domingo, 1 de abril de 2012

La Gran Coalición II.


 
          

           El resultado de las elecciones autonómicas andaluzas del pasado día 25 de Marzo ha constituido una prueba de que la competencia electoral en un sistema político  como el nuestro es una partida del juego “del gallina” (ver la entrada “La Gran Coalición I”).
             Perdió “el gallina”. Ganó el que estaba, el que está dispuesto a suicidarse gastando sin medida con tal de ganar apoyos entre un censo electoral subyugado por todo tipo de miedos. Huelgan los nombres.

            Ahora bien, lo que jamás pensé es que el vaticinio con el que concluí la anterior entrada (una Gran Coalición  sustituirá a Rajoy en las próximas elecciones generales para desactivar el juego “del gallina”) se viera ratificado con indicios tan sólidos pasados sólo unos días.

        Primero fue Arenas y su propuesta de “pacto de legislatura” con el PSOE ante la “tormenta demagógica” que anuncia el Frente Popular PSOE-IU.
            Luego la principal dirigente de UPyD, Rosa Díez, haciendo llamamientos explícitos a “gobiernos de concentración” tanto en Andalucía como en Asturias.
            Ante el fracaso de su intento en el Principado, su diputado por esta Comunidad manifestó que ello supone “una mala noticia para Asturias y para España”, al tiempo que considera que se ha desperdiciado “una oportunidad histórica de lanzar un signo al conjunto del país”. Es decir, los reformistas de UPyD, la minoría de la que quizá dependa la gobernabilidad del sistema, apuestan por la Gran Coalición como alternativa ideal.

            A pesar de estos datos uno de mis más admirados pensadores políticos rechaza la probabilidad que auguro porque considera que quien ostenta el poder no lo comparte.

            Sin embargo, las peculiaridades españolas desmienten a mi interlocutor.  Me propongo explicar el porqué.

            “Prima facie”, una Gran Coalición es una de las salidas previstas cuando se produce un bloqueo institucional. El caso reciente más famoso le encontramos en Alemania, donde el empate en las elecciones de 2005 entre la CDU de Merkel y los socialdemócratas de Schroeder, dieron lugar a la “Grosse Koalition” de los dos partidos.

            Sin embargo, en España tenemos la singularidad de coaliciones de poder sin bloqueo institucional: los pactos de todos los Gobiernos centrales con los nacionalistas. Quizás el supuesto más extraño fue el que tuvo lugar en la segunda legislatura del Gobierno Zapatero (2008-2011) donde teniendo mayoría absoluta en las Cortes Generales y mayoría absoluta en el Gobierno autonómico catalán (tripartito) pactaba todo con CiU en el Congreso.   
            Pero si aquél momento representa el paroxismo del fenómeno que estamos analizando, con el Gobierno de mayoría absoluta de Rajoy ocurre exactamente lo mismo, pues éste mantiene con los nacionalistas catalanes una coalición que no trata de ocultar. 

            Este hecho se produce porque la estrategia de los dos grandes partidos españoles en sus tratos con las minorías regionalistas se resume en sus intentos (frustrados) por evitar que la competencia política no cooperativa del juego “del gallina” dirija las relaciones mutuas. 

            Los Gobiernos centrales creen que los nacionalistas les plantearán en algún momento la partida definitiva del juego “del gallina” (la independencia), y su forma de tratar esa circunstancia que consideran ineluctable es retrasar ese momento, evitar que la última partida se juegue, pues si ocurriese hoy no sabrían  cómo responder, si asumir los riesgos del abismo (defender hasta el final la unidad de la nación) o dejar que caigan al precipicio (permitir la secesión).

            Piensan que sólo neutralizando los efectos disolventes del juego “del gallina”  (“dos no discuten si uno no quiere”, que diría el refranero popular) podrán retrasar el momento decisivo.
           Y con ese fin no tienen reparo en otorgarles todo el poder en sus territorios y ofrecerles participación en las decisiones políticas del Gobierno, esto es, no se opone competencia política sino que se ofrecen “pactos de gobernabilidad”.
            Pero la sabiduría popular desconoce las reglas de la política, pues en éste ámbito ocurre todo lo contrario de lo que afirma el adagio: basta con que sólo uno quiera discutir para que la pelea dé comienzo, y el camorrista que la inicia lleva todas las de ganar si la otra parte huye.

            En resumen, ante las constantes partidas del juego “del gallina” que el nacionalismo periférico plantea al Gobierno, éste responde compartiendo el poder y no jugando como táctica para evitar la convocatoria de una última partida que se disputaría en términos amigo-enemigo. 
            El balance de la relación de fuerzas no deja lugar a dudas: el Poder abandonado por el Gobierno en su permanente retirada, es recogido por los nacionalistas. O lo que es igual, el intento de neutralizar el juego “del gallina” no jugando, no evita que los nacionalistas planteen el juego y le ganen partida tras partida por incomparecencia de la otra parte.

        El rechazo de todos los Gobiernos a jugar la partida que les proponen, que en esencia supondría darles la oportunidad de que demuestren que están dispuestos a despeñarse por el barranco, se debe además de porque nunca han sabido cómo actuar (ir hasta el final o ceder), a otro motivo no menos importante.
       
        Sin la garantía de que el principal partido de la oposición va a adoptar una actitud cooperativa con el Gobierno, dure lo que dure el juego, éste estaría perdido de antemano y el Gobierno de turno herido de muerte por su falta de poder y autoridad.
      Si frente al envite nacionalista un eventual órdago del Gobierno no está refrendado por la oposición, el nacionalismo sólo tendría que apoyar a la oposición y esperar a que gobierne para que su apuesta triunfe.

         El drama reside en que aun otorgando la oposición garantías, cualquier Gobierno desconfiaría de ellas,  pues no podría obviar que ante la posibilidad de que el socio nacionalista le otorgue a la oposición el Gobierno del Estado, ésta no tendría incentivos para conceder al Gobierno "carta blanca" con el fin de que disputase de tú a tú una partida del juego "del gallina" con los nacionalistas, sobre todo cuando el riesgo de que éstos desaparezcan una vez concluido el juego es algo más que una mera suposición.
      Y es que al fin y a la postre no es racional -pensarán los gurús respectivos del márketing electoral- malgastar un potencial aliado en las repetidas partidas del juego "del gallina" que PP y PSOE mantienen entre sí.

       Servidumbres de la competencia política que llegado el momento hará inevitable la Gran Coalición para contrarrestarla.  


twitter: @elunicparaiso

6 comentarios:

  1. Rio revuelto, ganancia de pescadores, que dice el refrán popular. Mano tras mano los nacionalistas van ganando terreno, curiosamente, frente a un gobierno que parecía defender totalmente lo contrario.

    Toda esta situacion (y sin ánimo de desmerecer su agudo analisis) se reduce a una sola causa, estimado paracaidista: NO HAY NI UN SOLO LÍDER ENTRE LA CLASE POLÍTICA ESPAÑOLA.

    Todos se apoyan en el dinero, en los enchufes o en las coaliciones. Nadie dicta las pautas ni pastorea a las ovejas.

    Abocado al fracaso absoluto y a la "chavezización" veo al país ahora mismo.

    Saludos salvajes.

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  2. Socretino, cómo va la mami. Sois unos valientes.
    Está bien lo que dices respecto a la ausencia de líderes, pero nuestra socialdemocracia de derechas y de izquierdas sólo acoge a los mediocres. Los políticos en democracia salen del pueblo y el pueblo ofrece lo que tiene. Eso es todo.
    Os queremos. Besos a la mami y al papi. Y muchas gracias por hacerte seguidor. Un detallazo.

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  3. Tú lo dejas caer: la clave del sistema (en el que lo sustantivo es el juego del gallina) es el PSOE, que siempre que está en la oposición se comporta como partido antisistema. Y cuanto está en el poder, lo que es mucho peor, como partido-sistema.
    Te mando un abrazo.
    JM

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    1. Pero si no es el PSOE, sería otro.
      El incentivo de la competencia electoral es la demagogia.
      Es lo que revela el juego "del gallina".

      En fin, la conclusión sería que hay competencias buenas y otras peores.
      La electoral genera demagogia.
      La territorial dentro de un mismo Estado, buen gobierno.

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  4. Bueno, visto lo visto, no espero mucho más del PP, por lo que la gran coalición puede surgir como mecanismo de supervivencia de la "partitocracia", la gallina a la enésima potencia. En fin, que no queda nada más que esperar y seguir pagando (sálvese quién pueda). Esto sólo lo cambia una guerra (no me gusta decir esto en público porque es políticamente incorrecto, pero...), que tampoco arregla nada. El ser humano es como es, y la mediocridad es la tónica general en todas las sociedades-rebaños. No hay más que ver las procesiones de semana santa, fiestas varias y de guardar. Creo honestamente que no hay nada que hacer según está montado el tinclao. Siempre me repito, pero hay que desaparecer, no queda otra. Abrazos a todos...

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    1. Don Juan, le veo a usted extremadamente negativo... y con unas ganas enormes de marcharse... porque seguro tiene mejores sitios donde ir.
      Pero recuerde que el país necesita lumbreras como usted.
      No lo olvide.
      Un abrazo fuerte.

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