miércoles, 26 de junio de 2013

Toda innovación política es socialismo perfeccionado



             Para el profesor Elio Gallego, pronto ídolo de masas


            Con frecuencia me pregunto si es posible que un escritor político o económico puede llegar a tener experiencias intelectuales comparables a las emociones que tuvieron que cruzar a Paul McCartney cuando escribió “Hey Jude”, o a las que sentía Liam Gallagher cuando, alzado sobre un altavoz, contemplaba a cientos de miles de personas esperando oírle cantar, aunque fuese mal.

            Lo anterior puede parecerles una pregunta sin sentido, pero cuando un aficionado como el que suscribe termina de escribir un artículo piensa que si llega a producir algo realmente bueno lo sabrá de inmediato porque imagina que se sentirá igual que cuando escucha las mejores canciones de los “Clash”. La excelencia para un autor no la dicta el canon crítico sino su estado de ánimo.
           
            Pero voy más allá: ¿puede la creación teórica provocar en los lectores golpes anímicos similares a los que sufren los seguidores de las grandes estrellas del rock?
            ¿Es posible lograr la exaltación de las almas leyendo un blog de pensamiento y actualidad?

            No sé, lo que sí sé es que la música lo logra a costa del agotamiento, del vacío.

            Todo sentimiento es un viaje emocional, y con él va de suyo un camino de vuelta que sólo termina cuando aparece la extenuación.
            Así, quiero creer que el vacío que sentimos en derredor y en nuestros corazones no sea una suerte de nihilismo sino un no parar de sentir que nos deja sin aliento. Como si la vida sólo pudiese ser vivida vivamente.    

            Siguiendo con los desplazamientos, si cualquier aspirante a vivir al amparo de la ley de propiedad intelectual hiciese en una de las siete artes algo parecido al Lp “Exile on main street”, el mundo entero le seguiría de la misma forma que los fans de los Stones peregrinan después de decenios al “château Nellcôte” por comprobar si la casa donde se grabó el citado disco guarda todavía el aroma de lo que allí sucedió.  

            Periódicas divagaciones sobre estas materias se vieron esclarecidas de forma inesperada el pasado lunes 17 de Junio en un seminario, para mí una misa laica, oficiado por el gurú de las ideas, Dº Dalmacio Negro.

            Quizás fuese por la forma circular de las reuniones que propicia la convocatoria en torno nuestro del espíritu de la luz. Quizás.  

            Lo cierto es que cuando el profesor Elio Gallego glosó la otra tarde a Santo Tomás descubrió, no sé si queriendo, el socialismo del siglo XXI, una rotunda innovación que no deja de ser el socialismo de Karl Marx, pero perfeccionado.

            Fue un discurso premonitorio, cristalino, levemente interrumpido para ser tomado de nuevo y perfilarle con mayor garbo, con mayor brío; sencillo y único, radicalmente innovador a pesar de sus fuentes antiguas.
            El discurso de una vida en un espacio íntimo, la decantación de un saber enciclopédico en una visión inesperada.
            En sucesivos artículos iré desgranando el contenido.

            Por ahora es suficiente que sepan que sí, que se pude sentir algo parecido a lo que Paul McCartney sintió cuando compuso “Hey Jude” utilizando como “médium” a un profesor en estado de gracia.

            Hoy basta que sepan que estuve allí y escuché el discurso que el mundo estaba esperando.

            Dº Karl Marx, antimarxista radical, sonríe satisfecho desde el cielo exclamando un lacónico: ¡por fin! 


            twitter: @elunicparaiso


             

4 comentarios:

  1. Como siempre, te he leido con mucho interés y me he quedado con las ganas de saber cómo es el socialismo del siglo XXI.

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  2. Todo llega, estimado "A".
    Todo llega, pero habrá que esperar.
    Buenas noches.

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  3. No acabo de entender el fondo de esta entrada, aunque intuyo algo sobre lo que me arriesgo a pronunciar una opinión;
    a) Los ideales o fines perseguidos por el socialismo no son patrimonio moral del socialismo sino patrimonio de la cultura cristiano occidental, pese a que los socialistas se esfuerzan en monopolizar.
    b) El problema de orden político no son los fines o ideales perseguidos, sino los métodos empleados por el poder para su logro. En el caso del socialismo estos métodos son siempre coactivos ( impuestos, ingeniería social, limitaciones a la libertad de empresa, regulaciones,…) con el fin de crear un sector público poderoso (monopolios gubernamentales), que transforme la sociedad para alcanzar los ideales.
    Tan pronto es aceptado un fin de gobierno, se presume que incluso los medios contrarios a los principios de la libertad pueden emplearse legítimamente. El fin de gobierno se organiza en una oligarquía unitaria burocrática, en que las decisiones de la gente no responderán a escenarios de competencia, sino que serán impuestas sin apelación por la oligarquía organizados bajo la forma de monopolios gubernamentales. Esta oligarquía, revestida de una autoridad mistificada, se inviste de amplios poderes discrecionales sobre el individuo, destruyendo la libertad y fomentando la ineficiencia y la ruina a medio plazo. A corto parece un éxito, como cualquier sistema piramidal.
    Tal clase de administración del bienestar del pueblo, se convierte en aparato incontrolable y dotado de voluntad propia.
    Espero que en siglo XXI el socialismo desaparezca, no por sus ideales, que son los de nuestra singular civilización y modo de humanidad, sino por sus métodos.

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  4. Gracias por tu comentario Pedro.
    Tu opinión está muy bien fundada.
    Has adivinado el fondo de la próxima entrada.
    Un abrazo y espero tu opinión del inminente artículo.

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