sábado, 21 de diciembre de 2013

Rajoy desconoce el secreto de Fleetwood Mac.

         
             Rajoy debe estar pasando una mala racha. No hay duda.

            Corre desesperado hacia la puerta de entrada a la sala donde le esperan sus homólogos europeos y los miembros de seguridad le dan el alto porque no le reconocen en su estado febril; le intervienen la sede del partido, pero jura y perjura ante quien quiera oírle que no lo han hecho. 

            Nada pasa, nada sucede, no hay nada que decir, todo son “noticias de segunda mano”.

            Esta situación me lleva a pensar que Rajoy está obsesionado con Fleetwood Mac, el grupo que compuso la maravillosa canción titulada “Second hand news”, pues seguro que escuchaba a esa banda mientras estudiaba el censo enfitéutico y la prescripción adquisitiva preparando las oposiciones a Registrador de la Propiedad.

            La fijación del Presidente con el referido grupo musical debe traer causa de que no se explica aún cómo fue posible que Stevie Nicks, antes de incorporarse a Fleetwood Mac, se dedicase a limpiar casas y edificios, a pesar de que ya por entonces era una grandísima compositora y vocalista.
            “¿Por qué Mick Fleetwood, el líder de la banda, no la quería y sólo buscase los servicios de su pareja, el guitarrista Lindsey Buckingham?" –tiene que pensar Rajoy en los Consejos Europeos mientras la melancolía le ahoga-.

            Nuestro “premier” no llega a comprender cómo alguien no era capaz de darse cuenta del talento de Stevie, lo guapa que era, lo bien que cantaba.

            Pero Dº Mariano pone el foco en el lugar equivocado.
            Da igual que Stevie Nicks sea una diosa, un ángel vestido de bruja que el Altísimo puso en la Tierra para hacernos felices.   

            Lo realmente importante del caso, lo que tendría que preguntarse un Presidente de Gobierno no es por qué la diva estuvo a punto de pasar desapercibida, sino qué fue lo que hizo posible que, al final, Fleetwood cambiase de opinión para aceptar a la señorita Stevie y que el mundo pudiese ser más bonito de lo que ya es gracias a canciones como “Second hand news”.

            Y la respuesta está en la portada del disco que contiene la citada canción, “Rumours”.
            http://www.youtube.com/watch?v=p6Fdm3-dnr0.

            Allí se encuentra Dº Lindsay Buckingham, a la sazón novio de la interfecta, vestido con una taleguilla y un chaleco negros, sosteniendo con su mano izquierda el intento de vuelo de la bruja Stevie.
           
            Lo que más me llama la atención no es la ausencia de Mick Fleetwood, líder de la banda, sino el mencionado chaleco, pues se anuda mediante un cordón que termina en dos ostentosas esferas colgantes.

            Pues eso señor Rajoy, fueron las esferas que portaba el señor Lindsay las que obligaron a entender al señor Fleetwood que la señorita Stevie, su amor, era gloria y que como tal había que conservarla.  

          La enseñanza que usted tendría que sacar de lo anterior es sencilla: España es un paraíso y no se entiende que no se quiera reconocer así, que haya gente que la desprecie y hasta que trabaje por destruirla.
            Pero su papel no consiste sólo en loar las bondades del paño y lamentar su escasa consideración, pues su tarea esencial es evitar que se rompa.
            Lo que implica que para garantizar que el hermoso país pueda seguir volando tiene que ponerse el chaleco rematado con dos esferas de Lindsay Buckingham y lucirlo sin miramientos, con orgullo, ante los hostiles que se niegan a reconocer lo evidente.
            Y luego hágase una foto, o millones, exponiendo al mundo la bonitura de España libre de enemigos.
            Eso sí, con el chaleco de Lindsay siempre bien puesto, pues no conviene olvidar que si el mundo disfruta de Stevie Nicks ello se debe al uso adecuado de las extremidades esféricas del chaleco de aquél. 


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miércoles, 4 de diciembre de 2013

Mas le ruega a Rajoy que le encarcele


          El martes 3 de Diciembre del presente el portavoz de la Generalitat de Cataluña, Francesc Homs, manifestó respecto a la consulta soberanista que si los partidos que la impulsan no logran fijar la fecha y la pregunta entre el 27 y el 31 de este mes, el proceso saltará por los aires.
         Textualmente añadió: «La alternativa al acuerdo es el no acuerdo, que comportaría que si no hay pregunta tampoco habrá consulta, ni proceso; entonces todos habremos hecho un ridículo monumental».

            El rídiculo. Ese es el busilis.

        Desde que el Parlamento autonómico catalán aprobó el 27 de septiembre de 2012 una propuesta en la que se requería al nuevo Gobierno autonómico que saliese de las elecciones regionales de 25 de noviembre de ése año, a convocar un referéndum secesionista fundamentado en la "necesidad de que el pueblo de Cataluña pueda determinar libre y democráticamente su futuro colectivo" para que la Comunidad pudiese "inicar su transición nacional basada en el derecho a decidir", el Gobierno de la Generalitat resultante de aquéllas elecciones no puede dar marcha atrás en el desafío sin caer en el más bochornoso de los ridículos. 

            ¿Cómo evitarles ser el hazmerreír?

            El Gobierno español anda empeñado en ello y para lograrlo no duda en prestarles dinero a fondo perdido (bonita manera de prestar), en negociar un nuevo sistema de financiación, en “catalanizar” España…, pero ninguna de esas medidas cumple con lo esencial, entre otras cosas porque en el país pequeñito de allí arriba todo esas concesiones ya las daban por hechas antes de empezar, y el dinero no salva el honor ni devuelve la dignidad.

            Para librar al President de que haga el ridículo afirmando que “donde dije digo, digo Diego”, la oligarquía nacionalista catalana necesita exhibir un agravio. Debe sufrir una supuesta afrenta del Estado español lo bastante efectista como para ser incorporada a su imaginario colectivo de pueblo víctima de los españoles, aunque, por supuesto, sea absolutamente inocua.

            Por eso Mas sueña que Rajoy le encarcela.

            Las conversaciones en la intimidad que ambos mantienen desde hace meses supongo que versan sobre semejante decisión.

            - “Presidente, hágame el favor de meterme en la cárcel, como a Otegi”.
            - “No me convence. A Otegi la cárcel le ha convertido en un héroe para el independentismo”.
           - “Tú verás Presidente, pero la cuestión es sencilla: o permites que me convierta en un héroe popular, a cambio de que el proceso se paralice; o tengo que convocar el referéndum para salvar mi honor y el de los míos”.
         - “¿Y tener que aguantar las manifestaciones de Amnistía Internacional y compañía solicitando tu libertad allá donde vaya?. Casi prefiero que convoques”.
            Y en esas estamos.

           Uno que necesita entrar en la cárcel para ser libre y olvidarse de ERC “et alii”, y otro que no quiere darle el gusto aunque sepa que es lo único que puede evitar el referéndum, pues considera, con razón, que en estas cuestiones de política sentimental el felón que pierde, al final gana.

            En cualquier caso Dº Mariano tendría que darle el gusto e ingresarle en prisión. Un agravio apócrifo más o menos ya da igual.

          Pero sobre todo porque con el personaje en cuestión no hay riesgo alguno de que se convierta en leyenda, ni siquiera en forajido de leyenda. Parafraseando a un compañero de profesión de Dº Artur, el inefable Chiquito de la Calzada, es “diplomáticamente” imposible que el Honorable adquiera tal rango.    

          Artur Mas es el Comandante del avión que en la película de Kubrick, “¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú", transporta una bomba nuclear con fines disuasorios.
           En el film, cuando el piloto recibe la orden de volver a su base porque el conflicto ha terminado, el Comandante se resiste a aceptar lo que considera una retirada sin honor y le dice a su tripulación que esa contraorden es una maniobra del enemigo que ha interferido las comunicaciones. De él no se ríe nadie. Para demostrarlo, el misil es lanzado con el Comandante a su lomo como forma de garantizar el éxito de la destrucción masiva.
           Ese es Mas. El President que tiene una bomba y que está dispuesto a lanzarla cabalgando sobre la misma con tal de convencer al mundo que los ridículos son los otros. 

            Dº Mariano, en sus manos está evitarlo. Prepare el atrezzo y conduzca al President a la cárcel.   

            Cuando salga en loor de pequeñas multitudes, al manicomio irá solo, aunque el santoral.cat dispondrá de una nueva estampita.

           Un precio bastante modesto a cambio de que nos dejen en paz un rato, Mas.


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viernes, 15 de noviembre de 2013

"Nada en las manos". Una antropología política forense.



            Para solaz de grandes y chicos casi todos los días amanecemos con la buena nueva de que ha aparecido otro genio de las artes y/o las ciencias.  

            Hoy les quiero dar noticia de una persona que no llega a genio, le basta con ser sabio.

            Quizás por eso no le conozcan, aunque realmente es una leyenda para quienes le leen o le han leído.

            No le ha hecho falta ser catedrático en la capital para escribir un libro memorable, “Julien Freund. Lo político y la política”, Ed. Sequitur. Con su talento ha sido suficiente. 

            A juicio de los escasos “gourmets” del pensamiento político español, es decir, aquellos que apenas salvan una decena de los libros publicados al respecto desde nuestra gloriosa Transición, el profesor Jerónimo Molina Cano es un experto mundial en polemología, lo que le ha asegurado ser un excedente de cupo en el reclutamiento de asesores por parte de la clase política patria.

            En estas estábamos cuando descubrimos que el investigador Molina ratifica una idea, no por sabida menos sorprendente para un mundo ansioso de novedades cotidianas: que no hay muchas cosas que decir al estar todo dicho.

            Pero él es un hombre de orden, y dado que el orden hoy significa producción, ha acometido una tarea previa al silencio sin perder la aureola de dandy: un diario, un pequeño volumen de memorias quizás, no desde la periferia, sino desde las provincias del mundo.
            El libro se llama “Nada en las manos”, Ed. “Los papeles del sitio”, y pueden encontrarle aquí http://jeronimomolinamenostodavia.blogspot.com.es/

            Si los Planetas publicaron un disco titulado “Una semana en el motor de un autobús”, Molina ha estado bastantes más en los motores de todo tipo de vehículos y bajo las bóvedas de unas cuantas bibliotecas hasta convertirse en el fundador de una ciencia: la antropología política forense.   

            Donde nuestra “Ley de la Memoria Histórica” busca cadáveres unidimensionales, nuestro Jerónimo indaga en la conducta de los mártires y de los victimarios de la historia para descubrir las características de la personalidad política, tantas veces demasiado aneja a la criminal.
            Estudiando pequeños detalles, anécdotas; basándose en comentarios, en recuerdos que le sugieren los distingos lugares por donde la vida le lleva, llega a demostrar que las patologías políticas son un poco producto de desórdenes clínicos de los sujetos y casi todo de modelos culturales fabricados por ciegos que dicen ver.         
             
            Con libros como “Nada en las manos” el silencio puede esperar, pues el autor tiene que organizar su Academia.

            



domingo, 21 de julio de 2013

Lo que no es paraíso fiscal es socialismo.



            La situación política resulta tan átona que la ciudadanía no diferencia entre el Presidente Rajoy y la oposición del PSOE.
            ¿Es esto una peculiaridad “Marca España”?
            No lo creo.
            Ronald Reagan, el padre político de los que se reclaman liberales, fue quien, so pretexto de reducir el tamaño del Estado, bajó impuestos a costa de un gigantesco déficit fiscal que los sucesivos Presidentes norteamericanos no han dejado de incrementar.
             Y por qué.

            Responde el profesor Elio Gallego: “simplemente porque el orden que nos constituye ha cambiado. O lo que es igual, no cambiamos porque queramos cambiar el orden, sino que cambiamos porque el orden ha cambiado y nos tenemos que ajustar a él”.

       Ni que decir tiene que ese orden que ha cambiado nos legó un orden socialista, versión socialdemócrata.
            Y por mucho que más de la mitad de la clase política diga que pretende combatirlo, lo único que hay es socialismo. 

            Por tanto, la clave hoy no reside en dinamitar el orden por socialista, sino en descubrir si es posible alcanzar la “tranquillitas ordinis” agustiniana en un orden socialdemócrata, pues el orden es ajeno al voluntarismo de la destrucción.
            Habría que indagar para ver si el socialismo duro o más duro, mientras espera la llegada de la dictadura del proletariado o la soberanía de la voluntad general, tanto monta, monta tanto; puede hacer posible la “tranquilidad del orden”, la “bien ordenada concordia” de que hablaba San Agustín.
            Al toro.

            Si anhelamos el orden es porque éste es siempre justo, en tanto que orden es sinónimo de equilibrio entre partes y equilibro no es otra cosa que justicia.
            Ahora bien, el mejor anclaje del orden no es la violencia ni el mercado, sino el deseo de la mayoría de conservar lo que existe, puesto que el orden vigente es lo que garantiza lo que es de cada uno, por escaso o injusto que pueda parecer.
           Paradoja que explica el tan criticado inmovilismo de la ciudadanía, la resistencia al cambio.

         El orden se concreta en el Derecho vigente, hoy un Derecho socializante con la misión de proporcionar un sitio igual para todos, con independencia de sus méritos.

            Para el hombre del s. XXI lo natural es este orden socialdemócrata, mezcla de “nivel de subsistencia garantizado”, altos impuestos a un decreciente sector de población que trabaja y Estado por todos lados; que lucha por extender.

            Por ello una suerte de socialismo de “rostro humano” no retrocede sino que avanza, como si estuviéramos en el camino correcto para alcanzar “la bien ordenada concordia”.

            Sin embargo, nueva paradoja, demasiados indicios nos señalan que la senda elegida es un atajo al abismo, en tanto el Estado que garantiza el orden socialdemócrata es el mismo agente que destruye ese orden en aras a su presunto perfeccionamiento.

            El Estado, como todo buen revolucionario, el último quizás, no puede quedarse quieto hasta la conquista de la Utopía, aunque se caiga el cielo y devore a sus hijos.  
            ¿Necesitan pruebas?
            Varios artículos de este blog nos dispensan de la tarea.

            La situación sería esta: un orden socializante dirigido por un Estado caníbal. Un Estado que sostiene el orden socialdemócrata mientras lo destruye sin solución de continuidad para hacerlo más grande, más fuerte, más igualitario.
            En suma, un orden socialdemócrata que no se cuestiona, pero que vive sumido en el malestar que le provoca el cambio perpetuo.        

            Por tanto, el problema no sería el orden, pues al fin y al cabo éste no es otro que el heredado del Cristianismo, el orden que resultó de su fracaso, pero al fin y a la postre el relevo que se pretende definitivo en la carrera por ganar el orden malogrado por el Cristianismo, pues el Estado socialdemócrata es Cristianismo secularizado.
            De ahí la naturalidad y hasta el júbilo con el que se vivió en los pueblos la transición al Nuevo Orden, pues como dejó dicho Gómez Dávila un socialista es un cristiano impaciente.

            ¿Entonces el mal estaría localizado en el Estado?
            Más que en el Estado en su impaciencia y en la falta de respeto de la clase dirigente a sus mayores.

           El Estado olvidó las reglas del orden que le constituye y que le mantiene porque sustituyó el Derecho de la comunidad, que no le pertenecía, por la innovación como norma.
           
          Eligió los saltos al vacío que toda innovación lleva de suyo, antes que guardar los preceptos directores de cualquier orden, pues éste antes que socialista o liberal es un orden, y conviene recordar lo que debe ser.
           
            ¿Sabe el Estado cuáles son las reglas del orden? Me temo que ya no.
            Enfrascado en el cambio del cambio de la Nada, es incapaz de volver al origen, al nacimiento, donde toda forma es perfecta, pues reformar no es más que volver a la forma original.  

            Si la historia es un repertorio de posibilidades, la novedad no sería la transgresión del orden y su sustitución por otro desconocido, sino el despliegue de las posibilidades no realizadas.

            No pidamos más herejes pues ya disponemos de varias colecciones completas.
            Lo que nos faltan son santos, santos que sirvan de ejemplo de que no necesitamos “hombres nuevos” sino hombres perfeccionados, mejores, capaces de dar formar a una comunidad de hombres libres.

            Todo un programa político para el socialismo del siglo XXI.

            Tarea inmensa que como ya hemos dicho sólo puede empezarse retrocediendo, retornando al pasado, a un origen que no está ni en Lenin ni tan siquiera en Marx, sino en la humildad y en el tomismo, que no es la ideología de Tom Sawyer ni el Manifiesto por la Independencia de Tom, el gato de "Tom y Jerry", sino el pensamiento de Santo Tomás.

            Un programa político donde el experimentalismo social, el culto al Estado y a su acorazada legislativa, queda para las celebraciones dominicales de las sectas, mientras que durante el resto de la semana se deja de hacer leyes y de molestar a los ciudadanos para que todos encajen en el lecho de Procusto, y se pasa a trabajar una larga temporada sólo por ver la mejor manera de custodiar el Derecho basado en los usos y costumbres, de recuperar el sentido común que se expresa en el respeto a la palabra dada y la autoorganización de los individuos y de los cuerpos intermedios en que aquéllos se integran de forma voluntaria.

            Un socialismo comunitario, sí, por supuesto. Pero sobre todo antiprogresista, no estatalista, reaccionario incluso, pues quizás reculando y reculando alcance a vislumbrar el estado del hombre anterior al pecado original, haciendo realidad la Utopía atea. 

            No obstante nos conformamos con menos. Nos bastaría con que la burocracia socialista en sus distintas modalidades, léase socialdemócratas o conservadores, nos dejase en paz mientras empieza a leer la Suma Teológica del Aquinate bajo la dirección magistral del profesor Elio Gallego. 

            Eso o el paraíso fiscal.


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miércoles, 26 de junio de 2013

Toda innovación política es socialismo perfeccionado



             Para el profesor Elio Gallego, pronto ídolo de masas


            Con frecuencia me pregunto si es posible que un escritor político o económico puede llegar a tener experiencias intelectuales comparables a las emociones que tuvieron que cruzar a Paul McCartney cuando escribió “Hey Jude”, o a las que sentía Liam Gallagher cuando, alzado sobre un altavoz, contemplaba a cientos de miles de personas esperando oírle cantar, aunque fuese mal.

            Lo anterior puede parecerles una pregunta sin sentido, pero cuando un aficionado como el que suscribe termina de escribir un artículo piensa que si llega a producir algo realmente bueno lo sabrá de inmediato porque imagina que se sentirá igual que cuando escucha las mejores canciones de los “Clash”. La excelencia para un autor no la dicta el canon crítico sino su estado de ánimo.
           
            Pero voy más allá: ¿puede la creación teórica provocar en los lectores golpes anímicos similares a los que sufren los seguidores de las grandes estrellas del rock?
            ¿Es posible lograr la exaltación de las almas leyendo un blog de pensamiento y actualidad?

            No sé, lo que sí sé es que la música lo logra a costa del agotamiento, del vacío.

            Todo sentimiento es un viaje emocional, y con él va de suyo un camino de vuelta que sólo termina cuando aparece la extenuación.
            Así, quiero creer que el vacío que sentimos en derredor y en nuestros corazones no sea una suerte de nihilismo sino un no parar de sentir que nos deja sin aliento. Como si la vida sólo pudiese ser vivida vivamente.    

            Siguiendo con los desplazamientos, si cualquier aspirante a vivir al amparo de la ley de propiedad intelectual hiciese en una de las siete artes algo parecido al Lp “Exile on main street”, el mundo entero le seguiría de la misma forma que los fans de los Stones peregrinan después de decenios al “château Nellcôte” por comprobar si la casa donde se grabó el citado disco guarda todavía el aroma de lo que allí sucedió.  

            Periódicas divagaciones sobre estas materias se vieron esclarecidas de forma inesperada el pasado lunes 17 de Junio en un seminario, para mí una misa laica, oficiado por el gurú de las ideas, Dº Dalmacio Negro.

            Quizás fuese por la forma circular de las reuniones que propicia la convocatoria en torno nuestro del espíritu de la luz. Quizás.  

            Lo cierto es que cuando el profesor Elio Gallego glosó la otra tarde a Santo Tomás descubrió, no sé si queriendo, el socialismo del siglo XXI, una rotunda innovación que no deja de ser el socialismo de Karl Marx, pero perfeccionado.

            Fue un discurso premonitorio, cristalino, levemente interrumpido para ser tomado de nuevo y perfilarle con mayor garbo, con mayor brío; sencillo y único, radicalmente innovador a pesar de sus fuentes antiguas.
            El discurso de una vida en un espacio íntimo, la decantación de un saber enciclopédico en una visión inesperada.
            En sucesivos artículos iré desgranando el contenido.

            Por ahora es suficiente que sepan que sí, que se pude sentir algo parecido a lo que Paul McCartney sintió cuando compuso “Hey Jude” utilizando como “médium” a un profesor en estado de gracia.

            Hoy basta que sepan que estuve allí y escuché el discurso que el mundo estaba esperando.

            Dº Karl Marx, antimarxista radical, sonríe satisfecho desde el cielo exclamando un lacónico: ¡por fin! 


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domingo, 16 de junio de 2013

¿Son los españoles mansos?



            Después de analizar en los dos artículos precedentes qué es el Movimiento 15-M y las reformas que propone la clase intelectual más empingorotada para que pasemos a otro régimen peor que el actual, es decir, más estatista aún; puede quedar la impresión que los españoles son o se han convertido en un pueblo manso, borreguil, incapaz de aspirar a la libertad política, sin fuerza para levantar la voz a sus múltiples amos, salvo para pedirles una sumisión más confortable.

            Antes de que podamos verificar ésta intuición es necesario que distingamos dos conceptos: legalidad y legitimidad.

            Los dos términos no siempre tuvieron significados distintos, pues cuando la única ley era el derecho basado en inmemoriales usos y costumbres, gobernante legítimo era el que cumplía las leyes vigentes, bondadosas en tanto antiguas, pues si habían pasado el fielato del tiempo era por su maridaje con el sentido común, más allá de las vicisitudes de la historia.

            Sin embargo, con la aparición del Estado y su “acorazada legislativa”, la legalidad se disoció de la legitimidad. Es decir, la ley (entendida ahora como la legislación estatal) puede ser justa (legítima) o no (ilegítima).
            Un ejemplo: el aborto, o el matrimonio gay, en España es legal, y simultáneamente es considerado ilegítimo por partes no desdeñables de la población.
           
            Pero puede ocurrir una cosa más: que un comportamiento generalizado sea ilegal pero tenido por legítimo entre el pueblo. Véase el fraude fiscal.  

            Tenemos al toro en el ruedo. ¡A la faena!

            Según Gestha, el Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda, el fraude fiscal ha dejado sin efecto la subida del IVA de 2010, (subió del 16% al 18%) puesto que Hacienda recaudó por el referido tributo un 5,4% del PIB en 2011, cuando en 2010 la recaudación fue del 6%.

            Esto sólo es un detalle de una situación bien definida: según datos que se dieron a conocer el pasado 6 de Junio basados en dos informes (Taxation trends in the European Union y Tackling undeclared work in 27 EU Member States) España ocupa las peores posiciones por recaudación por IVA en la UE de 27 socios. Mejor dicho: es el último. Malta, un ejemplo, con tipos iguales o inferiores a los españoles es el décimo.
            En cuanto al Impuesto de Sociedades, el tipo nominal es del 30%, lo que nos coloca en el quinto puesto del ránking UE-27. Pero en recaudación está de los últimos (puesto 22).

           ¿Qué nos dicen éstos datos respecto a la idiosincrasia de los españoles en sus relaciones entre ellos y con el Poder?
            Yo diría que identifican dos rasgos. El primero, indiscutible, que muchos de nuestros compatriotas son insolidarios respecto a sus semejantes que pagan sus tributos conforme a ley, y el otro que también gran número de ellos tienen al Estado por ilegítimo y no se arredran ante éste, por muy legal que sea.
            En resumen, gorrones y rebeldes a los mandatos de la autoridad.

            El hecho social de la defraudación al Estado es un correlato del Poder fiscal de éste, por cuanto todo Poder crea su resistencia.
             Pero que el fraude fiscal sea masivo a fuer de cotidiano refleja un grado de intensidad en la revuelta nada despreciable, pues no por casualidad se sitúa a la cabeza de Europa. 

            ¿Pero por qué se hace de esa manera?, ¿por qué la oposición al Poder se realiza de manera egoísta?, ¿por qué no deponen a los gobernantes que saben corruptos y edifican otro sistema mejor para todos?

            Simplemente porque el español no cree que la política, la “cosa pública”, sea un medio idóneo para defender sus derechos o realizar la justicia.
           El común la entiende como un oscuro manejo de individuos sin escrúpulos a los que siendo necesario soportar, resulta más necesario aún engañar.
        ¡Qué lejos de los españoles siquiera la aspiración a que nuestro sistema político haga suya la teoría aristotélica del “justo medio”!

            “Pero sin embargo votan mucho” –es posible que piensen ustedes-.

            Sí, pero ello se debe a que la relación con la política es idéntica a la que se mantiene con la religión: de la misma manera que afirmamos ser católicos pero permitimos que los cepillos queden vacíos las escasas veces que se acude a misa, también votamos solicitando “dignidad y justicia” pero no nos aplicamos el cuento. 

          Para gran parte de los nuestros la participación democrática, la separación de poderes, eso de la "política con mayúsculas", no es otra cosa que la micropolítica del fraude fiscal como hábito. 

             No, España no arderá por los cuatro costados a consecuencia de una revuelta política.
         No a menos que el canibalismo de Estado pretenda recaudar todo lo que sus leyes fiscales le permiten.  

            Por tanto el español sí es contestatario, pero lo es de forma peculiar, sin demasiados aspavientos, más bien de "aquella manera", bastándole con sus frecuentes regates al fisco que impiden a éste poder gastar más.
            El buen gobierno -piensan nuestros prójimos- es un asunto de charlatanes que lo ven todo muy fácil.
            La revolución se la prestan a la intelectualidad mientras ellos puedan seguir defraudando al Estado Caníbal y Fiscal.



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domingo, 9 de junio de 2013

La democracia no necesita partidos con democracia interna.

  
            A vueltas con las alternativas al régimen político vigente, me piden que aclare qué quise decir en el artículo titulado “El 15-M grita ¡Pedrooo!”, cuando me refería a que para “alcanzar un Estado pésimo sólo hay que estar atentos a las propuestas de los blogs más famosos de Derecho y del revés”.
            Vamos a ello.
            El 28 de Mayo pasado se presentó un Manifiesto por la reforma de los partidos políticos, cuyo objetivo es recabar medio millón de adhesiones vía “change.org” para pedir en el Congreso una modificación de la Ley de Partidos Políticos.

       “La actual Ley de Partidos está vacía de contenido, de forma que no garantiza en absoluto la democracia interna de los partidos políticos”, dicen alguno de sus promotores.
          Añaden que “el objetivo de la movilización es sensibilizar al país de que sin unos partidos políticos diferentes, más democráticos y mejor controlados desde fuera que los actuales no saldremos de la espiral en barrena en la que estamos metidos”.
           “El manifiesto tiene una sola idea: cambiar a los partidos introduciendo en la agenda política esta importantísima cuestión. No entra en otras también muy importantes como, por ejemplo, la reforma de Ley Electoral, la regeneración de las instituciones democráticas, la separación de poderes, etc., etc., porque consideramos que la cuestión de los partidos es previa a todas las demás.”. Literal.

               Ya el propio Manifiesto proclama que “los partidos políticos no son entidades privadas como, por ejemplo, un club de fútbol, que pueden organizarse como mejor les plazca. Son entidades especiales a las que se les reconoce el monopolio de la representatividad política y que se financian con fondos públicos. Su funcionamiento tiene más trascendencia que el de cualquier empresa o sociedad recreativa”.
         “En todos los países hay corrupción política, pero la democracia interna en los partidos, la competencia entre los que son dirigentes y los que aspiran a serlo y las obligaciones de transparencia impuestas por la ley permiten que los políticos corruptos sean apartados con celeridad. En España esto no ocurre (…)”.
           Finalmente enumera, supongo que a modo de brevísimo apunte, una serie de medidas y reglas de actuación que tendrían que formar parte de la solicitada nueva Ley de Partidos, sobre las que guardaré un prudente silencio. 
                Hasta aquí el Manifiesto.
        Dejando a un lado puros dislates, como el de que “se les reconoce el monopolio de la representatividad política” (no son los partidos sino las Cortes Generales quienes representan al pueblo español, artículo 66 de la Carta Magna), el espíritu del mismo parte de la presunción de que si los partidos políticos fuesen democráticos también lo serían las instancias en las que participasen sus miembros.
             Por eso coligen sus promotores que a pesar de que hay pendientes reformas importantes (la reforma de la Ley Electoral, la separación de poderes…) “la cuestión de los partidos es previa a todas las demás”, repitiendo el Manifiesto que “entre los muchos cambios que hoy demanda nuestro sistema político, el más urgente es la elaboración de una nueva Ley de Partidos Políticos (…).
            Una suerte de pensamiento mágico conduce a creer que si una organización (los partidos) fuese democrática, todas las demás entidades políticas o sociales también lo serían, unas por participación directa de los democráticos miembros de los partidos en ellas (Cortes Generales, organismos administrativos), otras por puro mimetismo (sindicatos, organizaciones empresariales…).
            Esas deducciones “Harry Potter” son las que llevan a los instigadores de la propuesta a creer que obligando por ley a que los estatutos de los partidos políticos sean democráticos, sería suficiente para romper la ley de hierro de la oligarquía de Michels, esa que demuestra que en cualquier entidad (funcione con dinero público o con gasolina de 95) siempre termina mandando una minoría defensora a ultranza de sus propios intereses, aun a costa de los del resto.
            Pero aunque la nueva Ley de Partidos que se propone acabara con la ley de la gravedad de las organizaciones, que no es otra que la ya citada ley de hierro de la oligarquía, ¿la función de las asociaciones políticas, sindicales o empresariales en un sistema dizque democrático exige democracia interna?, ¿necesita la democracia, democracia interna en los partidos?
            No. Un no tan tan grande como la majestuosa catedral de Burgos. 
            ¿Cuál es la función de los partidos? Expresar el pluralismo político, concurrir a la formación de la voluntad popular y servir de instrumento fundamental para la participación política (art. 6 de la Constitución).
            Pues bien, ni uno solo de esos objetivos precisa la democracia interna.
          Si por llevar la contraria y hacer las cosas bien, un partido quisiera establecer que las decisiones de sus órganos democráticos tuvieran que ser refrendadas por una comisión de veteranos de probada "auctoritas", ese partido no será democrático sino aristocrático, pero ello no constituye un impedimento ni para la participación política, ni para el pluralismo político, pues éstos derechos dependen de que exista libertad para constituir partidos, no de la democracia interna de los ya existentes.

Llevando el argumento al extremo, si un partido tuviera el deseo de que uno de sus miembros fuera su Presidente o máximo responsable ejecutivo de por vida, aunque no fuera necesariamente el de mayor virtud, como ocurre en España con S.M. Dº Juan Carlos I; ese partido tampoco podría ser calificado de democrático porque sería monocrático, pero no se vería perjudicado ni el pluralismo ni la participación política, pues si así fuera, la Monarquía española debería ser derrocada por ilegítima.

            El Manifiesto que analizamos es un reflejo de la mentalidad estatista dominante, donde se pretende que los partidos políticos sigan siendo órganos del Estado, controlados por el Estado y financiados por ustedes a mayor gloria del Estado.
            Los partidos que resulten de la nueva Ley de Partidos que se propugna seguirán siendo igual de oligárquicos que ahora, mientras que el sistema político será igual de democrático o de antidemocrático que antes porque la democracia política es indiferente al funcionamiento interno de sus organizaciones.
            Ahora bien, sí habría un cambio: un nuevo paso del Estado caníbal hacia un Poder más absoluto, pues se estaría dando carta de naturaleza a que el Estado adquiera poder de disposición sobre el funcionamiento de los partidos políticos, poniendo así fin a la autonomía de las organizaciones.   

            En fin, creo haber demostrado que estamos mal, sí, pero podemos estar todavía mucho peor. Basta con imponer mediante una legislación prolija un determinado comportamiento interno a los partidos políticos, so pretexto de que deben funcionar de manera democrática, Dios sabe lo que ello sea.


             Nota para el jolgorio constitucional.

          Cuando se estaba elaborando la Constitución se propuso que se adicionara al artículo 7 que “los colegios y demás organizaciones profesionales” tuvieran una “estructura y funcionamiento democráticos”.
            Finalmente en el Dictamen de la Comisión Constitucional del Senado (BOC de 6 de Octubre de 1978) se suprimió la alusión, seguramente porque ya no cabían más sandeces, y a tal fin ya les bastaba con exigir que lo fueran los partidos, los sindicatos y las organizaciones empresariales, que como todo el mundo sabe son faros que iluminan al mundo sobre cómo reírse de la democracia interna.  


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sábado, 25 de mayo de 2013

El 15-M grita ¡Pedrooo!


  
            Ante la crisis política y económica que vive el país resulta obvia mi alternativa al régimen vigente: el desarme impositivo de una Comunidad Autónoma cualquiera haría que el país entero se convirtiese en un paraíso fiscal de forma irremediable por mimetismo del resto de territorios, ¿o acaso se imaginan que Murcia sea un espacio libre de impuestos y la Comunidad Valenciana no?
            Semejante proceso conllevaría la muerte del caníbal, del Estado caníbal, por inanición presupuestaria.

            Pero como el catecismo nos enseñó, además del paraíso existe el purgatorio, que en términos políticos debe significar la democracia según Dº Antonio García Trevijano, un Estado peor que el actual o el 15-M.

            El 15-M. ¿Pero qué es el 15-M? porque para saber lo que es la democracia según Dº Antonio sólo hay que leerle, y para descubrir lo fácil que se puede alcanzar un Estado pésimo sólo hay que estar atentos a las propuestas de los blogs más famosos de Derecho y del revés.

            Pero insisto, ¿y el 15-M?, ¿el autodenominado “Movimiento 15-M”?

            En tanto movimiento debiera ser revolucionario, pues lo es toda tentativa de mover la realidad hacia su(s) estado(s) posible(s), que diría el difunto sociólogo Jesús Ibáñez.
            Revolucionario sí, pero tanto como cualquier estrategia que intente provocar cambios, ya provenga del este o del oeste, si se me permite la expresión, porque ya no soporto ni un día más el tostón de derecha e izquierda.

             Por tanto, la denotación de revolucionario no es suficiente, y después de semanas intentando descubrir su signo distintivo lo único que consigo sacar en claro es una cosa y media.

            La media es que algunos de sus integrantes pretenden crear un frente amplio que represente a los “indignados” y a partidos del oeste para presentarse a las elecciones, al estilo del Movimiento Cinco Estrellas (M5S) que lidera el cómico Beppe Grillo en Italia, y que resultó ser el partido más votado en los pasados comicios legislativos de aquél país.  

            La entera es el siguiente lema que aparece en las camisetas y en las pancartas de la muchachada:

Juventud sin futuro.

Sin casa.
Sin curro.
Sin pensión.

Sin miedo –concluyen-.

            Teniendo en cuenta lo anterior, el 15-M sólo necesita a Pedro Almodóvar para conseguir ser el partido más votado en los futuros comicios legislativos. 
            Y una vez instalados sus líderes en el Poder éstos se pondrían manos a la obra para   obtener “casa”, “curro” y “pensión” del Estado, pues si se lo pidiesen a familiares y/o amigos es seguro que no se manifestarían en la calle, ni tendrían necesidad de presentar una candidatura encabezada por Dº Pedro Almodóvar a las próximas elecciones al Parlamento con el único fin de ser el partido más votado.

            Sus pretensiones coinciden con las de casi todos cuando soñamos, esto es, alguien que nos garantice la total seguridad respecto a un digno nivel de vida, pase lo que pase, por los decenios de los decenios.  

            Ese alguien podría ser cualquiera, por ejemplo los viernes la ONCE y su famoso sorteo del “cuponazo” (¡qué éxito de ventas!) personifican de manera “cumbre” la idea del salvador.
            Pero el “cuponazo”, en el mejor de los casos, sólo premia a un individuo cada semana, y debemos procurar ser solidarios y democráticos, sobre todo por nosotros mismos, es decir, queremos que toque a todos o a la mayoría para que me toque a mí.
            Por eso se necesita un “cuponazo” diario y universal, y hoy por hoy no se les ocurre otro que pueda garantizarle que el Estado, el Príncipe Azul de todo cuento con final feliz.  

            En resumen, el 15-M es un movimiento revolucionario, valga la redundancia, que busca hacerse con el Poder a la manera de Beppe Grillo en Italia para mover la realidad hacia su estado posible, donde la realidad posible para ellos es un Estado aún más grande que el actual porque el que disfrutamos no nos proporciona ni casa, ni curro ni pensión.

            "¿Y para eso he estado leyendo hasta aquí?" –me preguntarán ustedes-.
            Les he dicho que había conseguido sacar en claro una cosa y media no que lo encontrado fuera a ser una novedad.

            No obstante, lo fundamental es saber si el Estado puede darles lo que piden. 

            Teóricamente sí.

            Las casas podrían salir de los casi infinitos inmuebles que acumula el “banco malo”, el trabajo de la contratación de más empleo público y las pensiones…, las pensiones no voy a decir de dónde saldrían no vaya a ser que se enfaden conmigo. Además, ya se lo imaginan.

            Sin embargo, resulta evidente que no podrá hacerlo. Aunque lo intente. 

         Y en esa dicotomía se encuentra el 15-M: la posibilidad teórica y la imposibilidad práctica.
            Por un lado, la eventualidad teórica convierte al movimiento en una fe, la fe en el Estado como Dios terrenal, por encima de cualquier prueba en contrario.
          Por el otro, la agitación provocada por sus deseos de cambio termina en el callejón sin salida de una realidad igual de calma que al principio.

            Del movimiento revolucionario a la quietud del inmovilismo.

            Todo queda en un gran NO, de los que tanto gozaba Agustín García Calvo.

            ¿Movimiento 15-M? Muy divertidos los escraches, sin miedo, pero que pase el siguiente.


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domingo, 5 de mayo de 2013

Mou como ejemplo de que España no aguanta una verdad



           Los habituales del blog quizás se sorprendan de que dedique un artículo a un entrenador de fútbol.

            Pero como decía un sabio profesor “hay muchas formas de llegar a casa”, y analizar la situación hoy, 5 de Mayo de 2013, de Dº José Mário dos Santos Mourinho Félix, es la mejor forma de entender cómo está España y cómo estará mañana. 

            Caído su equipo por tercer año consecutivo en las semifinales de la Copa de Europa, con alguno de sus jugadores rebelados públicamente contra él, que el entrenador aún se siga jactando delante de la prensa hostil de que “no ponga a jugar a vuestros niños queridos es correcto” o  que declare que “los problemas existen cuando alguno piensa que está por encima del resto”, sólo puede resultar escandaloso en un país que no resiste una sola verdad.

            La verdad del mérito, del esfuerzo diario sin esconderse en los derechos adquiridos, de la responsabilidad.
            La verdad de que unos deben mandar y otros obedecer (“primero está mi personalidad. Inmediatamente el jugador debe someterse a mis exigencias, cumplir mis expectativas. Los clubes cambian de técnico demasiado rápido. Es esto lo que da poder a los jugadores, al vestuario. Eso es muy peligroso”. Sir Alex Ferguson en entrevista al diario “El Mundo”, 2 de Marzo de 2013).

            Que la opinión pública (incluido su seleccionador nacional) exija que juegue un portero de fútbol que se encuentra en mala forma física porque su glorioso expediente le ampara, es la consecuencia lógica de un país donde el 40% de los estudiantes entre 16 y 18 años aspiran a convertirse en funcionarios para ganar 2.000 euros mensuales desde el primer mes (sic).
            El mismo país donde un sinfín de desfalcos mil millonarios de fondos públicos son disculpados por la clase política alegando un lacónico “no sabíamos lo que ocurría”, y a seguir robando porque llevo veinte años haciéndolo.  

            Mentira y verdad, verdad y mentira. Dos formas de estar en la vida que no pueden compartir un mismo espacio demasiado tiempo. Es imposible. O se miente o se dice la verdad, aunque no sea más que por el hecho de que la definición más precisa de mentira es la de faltar a la verdad.

            El entrenador eligió decir la verdad (“Pedro León hace dos días jugaba en el Getafe, no ha sido convocado un partido y parece que estás hablando de Di Stéfano. Tiene que trabajar para jugar”).   
            En España el que toma esa decisión es un imbécil, un paria del que no debe quedar ni la memoria, pues sólo es moneda de cambio la mentira, por ejemplo, la mentira de que "la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado" (art. 1.2 de la Constitución).  

            Si dices que tu cancerbero es un traidor porque objetivamente es un traidor (“los jugadores no se llevan bien con Mourinho”, afirmó la novia en una televisión extranjera) estás perdido porque te acusarán de buscar el enfrentamiento, de dividir.

            En cambio, si aseguras que el portero traidor es un ejemplo para los niños y no juega porque su entrenador le tiene tirria, te ganas el derecho a vivir en el cuento de Alicia en el País de Saniker Casillas.

            España, su régimen impostor, no resistiría que el Presidente de un equipo de fútbol amparase a un jefe que hace su trabajo y despidiera, por una vez, a felones, a desobedientes, a vagos.

         Semejante ejemplo sería una llamada al orden, un regreso a la verdad, que el sistema no podría soportar, pues si el club deportivo más importante del mundo lo hiciera, al día siguiente la gente empezaría a pensar que quizás se pudiese hacer lo mismo con toda la clase política sin excepción. "Yes, we can".

            No, la situación del país no aguanta ni una verdad, aunque venga de un entrenador de fútbol.

            España sólo puede escuchar que es una democracia y que Mourinho es una suerte de diablo que ha venido a sembrar la discordia en una hinchada feliz llena de héroes siderales.  

            Ahora que se ha abierto la caza del hombre el portugués volverá a preguntar su famoso por qué.
            La respuesta es sencilla: no es un asunto personal, es que en España está proscrita la verdad.

            Mis respetos y mi admiración, Dº José.
          
            
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sábado, 20 de abril de 2013

No me pidas que no robe que me da la risa



            Desde el “rescate” a Chipre, con su quita a los depósitos no garantizados (los superiores a 100.000 euros), anda la opinión económica publicada muy contenta, felicitándose de que por fin una cosa se haga bien en la Unión Europea.
            Hoy sábado 20 de Abril se ha difundido una entrevista del todopoderoso vocero de su ama, y por ende Ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, en las que declara que "la participación de accionistas, titulares de bonos subordinados y, después, de depositantes no asegurados debe ser la norma cuando un instituto financiero cae en una situación difícil".
            El ideólogo del plan de salvamento aplicado a Chipre sigue argumentando que si no fuera así, "los bancos lograrían grandes beneficios con negocios arriesgados, pero en el caso de una quiebra, las pérdidas se cargarían sobre toda la sociedad".
            "Eso no puede ser", apostilló con tono recriminatorio el profesor frustrado. 

            ¿A qué “negocios arriesgados” se referirá?

            ¿Quizás a la adquisición sí o sí por parte de las instituciones financieras patrias de la deuda soberana que nadie quiere, como comprador de última instancia para financiar los crecientes déficits estatales?
            Sin duda asunto temerario donde los haya ante la cada vez mayor probabilidad de que la deuda pública tenga que ser “reestructurada”, es decir, no pagada íntegramente.

            ¿Pero puede evitar esos “negocios arriesgados” la banca nacional en el Estado caníbal?, ¿puede desafiar al monstruo sin ser destruida por completo?

           Sigamos con los depósitos como variante ultramoderna de la ruleta rusa porque la pregunta se contesta por sí sola.

            El 1 de Abril del presente los mandatarios de la capitidisminuida “gran banca española” se reunieron en una cita casi inadvertida a pesar de su importancia (o precisamente por ello) y acordaron reclamar al Gobierno, para que éste a su vez lo haga ante Bruselas, que blinde los depósitos minoristas, sea cual sea la cantidad, ante futuros rescates. Quieren evitar que el concepto de depósito aparezca en las normas reguladoras de los memorándums de entendimiento (MoU).
           
            Leyendo las declaraciones del maestro Schäuble va a ser que no.
           
            No obstante la oposición de quien ordena y manda, los banqueros insistirán en pedir al baldragas Presidente Rajoy que cree una disposición que proteja todos los depósitos, desde un euro hasta el infinito, ante cualquier “situación difícil”.

            Su pretensión es lógica, pues las quitas a depósitos, con independencia de su montante, debilitan su negocio tradicional que no es otro que conseguir depósitos para prestarlos. Depósitos que cada vez en mayor cuantía se ponen a disposición del Estado para lo que tenga a bien.

            Por tanto, el contenido de la carta que las patronales bancarias (AEB y CECA) quieren remitir al Gobierno se resume en esto: ¿quieres castigar a mis clientes porque saqueamos los bancos? ¿acaso no te das cuentas que lo hacemos por ti, para ti?
           
         Precisamente porque las quiebras de las entidades de crédito se perpetran a la mayor gloria de la clase política instalada en el Estado (véase lo ocurrido con las cajas de ahorro), es por lo que las quitas a los depósitos no suponen una medida racional en términos de ortodoxia económica, ni siquiera puede serlo para los partidarios de la escuela austriaca, sino el penúltimo despojo del Estado caníbal.

           Cuando los ciudadanos se encuentran sometidos a un sistema bancario de reserva fraccionaria, según el cual las entidades financieras sólo tienen la obligación legal de custodiar una parte mínima de los depósitos ofrecidos por los clientes (en 2010 los Tratados de Basilea III fijaron un porcentaje del 7%), para que puedan usar el resto de forma libérrima, por ejemplo, para comprar deuda pública; que el Estado no sólo no garantice en su integridad los depósitos en caso de quiebra bancaria, sino que contribuya de forma decisiva a esa quiebra, para luego someterles a quitas como condición inexcusable para evitar que queden reducidos a cero, es totalitarismo económico.

           Las pérdidas impuestas por los Gobiernos a los depositantes sólo serían razonables en sistemas económicos donde el Estado no pudiera aprovecharse de manera irresponsable de su liquidez. 
           Pero si desde la Unión Europea hasta el FMI, pasando por el BCE, se consiente que los Estados puedan solicitar su utilización, por supuesto a beneficio de inventario, so pena de descarados perjuicios empresariales a quien se resista (véanse las consecuencias para BBVA en forma de derramas extraordinarias al Fondo de Garantía de Depósitos por ser la única entidad en negarse a participar en el gubernamental "banco malo") las quitas coactivas, forzosas, a cualquier depositante son un golpe de Estado económico. 

            Los banqueros con su petición de que se protejan sin limitación de cuantía lanzan una sutil advertencia: si los depósitos son castigados no habrá ahorradores, y con ello simplemente desaparecerá la posibilidad de que la banca nacional financie la deuda soberana. O lo que es igual, el Estado quebrará porque nadie querrá su papel, los bancos quebrarán porque sus balances estarán llenos de papel estatal devaluado y la guerra civil será un mal menor.  

            Empecé este blog a finales de 2011 con un comentario en el que ponía en evidencia al Estado subnormal en cuanto caníbal, ¿pues cómo calificar a un Estado que agosta sus fuentes de supervivencia?

            Pasados dieciséis meses y treinta y cuatro artículos la antropofagia es ya la única política de Estado.



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