jueves, 10 de marzo de 2016

Por qué despenalizar la corrupción.

           
        "Todas las cosas que duran largo tiempo se van embebiendo poco a poco hasta tal punto de racionalidad que llega a parecer imposible que hayan surgido de la irracionalidad. Puede decirse que no hay historia de una génesis que no sea sentida como algo paradójico y sacrílego. En el fondo, ¿qué hace un buen historiador sino contradecir?"  (Nietzsche, Aurora).


        Los seguidores del blog conocen que apenas se utilizan citas, y el motivo es que todos disponemos de grandes frases de eximios autores para casi cualquier cosa y su contraria.

     No obstante, la que encabeza este artículo creo que era necesaria para neutralizar las trazas de irrealidad que aparentemente rodean a alguno de los post, pues el tono profanador del blog desde su mismo título pretende diluirse cuando los argumentos que se utilizan empapan de racionalidad el objeto de cada una de las entradas.

   Sigo pensando que despenalizar la financiación ilegal de los partidos políticos con efectos retroactivos será inevitable si no queremos que un pasado delictuoso encapote el porvenir.

    Si la anterior manifestación parece una salida de pata de banco, espero que cuando terminen de leer el artículo semejante juicio se les aparezca como inexorable destino.

    Para empezar quiero que escuchen y vean tanto el fundamento objetivo como el subjetivo de la referida despenalización con efectos sobre sucesos del pasado.  


    Hace ya más de tres años que el aspirante a vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, consideraba legítimo y solicitaba de forma pública que los asesinos de cientos de españoles de toda edad y condición saliesen de la cárcel sin cumplir sus penas porque su organización había dejado de matar.

    "La pena es relativa, sirve para proteger a la sociedad de un peligro, y ello incluye lo que se llama resocialización".
     "La retirada de ETA del escenario político español y vasco es a día de hoy un hecho incontestable". Indigno eufemismo para no decir que los verdugos habían dejado de matar.

      Continúa: "En este contexto cualquier demócrata debería preguntarse si no sería razonable que los presos de ETA y aquellos vinculados al independentismo vasco no deberían ir saliendo de las cárceles".
     "Alguien dirá que algunos han cometido delitos gravísimos. Sin duda. Pero también los cometió Rodríguez Galindo, al que los socialistas hicieron general. También los cometieron los policías Amedo y Domínguez. Y desde luego no es que se hayan podrido en la cárcel, precisamente".
   "Eso por no hablar de los responsables de los crímenes franquistas, que no sólo no han tenido que sentarse jamás frente a un tribunal, sino que nunca han dejado de recibir honores de Estado".
   "La paz también es una cuestión de Estado. Y al Gobierno español hace tiempo que le toca mover ficha".
           
    Hasta aquí el hombre con el que el PSOE, con decenas de militantes y cargos públicos tiroteados por los pistoleros que "deberían ir saliendo de las cárceles", no renuncia a formar Gobierno.  

    ¿Qué argumento de los empleados por Iglesias no es aplicable a los políticos ladrones que se retracten?
          
   Los investigados o imputados por delitos de corrupción política no han matado a nadie. Sé que algunos sacralizan el dinero y no la vida, pero por la mera consideración de que el vil metal se puede reponer y la vida no, el asesinato no es comparable en gravedad, todavía, al latrocinio de fondos públicos.

   Pues bien, si los ejecutores de niños deben abandonar el penal porque han optado por darse de baja de tan ignominiosa ocupación, ¿por qué los corruptos tienen que ingresar en la cárcel si no podrían volver a robar desde el momento en que se les inhabilite de por vida a ejercer un cargo público?

     ¿Y el dinero que han robado?, -preguntarán ustedes-.

    ¿Y las indemnizaciones civiles a las que fueron condenados los asesinos y ninguno ha abonado? -pregunto yo-.

  De cualquier forma, los fondos públicos estafados a los contribuyentes podrían recuperarse. Las indemnizaciones que deben satisfacer los matarifes a sus víctimas jamás se abonarán.  
  
      Pero ya estoy en el cómo despenalizar, sin dejar impune, la corrupción económica vinculada a los partidos políticos.  

      Eso será cuestión del próximo artículo.

    Quedémonos con que si la primera vez que escuchamos el argumento de que los etarras debieran salir de la cárcel porque ya no matan, parecía injusto e irracional (¿y por qué no el resto de presos sinceramente arrepentidos?), hoy se ha convertido en  argumento de razón, en premisa imprescindible para "la paz". 

       El mismo valor, la tan distinguida y admirada paz, será el que convierta la también hoy irreal y poco menos que ridícula defensa de la despenalización de la rapiña de la casta, en solución justa mañana, en el sino de los tiempos, tiempos que nos helarán la sangre, según anticipó la madre de Joseba, pero no precisamente porque los políticos confiesen en la plaza pública haber robado. 

       A que sí Patxi, a que sí Otegi, a que sí Pablo, a que sí Pedro. 


Coda penalista: 
El fundamento teórico de Iglesias para justificar el no cumplimiento de las penas tiene su origen en el prestigioso jurista italiano Luigi Ferrajoli, cuya obra "Derecho y razón" inspira de arriba abajo los principios jurisdiccionales de asociaciones profesionales tan dizque progresistas como "Jueces para la Democracia" y a gran parte de los antiguos (Clemente Auger) y modernos (Santiago Pedraz), pero siempre estrellas, magistrados "gauche divine" de la Audiencia Nacional.
¡Quién le iba a decir a la izquierda extrema que sus bonitas ideas iban a ser la tabla de salvación de la casta!
La paradoja es, sin duda, una de las Bellas Artes.
  

twitter: @elunicparaiso

     

3 comentarios:

  1. Excelente artículo, afilado como la hoja de una espada… logica. La argumentación es exacta bajo el punto de vista lógico: me gustaría hablar de la lógica de la política (donde se respete el principio de no contradicción). Perfecto.
    Por desgracia, la política funciona de forma diferente: me gustaría hablar de la política de la lógica (donde no se respeta el principio de no contradicción). La política necesita siempre de un chivo expiatorio (como fuente de legitimidad política): y ahora llegó el momento de el político corrupto. Los hombres, en la política, no quieren entender, sino creer. Es triste, sino así son las cosas. Por lo tanto es poco probable que Pablo Iglesias aceptará - sobre la base del principio de no contradicción - la despenalización de la financiación ilegal de los partidos políticos con efectos retroactivos…
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Carlo, ¿qué puedo decirte?

    Has desnudado la política de la lógica... ideológica.

    Por contra, colocando el artículo en el espacio de la lógica no ideológica de la política le has hecho el mayor elogio posible.

    Tu comentario era el párrafo que le faltaba al artículo.

    Los lectores y un servidor te lo agradecen.

    Un fuerte abrazo.

    ResponderEliminar
  3. Gracias! Honrado (yo) al leerte, querido amigo Jorge! :-)

    ResponderEliminar