miércoles, 20 de enero de 2021

"Covid 19, Operación Acordeón" VIII


Seis meses después de la última entrega volvemos con otro capítulo de la serie. El octavo.

La repercusión de los artículos reunidos bajo la denominación "Covid 19, Operación Acordeón" ha sido sorprendente para un blog ultraminoritario, pero por las cosas que siguen diciendo los intelectuales del consenso luego de un año de pandemia, parece que debemos insistir en su difusión porque siguen sin enterarse que el Covid 19 no es el problema de la economía mundial, sino la solución. Han leído bien. Es la solución en la que confían las élites políticas para propiciar el crecimiento económico y paliar la gigantesca deuda mundial que, antes del shock sanitario, en 2019, alcanzó la cifra de 255 billones de dólares, un 40% más alta que al comienzo de la crisis financiera de 2008.

Allá por marzo de 2020 se publicó el primer artículo donde literalmente se decía que "el elemento clave (de una "operación acordeón") es la eliminación de la deuda que ahoga el día a día de la actividad empresarial". (...) "Pues bien, el efecto social del Covid 19 es permitir que se le pueda practicar a la economía mundial una "operación acordeón", forzando una fulgurante reducción de capital para cancelar deudas y propiciar una nueva fase de acumulación".

Añadía que "estamos viviendo aún la (fase) destructiva consistente en la reducción de capital porque aún no se ha planteado el momento decisivo de la quita o reducción de la deuda...". "No obstante, ya se está preparando la segunda fase consistente en la ampliación de capital, puesto que en eso consisten los anunciados programas expansivos de centenares de miles de millones que los políticos y las instituciones monetarias vienen lanzando los últimos días".

Diez meses después de la publicación del artículo seguimos en la fase de reducción de capital, también llamada "tercera ola".

Antes de seguir quiero informar a los que tienen noticia por primera vez de la serie "Covid 19, Operación Acordeón", que no estoy defendiendo que la causa de la pandemia sea una malvada conjura mundial, pues aquí sólo se habla de los efectos de la crisis sanitaria y de cómo éstos han sido aprovechados por los distintos actores políticos.  

Aclarado lo anterior, debo insistir en que el nudo gordiano de la crisis económica de los países occidentales reside en cómo controlar el irrefrenable aumento de la deuda pública, que sin embargo es lo único que permite financiar el llamado Estado de Bienestar, al no aumentar otros ingresos públicos porque no crecen ni la economía ni los salarios ni la población.

Cómo compatibilizar la continuidad de los Estados sociales reduciendo la deuda que nos permite mantenerlos, si tenemos el hándicap del invierno demográfico y la anomia económica. He ahí el dilema precovid.    

¿Por qué no seguir haciendo lo mismo -dirán alguno de ustedes- si a fin de cuentas la masa monetaria que producen los Bancos Centrales es adquirida por los Estados y lo pueden continuar haciéndolo de forma indefinida?

Por la sencilla razón de que la medicina puede convertirse mañana en veneno, tal y como dice el gran escritor italiano Carlo Gambescia. Y respecto a la medicina de la deuda, el mañana ya es acuciante presente.

Si la deuda pública a intereses ridículos salvó (medicina) de la quiebra a las entidades financieras (y a sus depositantes) en 2007-2008 por los impagos masivos de hipotecas, también es cierto que la deuda a interés cero no es eterna, hay que devolverla y no es neutral (veneno) entre otras cosas, porque mientras se pagan los costes de la devolución de la deuda, se restan fondos a otras actividades productivas (inversión, innovación...)

Por eso la deuda pública es sólo un medio temporal para favorecer un crecimiento económico que permita no acumular déficits y más deuda.

Ahora bien, el problema de las economías desarrolladas desde finales de la anterior década es que el siguiente silogismo ha dejado de funcionar:

a ) Si los bancos son solventes y recuperan liquidez gracias a la deuda pública, podrán volver a dar crédito.

b) Si el crédito está barato se incentivará su demanda.

Ergo, si los bancos son solventes y aumenta el crédito barato, las empresas volverán a invertir creando nuevos negocios, caerá el paro y se reactivará la actividad económica.

El silogismo no se cumple por varias causas.  

Las familias no se endeudan por la inseguridad en el empleo y los salarios bajos, por el riesgo de quiebra de los sistemas de pensiones y la mayor esperanza de vida. Las empresas tampoco, ya sea por el exceso de regulaciones y de altos impuestos que lastran su actividad, ya sea por las dudas sobre la rentabilidad de los negocios ante la atonía económica y la deslocalización empresarial.

El resultado es que una bruta deuda no tiene como consecuencia un bonito crecimiento.   

Los números no engañan: en la última década la zona euro ha visto incrementar su balance de deuda alrededor de un 120% para crecer un 16%. Japón lo ha hecho aumentar un 325% para crecer un 10%.

Volvemos al principio. La situación de las economías occidentales se resume en una deuda pública gigantesca financiada por la emisión monetaria de los Bancos Centrales para sostener el Estado del Bienestar, mientras la actividad económica sigue paralizada porque el sector privado ha perdido la confianza en el futuro inmediato.

Y lo relevante es que en este contexto absolutamente nada pueden hacer ya los Bancos Centrales. ¿Acaso pueden lograr Yellen o Lagarde frenar el envejecimiento de la población?

Es aquí donde entra el manejo de la pandemia por los Estados como novedoso procedimiento de política económica para solucionar la diabólica ecuación entre deuda insostenible y marasmo económico, demográfico y social.

Pero como el artículo ya es demasiado largo, el porqué la crisis sanitaria pretenden utilizarla como bálsamo de Fierabrás con origen esta vez no en Jerusalén, sino en Bruselas, Pekín o Washington; se detallará en las dos próximas e inminentes entregas.

Lo haré mediante una conversación, apócrifa por supuesto, entre uno de los "genios invisibles de la ciudad-mundo" (¡cómo no citar de nuevo al maravilloso Guglielmo Ferrero) y uno de los atribulados políticos papafrita que fungen de Presidente de alguno de los Estados de nuestro entorno cultural. Elijan al que más les guste. Si encuentran alguno. 

Hasta entonces.  


twitter: @elunicparaiso


3 comentarios:

  1. Buenos dias

    Yo por el respeto que le mantengo, le llamare chaman, de la misma manera que a mi bautirazon con el apodo de brujo en una factoria de procesos industriales cuando, gracias a la suma de conocimientos y experiencia , era capaz de predecir las averias

    Asi de pronto no tengo la menor idea de como se va a neutralizar la deuda, y como se van a conseguir capitales para la re-industralizacion, o conversion a la economia digital ( o como se llame ). Si es que por ahi van las tendencias, claro

    Las dos soluciones, a lo bruto, que se me ocurren como que salga el mandamas de los USA y diga: " oid majetes que vereis que el USD no vale ni el papel en el que esta impreso ", o la otra que es llamar a China que nos compre y cancele la deuda por la " tierra" ( ver nota 1), no me gusta nada. La primera es " gran tiberio ", y la segunda es ponernos la cadena al cuello y darle la llave del candado al chino

    Pero como Ud me aconsejo una vez seguir el rastro de la oligarquia la jugada de Iberdrola de invertir 75000 MM de euros en los proximos 5 años, en renovables mayormente en USA y otros paises ( naturgy ha hecho lo mismo en inferior escala ) ......... con el aval de nuestras, de las suyas tambien, facturas mensuales puede ser un signo

    Renovacion, y aval ciudadano obligatorio.

    Me da por colegir que cuando idealista estima el valor de la propiedad inmobiliaria de España y da una cifra, se me puede volver cara de prestamista, y que yo de involuntaria forma pase a ser inversor, y por tanto prestamista y hasta bancario, entregando mi apartamento como Aval de la proxima vuelta de tuerca


    Asi que como un guerrero lakota, al que llamaremos " pajaro despistado",que va a la tienda del chaman tras volver de un viaje de dos semanas por las praderas sin ver un bisonte, me encuentro: En ascuas, y un poco mosqueado como diria un castizo, y a ver que se nos dice, que se puede alumbrar, y de este lio que piensan " los espiritus"


    Nota 1: China, sus empresas, en el tercer mundo ( y hablo de tenerlos de competidores ) solo acepta como aval, pago, o compensacion por una inversion la tierra o los recursos naturales: Una mina, una concesion de madera, u otros. Entregando poryectos y obras estilo baratija. Algun ejemplo, de los que mejorse cuentan en taberna y en confianza, me conozco

    Saludos cordiales

    ResponderEliminar
  2. Gracias por el apodo, sr Brujo.

    Ja, ja, ja...

    Muy interesantes sus experiencias, conocimientos y datos.

    No quiero darle grandes excpectativas sobre la próxima entrega porque la solución que van a proponer está a la vista de todos, aunque no la veamos.

    Saludos, querido amigo.

    ResponderEliminar
  3. Buenos dias

    Soros en www.lemonde.fr ha declarado que la deuda podria hacerse eterna, bonos eternos, y que las obligaciones de pago serian solo de intereses.

    No se que pensar, ya que de pequeño nos enseñaron en la escuela que la desamortizacion de Mendizabal, incautacion pura y dura de bienes privados, fue un desastre, tambien aprendimos que fue la mecha de la primera guerra civil que tuvimos

    Tampoco se, si en un movimiento acordeon, una quita de la propiedad, pueda aparecer un " corralito parcial " ad eternun a fin de cubrir deuda, y de paso bajar el valor de la marca España, y sus " fieles paganos".

    O bien las pocas empresas publicas, o de concesion publica quedaran a garantia de deuda. Y hay unas cuantas por cierto, y no todas del Estado. Pongo por ejemplo el Canal Isabel II, que asi de pronto una concesion a 25 años pueden ser entre 7000 a 15000 millones de eur. A ojo, no es mala cifra

    No veo por donde van las ideas, pero sigo de su consejo que fue vigilar, de lejos que de cerca no puedo, a la oligarquia


    saludos cordiales

    ResponderEliminar