domingo, 31 de enero de 2016

¿Aceptará el Rey ser el ciudadano Felipe?


Con ocasión del improbable Gobierno PSOE-Podemos se han multiplicado las informaciones sobre el pasado del Lenin de Vallecas y he tenido ocasión de escuchar distintas intervenciones televisivas suyas vía internet.


Después de verla más de una vez sin dejar de asombrarme, me permito preguntar: ¿puede el Rey de España aceptar sin degradarse más de lo estrictamente necesario un Gobierno donde el tal Iglesias ejerza algún cargo?

Con la seriedad que requiere el asunto, no dudo en contestar que si lo hiciera no estaría en mejor posición que Luis XVI después de los sucesos del 5 y 6 de octubre de 1789, a resulta de los cuales el monarca fue obligado a trasladarse desde Versalles a París por una turbamulta.

Luego de aquellas fechas Luis XVI siguió siendo Rey de una manera tan deshonrosa que hoy todavía llama la atención su indigno comportamiento, pues no sólo firmó, a pesar de su desacuerdo, la Constitución civil del clero, sino que incluso aceptó la Carta Magna de 1791 que reducía su papel al de simple palafrenero de la Asamblea Nacional.

Con independencia de los posibles desarreglos de personalidad del Borbón francés, lo interesante de su caso para Felipe VI sería recordar para qué los Marat y compañía mantuvieron al Rey en el trono a pesar de que le habían desposeído hasta del más nimio residuo de poder ejecutivo.

No revelo nada nuevo si digo que el motivo no fue otro que culpabilizarle de los males que los revolucionarios provocaban a los ciudadanos, hasta el punto que cuando necesitaron usar la fuerza contra el pueblo era el monarca quien firmaba los decretos.

Se trataba de hacerle responsable de las órdenes decididas por otros en contra de su voluntad.

Oyendo a Pablo Iglesias en el vídeo con el que inicio este artículo afirmo que idéntico papel es el que le reserva Podemos a Felipe VI hasta que ya no les sea útil y decidan, no ya guillotinarlo, sino simplemente mandarle al exilio; esto es, obligarle a aceptar leyes y resoluciones con las que estará disconforme, pero de las que será responsable en cuanto tendrá que sancionarlas y promulgarlas (artículo 62 a) de la Constitución) 

Quizás piensen que tragar carros y carretas es la función de los reyes en las Monarquías contemporáneas.

No tendría que ser así, por ejemplo, si Felipe VI tuviese que expedir un Decreto del Consejo de Ministros (art. 62 f) donde se convocase un referéndum vinculante por la independencia de un territorio nacional, o dar el visto bueno a una reforma constitucional donde se dejase abierta esa posibilidad; pues el Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia (art. 56.1).

Si resulta obvio que cualquier monarca puede aceptar a súbditos no afines como colaboradores, incluso casarse con ellos si le pluguiera, sin merma de su autoridad siempre que le sean leales, también lo es que ningún ministro o Presidente de Gobierno del Reino puede obligarle a sancionar normas contra las que esté en radical desacuerdo o que sepa que atentan contra los intereses de la Nación o de la Monarquía.

Para que vean que no escribo para epatar inventando cuentos de príncipes y malvados, me remito a un pequeño hecho ocurrido este mismo mes de enero que prueba lo que digo.

El Rey Felipe VI rechazó recibir a la presidenta independentista del Parlamento de Cataluña para que ésta le comunicase la investidura del presidente secesionista de la Generalitat.

Si el monarca no quiso ni siquiera ver a la diputada catalana que venía a informarle de la mera designación de Puigdemont como Honorable, ¿alguien cree que el Rey puede aceptar ni siquiera como ministro a Iglesias, y salir indemne tanto su persona como su misión institucional, cuando éste ha declarado en cientos de ocasiones ante multitudes y en pequeño comité que a la menor ocasión que se le presente convocará un referéndum vinculante por la independencia de Cataluña pactado con, entre otros, Puigdemont?

El episodio histórico que he traído a colación demuestra que es completamente absurda e inviable una situación política donde el Gobierno de la Monarquía se jacte de que el monarca debe ser guillotinado.

Tan ridícula fue con el Rey Luis XVI, que terminó sus días en el cadalso y atendiendo al nombre de Luis Capeto, como lo sería hoy si el tal Iglesias fuera nombrado ministro del todavía Rey Felipe VI, aunque alguno de los representantes políticos que llama a consultas se atreve a nombrarle ya como "ciudadano Felipe".

Con la entrada o no de Podemos en el Gobierno no está en juego la investidura de un Presidente, sino S.M. Felipe VI. 

Un Gobierno PSOE-Podemos es el fin de la Monarquía Parlamentaria, más allá de que durante algún tiempo el ya amortizado titular de la Corona siguiese firmando con mala gana lo que los herederos "del bueno (?) de Jean-Paul Marat" (Iglesias escupe) le vayan poniendo por delante, y así disponer de un chivo expiatorio con el que justificar ante el pueblo los sufrimientos que le esperan. 

¿Tendrá alguien que le advierta o ya lo sabe?


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domingo, 24 de enero de 2016

"Tertius gaudens"


El comportamiento del líder de Podemos en las negociaciones previas a la investidura del Presidente de Gobierno tiene soliviantada a una parte no menor de la clase opinante (y a uno de los más acreditados divulgadores de  Podemos, James "Rubalcaba" Dean, en calidad de Ministro de Interior el 15-M http://elunicoparaisoeselfiscal.blogspot.com.es/2014/06/el-anti-podemos.html) que no entiende lo que pasa.

El clímax de la exasperación se ha alcanzado luego de la rueda de prensa que Pablo Iglesias concedió después de su primera entrevista con el Rey, en la cual se atrevió a nombrar Gobierno, adjudicándose la Vicepresidencia, y repartiendo entre sus fieles los Ministerios esenciales. 

Se dijo que "Leniglesias" había humillado al PP y al PSOE, regurgitado sobre Sánchez y absorbido a IU.

Todo el escándalo mediático se debe a que los tertulianos confunden la política con la aritmética, pues creen que tanto en aquélla como en ésta los números ordinales dicen la verdad. 

Bajo esta forma de pensar les saca de quicio la siguiente evidencia:
¿Si el PP ganó las elecciones cómo es posible que la iniciativa política la lleve el partido que quedó en tercer lugar?, ¿por qué Podemos no se resigna a perder?

La explicación reside en que Podemos ha fabricado una radical bipolaridad entre ellos y todos los demás.

Y en esa dicotomía que funciona a prueba de mentiras en el caletre de sus votantes se han reservado el que consideran lado bueno, el del Comandante Hugo Rafael Chávez Frías, dejándoles a los otros reducidos a poco más que basura. 

Cuando uno es la Espada de los Justos, ¿qué importa que los malvados sean más?

Por si lo anterior no fuera suficiente, la relación amigo-enemigo que han edificado puede darles el poder de forma inmediata porque una parte de los hasta ahora malos (PSOE) está dispuesto a unírseles para ser buenos.

El PSOE de los GAL, la corrupción institucionalizada y el desempleo masivo, el compañero de viaje de todos los nacionalismos racistas antiespañoles, ha decidido que para blanquear su pasado la mejor opción era vincularse a los autodenominados "pueblo" por el burdo método  de aislar al Partido Popular.

Pedro Sánchez ha aceptado la bipolaridad, ¡qué error, qué inmenso error!, planteada por Podemos y ha elegido, cómo no, el flanco de los "buenistas".

Si el conflicto puede definirse como "la relación social determinada por la exclusión del tercero" (Julien Freund, ver "Lo político y la política", pág 151, Jerónimo Molina, Ed. Sequitur), bien podemos decir que tenemos uno perfecto. 

La prueba quizás más evidente es el hecho de que ante la negativa de Rajoy a la propuesta del Rey para ser investido Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez ha decidido que él hará lo mismo hasta que el Partido Popular presente un candidato.  

Pero hete aquí que en pleno fragor del combate aparece el citado tercero, el sólo aritméticamente insignificante tercero.

Es Ciudadanos. Es Rivera.

Un tercero inédito en términos de gestión política, y por tanto casi virgen, que liquida el juego bipolar por el procedimiento de socorrer al polo apestado (PP), siguiendo una máxima de la política clásica consistente en salvar a un enemigo cuando no estás seguro de tus posibles aliados.
El riesgo para el tercero de actuar así no es otro que terminar atrapado en el conflicto amigo-enemigo, dado que quien ayuda a un antagonista de Podemos se convierte "ipso facto" en otro sujeto hostil más, y por ende, retratado como amigo del Partido Popular.

Es posible que a Rivera le disguste semejante foto, pero supongo que se consolará sabiendo lo que decía Raymond Aron cuando la "intelligentsia" le reprochaba sus compañeros dudosos en las peleas ideológicas con los comunistas: "escogemos a nuestros adversarios, no a nuestros aliados". 

Sea como fuere, lo cierto es que la partición entre buenos y malos quiebra cuando uno de los teóricos bondadosos cruza la línea enemiga.  

En esas circunstancias el polo de los justos sólo puede mantener la dualidad recalcando que el bueno se ha convertido en malo, esto es, en fascista, casta o simplemente de derechas.

Pero el virtuoso siempre tiene la sartén por el mango porque conserva el argumento definitivo: ha cruzado el Rubicón para acabar con los malos reales y proteger a los que nunca lo fueron.

No lucha por apropiarse en exclusividad del Bien (Podemos), sino que trabaja por la eventual expiación de los corruptos y la colaboración en el proyecto común de los que no lo son, para lo cual es necesario empezar tendiéndoles la mano a todos.

El tercero es el núcleo disgregador de la relación amigo-enemigo construida en torno a la división honrados-deshonestos, rectos-perversos, porque su misma existencia la desmiente. 

Los atizadores de la exclusión, incluidos los miembros del Partido Socialista dispuestos a participar en un conflicto de buenos y malos que se demostraría groseramente falso, quedarán desautorizados.

Si Albert Rivera es capaz de hacer creíble el argumento de la regeneración de la mayoría, ésta le reconocerá su legítimo derecho a gobernarles para cumplir con su agenda reformista de cambio tranquilo pero de arriba abajo.

Hablo de la mayoría y no de todos porque los sectarios monopolistas del Bien se autoexcluyen de una propuesta transversal.

La ventaja de enfrentarse a una secta es que no es necesario cordón sanitario alguno. Se aíslan ellos solos.

Pero una secta sólo será una secta, no un bloque político con posibilidades de gobernar España.

El aritméticamente tercero será el vencedor, el "tertius gaudens" (el "tercero que se alegra") de Simmel. 

Hace cuatro años escribí un artículo donde expresaba que para que se produjese un cambio en profundidad de la situación política española una Gran Coalición sería una etapa ineludible.

El momento ha llegado.

Una Gran Coalición fraguada por Ciudadanos mediante la fórmula de gobernar con el PSOE con el apoyo en las Cámaras del PP en torno a un programa de reformas estructurales está en capilla.

Mis interlocutores habituales dudan de que estemos preparados para ello, de que Rivera sea la persona con el talento suficiente para superar el "guerracivilismo" y llevar a buen puerto la nave. 

Es posible que estén en lo cierto, pero el tren está a punto de pasar y aunque la razón vacile quizás encontremos un aliento divino que nos ayude a superar con éxito la oportunidad.

Que terminemos a palos o sea el comienzo de una vida mejor sólo el Destino lo sabe.


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miércoles, 20 de enero de 2016

Perder salvando al enemigo para acertar

  Para Víctor Pascual.

"Salvar a un enemigo cuando no se está seguro del aliado ha sido siempre muestra de una honorable sabiduría maquiaveliana".



Uno de los problemas, quizás insalvables, de los sistemas políticos con competencia electoral reside en que los ciudadanos basan sus decisiones de voto en intuiciones, por ejemplo, "apoyo a la izquierda porque ésta siempre habla del pueblo".

Sin embargo, el saber político es esencialmente "contraintuitivo".

La frase que encabeza este artículo nos lo demuestra.

El pocas veces igualado Raymond Aron, amigo de Alemania por encima de las vicisitudes políticas, escribió la anterior sentencia en un volumen de 1951 titulado "Les guerres en chaîne".  (Ver página 397 de sus "Memorias", RBA).

La máxima de experiencia, casi perdida en un libro de más de mil páginas, venía al caso por concurrir dos situaciones posbélicas contradictoriamente diabólicas: la voluntad de los aliados de destruir Alemania una vez derrotada, y las consecuencias para Europa de la alianza con la URSS luego de finalizada la guerra.    

Aron pudo llegar a ver la ratificación de su máxima, pues Europa tuvo que salvar a su eterno enemigo (Alemania) para, entre otras cosas, sobrevivir a su reciente aliado (la URSS).

¿Alguien duda hoy que Europa acertó en los años 40 del siglo pasado salvando a la Alemania postrada y no aceptando el "abrazo del oso" de Moscú?

¿La Historia no ha demostrado que socorriendo a su vecino alemán, Europa se ayudó a sí misma?

Aunque ya hice mención en otro artículo a la enseñanza del escritor político galo, vuelvo a rescatarla hoy por la situación política que vive España.

Pedro Sánchez quiere ser Presidente del Gobierno por el método de obtener los apoyos expresos de Podemos y sus franquicias territoriales, IU y PNV, más los tácitos de la falange racista catalana, con el objetivo no declarado de liquidar a su declarado enemigo, el Partido Popular.

Por contra, el candidato a la Presidencia por C´s, Albert Rivera, ha optado por salvar al Partido Popular antes que ser compañero de viaje de Sánchez y sus nuevos aliados.

¿Cabe la menor sospecha de que Rivera da en el blanco amparando por la fuerza de las circunstancias a su rival, el PP, y repudiando como socios a Podemos y los nacionalistas, aunque ello le suponga no saborear las dudosas mieles del efímero triunfo?

A mí no.

Pero volvamos a Aron y sus Memorias.

Allí aparece un resumen de una entrevista que el fatuo y anticomunista Bernard-Henry Lévy le hizo en 1975 (págs. 929 y 930).

En la misma, el por entonces "nuevo filósofo" le preguntaba a cuento de la eterna disputa Sartre-Aron que ganó el primero a juicio de la "intelligentsia" parisina de los años setenta, lo siguiente:

"¿Qué es mejor: ser Sartre o Aron? ¿Un Sartre victorioso, pero equivocado, o un Aron vencido, pero poseedor de la verdad?".

Sánchez, y el PSOE entero, parece que prefieren obtener la Presidencia del Gobierno destruyendo a su enemigo, aun a costa de equivocarse; antes que acertar rescatando al PP, a pesar de renunciar a la victoria.

Si optan por Sartre, vencedor pero errado, y no por Aron, batido pero atinado, allá ellos.

Pero no deben olvidar que hoy Aron reina en el Olimpo y Sartre se esconde entre tinieblas. Que Europa (no la rescatada Alemania) venció y que la URSS fue un mal sueño.  

Y sobre todo, lo que nunca puede ignorar 
Sánchez y sus camaradas de partido es que la sabiduría política es "contraintuitiva".

Es momento de perder salvando a tu enemigo para acertar.

Rivera lo sabe.

Él será el ganador.


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domingo, 10 de enero de 2016

Mas no recibirá la llamada de Scarlett Johansson


Cuando escribo este artículo en realidad no queda nada por escribir porque todo está dicho ya.

Hace meses, hace años incluso.

No hay vuelta atrás para una caterva de aficionados sin oficio ni beneficio que creyeron que suicidarse les permitiría hacerse ricos y guapos, pues de eso se trata, ¿o ya hemos olvidado lo que le dijo Mas a Scarlett Johansson en 2010? 

Mas, el pobre diablo Mas, se ha tirado del coche en marcha que se dirige irremisiblemente al abismo.

Ahora el conductor dicen que es un tal Puigdemont.

En realidad no conduce nada, ni presidirá nada porque el vehículo con los pasajeros que aún transporta tiene vida propia y destino fijo: el precipicio.

Algunos comentaristas dicen que han ganado las CUP o que ha perdido Mas.

Los personalismos son irrelevantes cuando lo que se juzga es la dirección de un suceso.

Y en el caso que nos ocupa la trayectoria sigue siendo el acantilado.

Por tanto, el único vencedor es el despeñadero.

Unas pocas líneas bastarán para demostrarlo.

El sóviet-Parlament para acelerar el proceso quiere aprobar en un mes tres leyes: la del proceso constituyente, la de Seguridad Social y la de Hacienda Pública.

En realidad estas tres leyes que es probable que puedan aprobar serán papel mojado.
Cuando el poder de una situación política reside en una asamblea el poder de ésta es pura filfa, pues ¿quién va a obligar a que se cumplan las leyes que produce?

Aunque hayan nombrado un President, la Generalitat ha quedado al pairo, descabezada al liquidar a Mas y dividida en vicepresidencias.

Y es que ayer no eligieron a un Honorable, sino que tomaron la decisión de que el Poder Ejecutivo resida en la asamblea dirigida por la amalgama de ERC, CUP y la antigua Convergencia.

Me permito recordar que el acuerdo que alcanzaron los diputados racistas obliga a la Generalitat a decretar la desconexión de España en 18 meses y a modificar el presupuesto actual para aumentar en 270 millones de euros el gasto social.

Pero, ¿quién puede asegurar que esto será efectivo?, ¿el mismo sóviet-Parlament?

Por supuesto que no.

¿Qué funcionarios se atreverán a obligar a ciudadanos y empresas a que ingresen sus impuestos y cuotas sociales en las arcas catalanas?, ¿cuántos agentes públicos obedecerán las órdenes trastornadas, además de ilegales, del comité central revolucionario?

Si Neus Munté y Muriel Casals, dos independentistas de pro, dijeron ayer que nones cuando les ofrecieron poner la cara en la farsa para que se la partieran, ¿alguien cree que los niveles inferiores de la función pública catalana pondrán la suya porque así lo disponga un sujeto con bisoñé ayuno de toda legitimidad a las órdenes de un guirigay?  

Mas quería seguir siendo President porque él es quien centraliza el poder en Cataluña, el único capaz de hacer cumplir a la administración las disposiciones de la Generalitat, quien controla las redes clientelares de años y años de gobiernos de Convergencia. 
Por eso se mantendrá en la retaguardia, pues quién heredará su legado, ¿las CUP?, ¿Junqueras?, ¿el del peluquín?

Si la victoria de la insurrección es una quimera cuando el grueso de la burocracia que tiene que ocuparse de hacer efectivas las órdenes del sóviet-Parlament puede perder su cargo y su sueldo si las cumplen, pretenderlo sin Mas es propio de analfabetos en los dos idiomas del "país petit".

El bloque independentista al completo cayó al proclamar que su viaje acelerado al barranco continuará sin el novio frustrado de la señorita Scarlett.

Los únicos que en realidad han ganado son los que fueron expulsados del coche suicida, esto es, el cortejador de ninfas y los miembros de la CUP despedidos.

Los ilusos que siguen dentro del sóviet creen que son legión pero cada vez son menos.

La prueba es que, autoexcluidas de la Presidencia Munté y Casals, no les quedó otro remedio que poner a los mandos del piloto automático al más chiflado del escuadrón, al retonto útil, a uno que dice que los españoles serán expulsados de Cataluña.

¿Y del Gobierno de España, qué?

Sin duda merecerá tratamiento aparte, pero sí me atrevo a decir que en pocas semanas una Gran Coalición PP-PSOE (aunque Pedro Sánchez aún lo ignore) gobernará España y liquidará el soviet catalán, quizás incluso la propia autonomía de la región durante un largo período.  

La izquierda nacional-apocalíptica catalana que sobreviva podrá presumir durante años de otra gigantesca derrota con la que ganarse la vida a costa del falso mito de la revolución fracasada por culpa de los eternos malos.

De las cenizas de la hecatombe los traidores rescatarán la idea del referéndum por la independencia, aunque tardará decenios en fraguar, una vez que se ha demostrado que la famosa consulta era un engañabobos, ¿pues alguien cree que los independentistas iban a aceptar un resultado negativo?

Si tienen dudas de la trampa del referendo sólo tienen que leer las palabras de hace unas horas del partisano Mas: "lo que no nos dieron las urnas lo corregimos con la negociación".   
http://www.elconfidencial.com/espana/cataluna/2016-01-09/mas-da-un-paso-al-lado-y-dice-que-sera-ex-presidente-pero-que-no-deja-la-politica_1132943/

Sólo queda por ver de qué concreta forma se extinguirá el sóviet y el tiempo que tardará en consumarse la extinción.

Me imagino que la guapa Johansson no lamentará más que lo estrictamente necesario el ocaso de su pretendiente.


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