domingo, 17 de mayo de 2015

¡Es el enemigo, Rivera!


                "El reformismo es, en último término, un tratamiento de los síntomas: se trata de borrar las consecuencias, al mismo tiempo que se resalta el sistema al que se pertenece, aunque ello implique que uno se vea obligado a disimularlo".

                Esta toma de postura de Michel Foucault aparece en una conversación publicada en el año 1971 en la revista estadounidense "Partisan Review", y recogida en el libro "Estrategias de poder" (Ed. Magnum).  

                Por aquél tiempo Foucault se encontraba dando clases en Búfalo (Nueva York), después de haber pasado por la revolucionaria Vincennes. Era ya uno de los gurús "postsesentayochistas".  
  
            La supuesta izquierda no ha superado, luego de cuarenta años, aquella promoción de filósofos y escritores galos (Althusser, Deleuze, Guattari, incluso Blanchot) que parafraseando el título del famoso libro de Eco podríamos llamar apocalípticos, tanto por su obra como por su trayectoria personal, marcada por la locura, el suicidio y hasta el asesinato.

              Pero de esa generación también emergieron magníficos integrados. Malraux, pero sobre todo Aron, Raymond Aron. 

                Sus "Memorias" son una de las obras cumbre de la literatura política del s. XX.

                Decenas de sugerencias podría espigar del tomo, pero hoy quiero rescatar sólo una:

        "Respondí a quienes me reprochaban mis compañeros dudosos: escogemos a nuestros adversarios, no a nuestros aliados".
             
            Pues bien, el futuro político de un partido reformista como Ciudadanos se mueve entre los estrechos márgenes que definen las frases de Foucault y de Aron.
          
             El reformismo como medicina paliativa que, aun aliviando, no cura; pero también la terrible evidencia para el reformador de tener que coexistir con facinerosos aliados que parecen desmentir con su mera presencia la posibilidad de cualquier reformismo.

            ¿Cómo puede entonces Ciudadanos devolver el prestigio a la menospreciada reforma (Foucault) con la única arma de elegir a los rivales adecuados, nunca a los socios (Aron)?       
            
         Antes de responder a la pregunta necesito dar una brevísima explicación del contraintuitivo argumento aroniano acerca de la imposibilidad de elegir aliados, al efecto de demostrar que precisamente por eso el problema del político no son los presuntos amigos.
     
           No escogemos a los amigos porque la amistad exige un consentimiento mutuo. No hay amistad si el otro no quiere. Sólo somos camaradas de quienes nos aceptan.
               Si cada uno eligiera sus amistades el tenista Rafael Nadal no tendría tiempo para otra cosa que no fuera felicitar los cumpleaños de sus autonombrados compañeros.
                Además, cuando se quiere ser amigo de todos cabe dentro de lo probable que haya que rebajarse a las pretensiones del que tiene que conceder el plácet. 

                En cambio, la enemistad es la única elección pura, unilateral, pues mi enemigo lo será, lo quiera o no.
             Y precisamente por ello, por el carácter de decisión autónoma, no negociada, al designar al antagonista se preludia la ambición del proyecto de cambio.

                Teniendo en cuenta lo anterior, el problema de la política de alianzas de Ciudadanos no es quién es el mejor socio para garantizar el éxito de la reforma, sino que todavía no haya fijado nítidamente el adversario al que aspira vencer, con la excepción de Cataluña.

                Analicemos lo que está pasando en Andalucía con la investidura de la candidata Susana Díaz.

            Ciudadanos afirma que todos los partidos son sus potenciales aliados si aceptan sus propuestas de regeneración, sin embargo, sólo ha negociado con el partido que ha tenido más escaños. Por tanto, querría que su aliado fuese el PSOE.
   
         Pero no ha podido pactar con el PSOE porque Dª Susana Díaz ha rechazado el listado reformista de Ciudadanos. Otra demostración de que los aliados no se eligen.

                 ¿Y qué medidas contempla el catálogo de Ciudadanos?
               
          Varias, entre ellas la absurda exigencia de que el resto de partidos practiquen la democracia interna http://elunicoparaisoeselfiscal.blogspot.com.es/2013/06/la-democracia-no-necesita-partidos-con.html
           No obstante, la condición innegociable que ha frustrado el acuerdo parece que ha sido la exigencia de que renunciase a cualquier cargo público el ex-presidente del PSOE y de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves.

              Podríamos decir, por tanto, que el enemigo de Ciudadanos es Chaves y los políticos corruptos que siguen aspirando a ocupar puestos de responsabilidad pública.  
   
             Semejante definición de enemigo resulta tan vacua que convierte en ridícula su pretensión de reforma, pues si el ex-presidente accede a desaparecer del mapa político, Ciudadanos podría consentir la continuidad en el Gobierno andaluz del partido político que hizo posible que el tal Chaves gobernase ése territorio de manera impune casi dos décadas.    

                Por tanto, ¿qué cabría esperar de la anunciada reforma de Ciudadanos si su enemigo resulta ser un ex-presidente ya amortizado para la actividad política?, ¿para eso necesita alianzas?

          No. El problema de Ciudadanos no son sus eventuales aliados, sino la ausencia (salvo en Cataluña, insisto) de un adversario digno para una política de reformas auténtica, pues es aquél el que mide el alcance y la profundidad de éstas.

             Si el enemigo de Ciudadanos no es la vigente ley electoral o el Estado Caníbal su reformismo no llegará ni siquiera a paliativo.
            Y es que en política cuando sólo se aspira a tener amigos y ningún enemigo es porque en realidad no se sabe qué hacer, salvo avalar a los aliados.

                Haría bien el señor Rivera en meditar sobre lo expuesto, pues aunque Garicano viste muy bien y da clases en Londres, todavía está lejos de ser considerado un consejero de príncipes o un maestro del funcionamiento del Poder a la altura de Aron o de Foucault.


       Nota para hacer enemistades: 

      Dado que aspiro a que cualquier partido político fije como enemigo al Estado Caníbal, quiero aportar un argumento a emplear cuando el Partido Socialdemócrata de Izquierdas y de Derechas defienda la antropofagia estatal: si Marx y Lenin conocieran la España de 2015 convertirían las antiguas cajas de resistencia del proletariado en SICAV como método de lucha revolucionaria. 
     El que no lo crea puede leer "El Estado y la revolución" del segundo y sacar sus propias conclusiones.


twitter: @elunicparaiso

3 comentarios:

  1. El ofrecimiento hecho por Esperanza Aguirre (PP, lista más votada) a Carmona (PSOE, tercera lista más votada) para que éste sea alcalde de Madrid en detrimento de Manuela Carmena (Ahora Madrid, segunda lista más votada) prueba el aserto de Aron de que "escogemos a nuestros adversarios, no a nuestros aliados".

    Que la lista más votada prefiera que gobierne la tercera lista antes que la segunda es una declaración libre y unilateral de enemistad.

    Y esa elección de un enemigo obliga a quien lo designa a formar alianza con cualquiera que colabore en su destrucción. Aunque sea el PSOE, pues en política los aliados no se escogen al no haber más cera que la que arde.

    Que el PSOE haya rechazado ipso facto la mano tendida del PP prueba otra vez que la amistad no se puede eligir, pues ésta depende del consentimiento del elegido.

    Rivera debería seguir tomando buena nota.

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  2. Uno de los prebostes de Rivera, el señor Girauta, se indigna en twitter por el hecho de que varios de los concejales de la alcaldesa de Madrid hayan dado muestras en la red de racismo y apología de la violencia contra sus adversarios.

    Begoña Villacís, concejala de C´s en el Ayuntamiento de Madrid, ha mostrado su preocupación por el hecho de que fuera insultada al salir del Consistorio por la "kale borroka" de la señora Carmena el día que fue nombrada edil.

    Sin embargo, antes de lo ocurrido, en las negociaciones previas a la designación de Carmena como alcaldesa, la señora Villacís dijo que quería ampliar consensos, "hablar con todos".

    En este mismo sentido, Girauta se queja de concejales racistas y psicópatas que, no obstante, cumplen los requisitos de C´s para apoyar al partido del que forman parte: no están imputados y fueron elegidos por el método de la democracia interna.

    Lo ocurrido ratifica el artículo: Rivera, el problema no es este o aquel imputado, ni la estúpida democracia interna, que Robert Michels ya demostró que no puede ser y además es imposible; ni siquiera crear consensos.

    No. El busilis es la elección del enemigo, pues el enemigo es tu destino, lo quieras tú o no.

    ¡A que sí, Girauta!, ¡a que sí, Villacís!

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  3. Es obvio que el artículo fue publicado antes de que C´s pactase con el PSOE en Andalucía.
    No obstante, los argumentos del mismo siguen en vigor: al buscar por encima de todo aliados, las pretensiones reformistas de C´s se han rebajado tanto que han quedado en agua de borrajas.
    ¡El enemigo Rivera, el enemigo!

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