domingo, 29 de noviembre de 2015

A Sócrates le daba vergüenza hacer de Pinocho


Poco antes de comenzar la campaña electoral para las elecciones generales del 20 de diciembre, los líderes de los nuevos partidos consideran que el hecho de que el candidato del Partido Popular no quiera discutir públicamente con ellos le desacredita de antemano para dirigir el país.

"Nadie se imagina a un presidente del Gobierno del siglo XXI escondiéndose de un debate", ha dicho Albert Rivera.

¿Es esto cierto?

En realidad Rajoy mantendrá un cara a cara con el dizque líder del PSOE.

¿Pero cuál es el motivo por el que se niega a sostener un duelo a cuatro con Sánchez, Rivera e Iglesias?

¿Por conveniencia electoral, por miedo a los rivales, porque tiene muchas cosas que hacer?, ¿quizás porque es más feo y más viejo que el galán Albert?

Es posible que un poco de todo.

Sin embargo, existe una causa que no he escuchado decir y creo que juega un papel importante en su decisión: la vergüenza que le provoca tener que mentir delante de millones de telespectadores una vez más, pues en mentir a destajo consiste un debate electoral. 
  
No quiero que se queden con la impresión de que quiero comparar a Rajoy con Sócrates, el cual consideraba que no valía la pena hablar más que si se quería decir la verdad. En ningún caso.

Pero conviene no olvidar que una charla entre políticos a pocas fechas de dilucidarse quién gobernará España los próximos cuatro años es una sucesión de discursos donde expresarse con franqueza no está entre los objetivos de los intervinientes.

Si los sofistas nos enseñaron que cualquier discusión, lejos de buscar la verdad, supone confrontar distintas estrategias con el único fin de alzarse con el triunfo en el duelo retórico, en un debate electoral la utilización del discurso como medio de lograr el poder alcanza el paroxismo.  

Ahora bien, la cara amable de la victoria tiene como reverso la derrota, pues quien se atreve a competir dialogando corre el riesgo de perder.

¿Y quién puede asumir la eventualidad de un fracaso por el mero hecho de "meter la pata" ante millones de televidentes?

El que sabe que sus probabilidades de ganar se acercan a cero.

Discurso como herramienta para alcanzar el poder y escasas esperanzas de obtenerlo. Resultado: mentir y mentir, no parar de engañar desde el primer segundo hasta el último, incluyendo las pausas para introducir la publicidad.

En ese ruedo es obvio que el candidato que parte como favorito no quiera torear.

¿Acaso podría contrarrestar las mentiras con su verdad, con su trocito de verdad?

Rajoy podría demostrar que el economista jefe de C´s, Garicano, es un tonto en dos o tres idiomas http://elunicoparaisoeselfiscal.blogspot.com.es/2013/02/del-capitalismo-al-politicalismo.html, que luego del 20-D los escraches volverán de la mano de Podemos, que será inevitable llevar más soldados a África, que espera atentados de ISIS, etc.

¿Pero a quién le importa la verdad cuando uno de tus adversarios es un vendedor de crecepelos que hace gala de su magnífica coleta o un catalán que dice saber cómo acabar con el insoluble problema catalán?

La mentira sólo puede ser neutralizada con una patraña mayor, más verosímil.

Estoy seguro que las huestes de Rajoy le tienen preparado un carro de mentiras, pero ya no le quedan redaños para formularlas en público y mirarse al espejo, entre otras cosas porque los embustes tienen existencia física y dejan huella indeleble, te persiguen.

No, un político con pasado que aspire a tener futuro no debe participar en una competición de trolas. Por respeto a sí mismo y porque en esa batalla el más Pinocho de todos es el que gana.  

Al fin y al cabo la famosa marioneta de madera no deja de ser cosa de niños, y aunque nada impide que un político quiera consolidar su carrera haciendo niñerías (a las pruebas me remito), a un Presidente de Gobierno se entiende que le dé vergüenza cometerlas, aunque sea en el breve plazo de una campaña electoral. 

Quien le anime a librarse del pudor es un espía a sueldo de Dº Pedro J. 


UNA VERDAD
Aún no había colgado el artículo en la red cuando me entero que el nacionalista extranjero Pablo Iglesias acaba de decir en TV, dónde si no, que Podemos es el "partido que mejor puede garantizar la unidad de España".
Sirva la anterior charlotada para entender por qué Sócrates nunca aceptó hacerse pasar por Pinocho, aunque éste es garantía de victoria en "prime time" sin necesidad de bajarse del autobús.


twitter: elunicparaiso

5 comentarios:

  1. Una amarga reflexión, pero exacta: comparto. Por lo tanto, la verdad es revolucionaria (Gramsci) :-)

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  2. Hola Carlo.
    Como era de esperar antes incluso de que se celebrase el primer debate, Rivera perdió e Iglesias ganó.

    Es decir, ganó el Pinocho puro, el Pinocho chavista.
    Ganó el que no paró de mentir.

    Sin duda, Gramsci es un profeta.

    Pero si la verdad hoy es revolucionaria, la Teología es el Manifiesto Comunista del siglo XXI.

    ¡Quién nos lo iba a decir!

    Un fuerte abrazo y muchas gracias una vez más.

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  3. "Pero si la verdad hoy es revolucionaria, la Teología es el Manifiesto Comunista del siglo XXI." Touché. Abrazo!

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  4. Pfff... si claro, Rajoy deja de ir a los debates por no mentir. Ajaja, si es que sois como niños.

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    Respuestas
    1. Lamento que no haya entendido lo que queríamos decir.
      Otra vez será, amigo invisible.
      Que tenga feliz día incógnito.

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