2022

APUNTES PARA UN NUEVO LEVIATÁN I

 

 Batería baja, Estado inútil.

 

El Estado es criticado por la derecha liberalia que lo considera su enemigo por ocuparse de todo lo que podía hacer, libremente, la iniciativa privada.

No obstante, yo me pregunto qué hace, qué lleva haciendo el Estado desde que terminaron los fastos del año 1992.

Desde la reconversión industrial del olvidado Solchaga el Estado ha pasado de ser un Estado de Obras (Gonzalo de la Mora, dixit) a un Estado de Destrucción, acelerándose de forma vertiginosa los estragos durante el último lustro (en España y en los países de nuestra área cultural) pues ni los pantanos van a quedar.

Por tanto, el Estado, faro y guía de la izquierda keynesiana, parece estar un poquito "averiao", como diría el solicitante de indultos para los suyos, Alfonso Guerra.

Hace tiempo que dejó de ser el Leviatán hobbesiano que garantizaba unidad y seguridad, para convertirse en un remedo del coche eléctrico: está, pero no anda porque tiene un problema con la batería.

Los indicios de que el Estado "no tira" están a la orden del día: no puede o no quiere defender las fronteras, la seguridad pública es puesta en cuestión por maras, la administración de justicia está colapsada, es incapaz de fomentar la natalidad, pero incentiva la muerte (desde el aborto a la eutanasia) no garantiza la propiedad privada, no controla la inflación que empobrece al pueblo (aunque reparta dinero que pierde rápidamente su valor) carece de moneda propia, vive de prestado mientras aumentan cada año sus deudas...  

Podemos decir sin temor a equivocarnos que el Estado ha alcanzado su más alto grado de miseria: el Estado Inútil.

No obstante su ineficacia, se preocupa de que los ciudadanos no puedan hacer nada sin su permiso. Los ejemplos no hace falta ni mencionarlos, pues no existe ninguna actividad económica ni social que no sea regulada y gravada por el Estado.

Se sabe tan inútil que neutraliza la libertad por temor a que el pueblo descubra que puede vivir sin él.

La cuestión es que el binomio diabólico inutilidad-neutralización tiene una consecuencia bárbara: volvemos al estado de naturaleza prehobessiano (anterior al Estado).

Siguiendo con el símil, que el Estado sea un gigantesco almacén de coches eléctricos sin batería, al tiempo que no permite circular más que a coches eléctricos, provoca un desorden de tal calibre que el control del territorio queda en manos de la nuda voluntad de poder, esto es, Mad Max.

Veamos.

¿No se respeta la propiedad privada y no te puedes defender?, pues la ocupación de viviendas alcanza legitimidad social.

¿No se respetan las fronteras?, pues la inmigración ilegal se convierte en un negocio altamente lucrativo.

¿Las Fuerzas de Seguridad del Estado están desautorizadas y sigues sin poder defenderte?, pues las maras imponen su ley en las calles.

¿No se puede despedir a trabajadores y se ponen trabas a la contratación?, pues aumenta el paro y se desincentiva la inversión.

En suma, que el Estado ha tocado suelo es una evidencia, y por ende, el estado de naturaleza ya es un hecho consumado.

Los papafritas que desgobiernan tienen una solución: convertir la inutilidad del Estado en virtud. O lo que es igual, si no tienes calefacción es por el bien de Ucrania y de la sostenibilidad del planeta, y si no tienes nada porque el Estado te lo quita o lo destruye, serás feliz.

Yo propongo otra alternativa y no es otra que levantar un Nuevo Leviatán porque el Estado ha muerto.

Para ello, la primera tarea sería abandonar por un tiempo los sueños políticos (el imposible principio de representación) y recuperar el derecho (el principio de responsabilidad).


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viernes, 19 de agosto de 2022

El PSOE y los poderes indirectos

 

La animadversión contra el PSOE es el punto de conexión de los populistas.

Se considera que las consignas de éste partido están impregnadas en la conciencia de los españoles.

Vendría a ser el "marco mental", el conjunto de ideas que conforma nuestra forma de entender el mundo (ver George Lakoff, "No pienses en un elefante", Ed. Complutense, 2007).

Por eso los populistas creen que con un "cambio de marco" el problema estaría arreglado. De ahí la "batalla cultural" que tan pingües beneficios les reporta a sus voceros.

Los soldados de la nueva cultura se esfuerzan por perfilar su "marco", perfeccionarlo para vencer al del PSOE sin caer en la cuenta de lo esencial: el problema no es lo que contiene el marco, sino el marco mismo.   

Y es que el Partido Socialista no es un conjunto de ideas y creencias, sino el envoltorio que concentra los intereses de poderes indirectos, esto es, el "marco" de aquellos poderes que actúan en la sociedad para medrar impunes en el Estado, pues para eso está el PSOE.

Al Partido Socialista no se le puede enfrentar oponiendo otro "marco teórico" porque los tiene todos, los acepta todos. O mejor, es el escaparate en donde cualquier marco teórico que se pretenda dominante anhela exhibirse por aquello de ser el principal Partido-Estado. 

El PSOE, cáscara vacía que no tiene ningún reparo en humillarse, asume como organización el riesgo político del programa y las acciones de los poderes indirectos a los que sirve; pero en realidad carece de soberanía.

Precisamente por esto, al PSOE el pueblo no le puede exigir que cumpla con la ecuación protección-obediencia (clave del pacto hobbessiano en virtud del cual se legitima el Estado) porque, aunque le obedezcamos, el PSOE no puede protegernos, pues ni siquiera puede salvar su propio honor.  

El PSOE sólo es el garante en el Estado del éxito y la irresponsabilidad jurídica de los poderes indirectos  (económicos, culturales...) que pupulan por la sociedad sin atreverse a luchar por el Poder, pero que sin éste serían un cero a la izquierda. 

Los poderes indirectos braman contra el Leviatán, símbolo de la unidad que nació para repudiarlos, mientras el PSOE les ofrece su cáscara protectora para seguir destruyendo ese Leviatán ya diezmado.

En definitiva, la cuestión no es que mientras esté el PSOE no habrá posibilidad de cambio, sino justamente al revés: mientras haya fuerzas sociales con voluntad de Poder, pero sin el menor deseo de correr ningún riesgo (usufructuar el Estado sin asumir el mando) siempre habrá un PSOE que se preste para hacer de vitrina de la abuela. 

Una vitrina en permanente reconstrucción hasta el punto que ya resulta irreconocible, pues su tarea no es otra que encajar la ira popular que los poderes indirectos pagan por no recibir.   

¿Es el PP de Feijóo una alternativa que puede permitir que el Estado recupere su unidad? 

Pues para responder voy a terminar por donde empecé: no me hagan reír que tengo el labio "partido".

 

Coda para mis amigos trevijanistas: aunque hubiera división de poderes y representación política, los españoles de forma mayoritaria seguirían eligiendo el "marco" que los poderes indirectos dictasen en cada ocasión al PSOE de turno.

Cosas inevitables en un Estado que se acerca al "estado de naturaleza" (la vestimenta es un indicio) y que sólo pervive porque alguien tiene que encargarse del Boletín Oficial, esto es, de repartir el botín sin peligro político ni jurídico para los beneficiarios.


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