martes, 22 de marzo de 2016

Los deseos son comunistas


El siglo XX sólo aportó una modificación al tradicional juego político, y no fue el populismo.
 
Siempre hubo demagogia, pero el carácter  esencial de ésta consistía en que sus programas estaban hechos para no ser aplicados.

Esto acabó en el siglo XX, pues desde entonces se trata justamente de lo contrario, es decir, se hace lo que no se puede hacer, e intentándolo se demuestra que "sí se puede".  

Dicho de otra manera, una vez cubiertas las necesidades queremos ver cumplidos nuestros deseos.  

No dudo que el hombre sea un animal político. Sin embargo, lo que aspira a ser en el siglo XXI es un hombre satisfecho, del latín "satisfactus", formada por el prefijo "satis" (bastante, suficiente) y el verbo "facere" (hacer, estar hecho). Esto es, satisfecho significaría "estar suficientemente bien hecho".

El hombre insatisfecho de nuestra centuria sería una especie de medio hombre, un ser que no está bien constituido.

Y así, contrariado por su triste destino, vive su existencia el hombre con "hechos diferenciales", vacaciones pagadas, cartilla de la Seguridad Social, pensiones de jubilación y educación gratuita para su mermada prole.

Y en esas estamos los occidentales, pues España es sólo un ejemplo de tantos.

¿Alguien ha calculado el coste para el presupuesto estatal de la prestación universal de los derechos recogidos en los Capítulos II y III de la Constitución?

Quizás nadie lo haya hecho simplemente porque aunque el cálculo sería posible, la provisión de los servicios derivados de los derechos, no.

Pero es igual.

Los electos se tiran los trastos a la cabeza porque todos se reprochan mutuamente no cumplir con lo preceptuado por la Carta Magna, y los electores creen que aquélla es algo más que un catálogo de buenas intenciones en lo que a derechos económicos y sociales se refiere.   

Es más, si preguntáramos a la ciudadanía qué espera del Gobierno es muy probable que contestara "que se cumpla la Constitución".

El problema queda así planteado: el pueblo quiere que se satisfagan sus derechos constitucionales, pero el Estado no puede hacerlo por simple incapacidad económica.

La novedad reside en que la respuesta de cualquier político profesional al párrafo anterior oscilaría entre "¡qué dice usted, fascista!, a la más aséptica pero igual de absurda "el Estado sí puede garantizar y proveer todos los derechos reconocidos por la Constitución a los españoles".

La negación de la escasez es una de las auténticas innovaciones políticas del siglo.

Los escasos liberales que a modo de adorno pululan melancólicos por cada vez menos partidos políticos, se quejan de que no hayan pasado ni treinta años desde la caída del Muro de Berlín para que el antiguo comunismo avance en Europa, ¡paradojas de la vida!, gracias a los dizque nuevos partidos.  

No entiendo su disgusto. El comunismo siguió propagándose, vía extensión de los derechos sociales, un segundo después de su caída en el Este de Europa, pues universalizarlos es el programa político de los partidos comunistas, con independencia de su marca electoral.

Si creen que miento pueden escuchar a Iglesias, a Sánchez, a Garzón... Pero prefiero que oigan al comunista de honor, al custudio de las esencias marxistas, Dº Julio Anguita González.


¿Pero la gente en realidad sabe lo que es el comunismo?, ¿quiere ser comunista?

No. Ni liberal.

Lo único que las multitudes entienden y exigen es ser ricas.

Y aunque a la abundancia se puede llegar por muchos sitios, gran parte de la ciudadanía entiende que la forma más recta consiste en exigir al Estado que cumpla de inmediato y al pie de la letra los Capítulos II y III de la Constitución.  

Y no se equivocan dado que los derechos económicos no son sino un gigantesco método de redistribución.

Hasta hace no tanto la riqueza se alcanzaba por la capacidad y el mérito de cada individuo, familia o empresa. Era una función esencialmente privada.

Sin embargo, hoy la prosperidad se logra sobre todo mediante el acceso al uso y disfrute de una tabla creciente de servicios públicos, reconocidos solemnemente en la Legislación.

Se decía que el comunismo iguala por abajo.

De acuerdo, pero las Cartas Magnas igualan por arriba. Todos deben ser ricos. Vean, si no, el catálogo de prestaciones exigibles.   

Los derechos humanos prefiguran el comunismo perfecto.

La URSS representaba el comunismo pobre. Occidente es el comunismo opulento.

¡Cuánta razón tenía Marx! El comunismo es un sistema que sólo lo pueden resistir los países adinerados.

@elunicparaiso

jueves, 10 de marzo de 2016

Por qué despenalizar la corrupción.

           
        "Todas las cosas que duran largo tiempo se van embebiendo poco a poco hasta tal punto de racionalidad que llega a parecer imposible que hayan surgido de la irracionalidad. Puede decirse que no hay historia de una génesis que no sea sentida como algo paradójico y sacrílego. En el fondo, ¿qué hace un buen historiador sino contradecir?"  (Nietzsche, Aurora).


        Los seguidores del blog conocen que apenas se utilizan citas, y el motivo es que todos disponemos de grandes frases de eximios autores para casi cualquier cosa y su contraria.

     No obstante, la que encabeza este artículo creo que era necesaria para neutralizar las trazas de irrealidad que aparentemente rodean a alguno de los post, pues el tono profanador del blog desde su mismo título pretende diluirse cuando los argumentos que se utilizan empapan de racionalidad el objeto de cada una de las entradas.

   Sigo pensando que despenalizar la financiación ilegal de los partidos políticos con efectos retroactivos será inevitable si no queremos que un pasado delictuoso encapote el porvenir.

    Si la anterior manifestación parece una salida de pata de banco, espero que cuando terminen de leer el artículo semejante juicio se les aparezca como inexorable destino.

    Para empezar quiero que escuchen y vean tanto el fundamento objetivo como el subjetivo de la referida despenalización con efectos sobre sucesos del pasado.  


    Hace ya más de tres años que el aspirante a vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, consideraba legítimo y solicitaba de forma pública que los asesinos de cientos de españoles de toda edad y condición saliesen de la cárcel sin cumplir sus penas porque su organización había dejado de matar.

    "La pena es relativa, sirve para proteger a la sociedad de un peligro, y ello incluye lo que se llama resocialización".
     "La retirada de ETA del escenario político español y vasco es a día de hoy un hecho incontestable". Indigno eufemismo para no decir que los verdugos habían dejado de matar.

      Continúa: "En este contexto cualquier demócrata debería preguntarse si no sería razonable que los presos de ETA y aquellos vinculados al independentismo vasco no deberían ir saliendo de las cárceles".
     "Alguien dirá que algunos han cometido delitos gravísimos. Sin duda. Pero también los cometió Rodríguez Galindo, al que los socialistas hicieron general. También los cometieron los policías Amedo y Domínguez. Y desde luego no es que se hayan podrido en la cárcel, precisamente".
   "Eso por no hablar de los responsables de los crímenes franquistas, que no sólo no han tenido que sentarse jamás frente a un tribunal, sino que nunca han dejado de recibir honores de Estado".
   "La paz también es una cuestión de Estado. Y al Gobierno español hace tiempo que le toca mover ficha".
           
    Hasta aquí el hombre con el que el PSOE, con decenas de militantes y cargos públicos tiroteados por los pistoleros que "deberían ir saliendo de las cárceles", no renuncia a formar Gobierno.  

    ¿Qué argumento de los empleados por Iglesias no es aplicable a los políticos ladrones que se retracten?
          
   Los investigados o imputados por delitos de corrupción política no han matado a nadie. Sé que algunos sacralizan el dinero y no la vida, pero por la mera consideración de que el vil metal se puede reponer y la vida no, el asesinato no es comparable en gravedad, todavía, al latrocinio de fondos públicos.

   Pues bien, si los ejecutores de niños deben abandonar el penal porque han optado por darse de baja de tan ignominiosa ocupación, ¿por qué los corruptos tienen que ingresar en la cárcel si no podrían volver a robar desde el momento en que se les inhabilite de por vida a ejercer un cargo público?

     ¿Y el dinero que han robado?, -preguntarán ustedes-.

    ¿Y las indemnizaciones civiles a las que fueron condenados los asesinos y ninguno ha abonado? -pregunto yo-.

  De cualquier forma, los fondos públicos estafados a los contribuyentes podrían recuperarse. Las indemnizaciones que deben satisfacer los matarifes a sus víctimas jamás se abonarán.  
  
      Pero ya estoy en el cómo despenalizar, sin dejar impune, la corrupción económica vinculada a los partidos políticos.  

      Eso será cuestión del próximo artículo.

    Quedémonos con que si la primera vez que escuchamos el argumento de que los etarras debieran salir de la cárcel porque ya no matan, parecía injusto e irracional (¿y por qué no el resto de presos sinceramente arrepentidos?), hoy se ha convertido en  argumento de razón, en premisa imprescindible para "la paz". 

       El mismo valor, la tan distinguida y admirada paz, será el que convierta la también hoy irreal y poco menos que ridícula defensa de la despenalización de la rapiña de la casta, en solución justa mañana, en el sino de los tiempos, tiempos que nos helarán la sangre, según anticipó la madre de Joseba, pero no precisamente porque los políticos confiesen en la plaza pública haber robado. 

       A que sí Patxi, a que sí Otegi, a que sí Pablo, a que sí Pedro. 


Coda penalista: 
El fundamento teórico de Iglesias para justificar el no cumplimiento de las penas tiene su origen en el prestigioso jurista italiano Luigi Ferrajoli, cuya obra "Derecho y razón" inspira de arriba abajo los principios jurisdiccionales de asociaciones profesionales tan dizque progresistas como "Jueces para la Democracia" y a gran parte de los antiguos (Clemente Auger) y modernos (Santiago Pedraz), pero siempre estrellas, magistrados "gauche divine" de la Audiencia Nacional.
¡Quién le iba a decir a la izquierda extrema que sus bonitas ideas iban a ser la tabla de salvación de la casta!
La paradoja es, sin duda, una de las Bellas Artes.
  

twitter: @elunicparaiso