domingo, 13 de enero de 2013

La oligarquía es eterna. I


         La magnitud de la corrupción política es indirectamente proporcional al tiempo que la clase política piense que estará en el Poder.
         Quizás por ello el primer latrocinio de la historia tuvo que ser debido al pánico que le provocase al gobernante de turno la mera posibilidad de que no tuviera ocasión de cometer el segundo.
         Esta hipótesis explicaría, por ejemplo, que los monarcas medievales, dueños a título privativísimo y sin límite temporal de sus territorios, cuidasen de éstos con prudencia por puro cálculo económico, para mantener su capital rentable y en disposición de ser legado a sus herederos en mejores condiciones que las que ellos recibieron.

         Por el contrario, las clases políticas oligárquicas que dicen gobernar Europa continental en nombre de sus respectivos pueblos desde el final de la II Guerra Mundial, los expolian sin medida porque jamás les abandona la idea que su carrera política es una lucha contra el tiempo, contra el ciclo electoral. “Coge el dinero porque mañana puede que tengas que salir corriendo” –les dicta su conciencia de clase-.
           
         Una verificación histórica de la hipótesis la aporta el Estado italiano de la segunda mitad del s. XX.  
          Desde la salida del Gobierno de Alcide De Gasperi en 1953 hasta la llegada al poder de Berlusconi por segunda vez en 2001 se produjeron cuarenta y nueve cambios en la Jefatura de Gobierno.
          Es decir, durante casi medio siglo hubo de media un nuevo Gobierno cada doce meses.
         En una situación política como esa la corrupción voraz que destruyó el sistema dando lugar a la llamada Segunda República podría ser un efecto indeseado, pero sobre todo era una consecuencia inevitable pues cada Primer Ministro y su troupe de la comedia del arte de mangar dispuso de apenas un año para hacer fortuna.
         A primera vista puede parecer que en ese tiempo cada Jefe de Gobierno no podía defraudar mucho. Pero si pensamos que un político al modo continental es un ser comido por la ansiedad ante la amenaza permanente de no renovar el cargo, para ellos cada día supone veinticuatro horas hábiles y cada hora aprovechable en cada uno de sus sesenta minutos con sus segundos, con lo cual podemos tener conciencia de que doce meses salteando durante todo su tracto temporal dan para cometer gigantescos butrones.
     
      Quien quiera profundizar en la idea de que a menos tiempo en el Poder más corrupción política puede consultar el libro de Hans-Hermann Hoppe, “Monarquía, Democracia y Orden Natural”.
           
          No obstante lo anterior, si las oligarquías políticas son presas del miedo a su interinidad lo cierto es que sus regímenes son los más longevos.
          Dº Antonio García Trevijano, uno de los teóricos más grandes de la democracia, forma política opuesta a la oligarquía, tiene demostrado que sistemas democráticos puros no existen, con excepción de Estados Unidos y Suiza. Por tanto, todos los demás son oligárquicos de alguna forma. Y el análisis comparado de los sistemas políticos sostiene su tesis.
   
          En suma, las oligarquías saquean a destajo llevadas por el temor de ser fugaces aunque los hechos dan testimonio de que tienen todo el tiempo del mundo para hacerlo.
          Sigamos con la historia política de Italia durante la segunda mitad del siglo XX para comprobarlo.
         De los cuarenta y nueve cambios en la Jefatura del Consejo de Ministros desde 1953 hasta 2001, doce Primeros Ministros repitieron en el cargo una o más veces.
       “Il divo” Andreotti en siete ocasiones fue Presidente del Consejo; Amintore Fanfani en seis; Aldo Moro y Mariano Rumor en cinco; Antonio Segni, Giovanni Leone, Francesco Cossiga, Giovanni Spadolini, Bettino Craxi, Giuliano Amato, Silvio Berlusconi y Massimo D´Alema en dos.
         Es decir, en cuarenta y nueve años hubo cuarenta y nueve cambios en la Jefatura de Gobierno, no más de veintitrés Jefes de Gobierno, pero un solo sistema.
           
         En este elenco de primeras figuras del mayor espectáculo del mundo, que por supuesto sigue siendo el circo, los paradigmas de la locura por robar más tiempo y más deprisa a pesar de tener años y años para poder hacerlo son dos por distintos motivos: Giulio Andreotti, que fue por primera vez Presidente del Consejo de Ministros en el breve periodo que media entre el 17 de Febrero de 1972 y el 26 de Junio del mismo año, y la última desde el 12 de Abril de 1991 hasta el 24 de Junio de 1992;  y un Jefe de Gobierno que sólo lo fue dos veces, aunque durante cuatro años seguidos (1983-1986 y 1986-1987), el socialista y mandarín de corruptos Craxi, Dº Bettino, atracador a lo fino.
           
       El "gonfaloniere" Andreotti personifica que el régimen dirigido por su Democracia Cristiana, el cual pastoreaba a los partidos satélites resultado del inevitablemente corrupto, por oligárquico en grado sumo, sistema proporcional, permaneció en el Poder más de medio siglo; y Craxi demuestra que siendo el Presidente de Gobierno que estuvo más tiempo en el cargo sin solución de continuidad durante ese periodo de casi cincuenta años, no sólo fue el que más estafó por estar más tiempo en el cargo sino el que más rápido lo hizo, mucho más veloz que los Gabinetes que sólo duraron unos pocos meses, al extremo de que su  pluscuamproporcional “pentapartito” puso punto y seguido al régimen de corrupción.  

                   Consejos para aspirantes a oligarcas:

        I. Id al psiquiatra por querer ser oligarcas, pues serlo os hará vivir con el terror cotidiano de pensar que algún día, pronto, deberéis dejar de serlo.
        II. Si el psiquiatra no os cura, robad, robad, pero no tengáis prisa, convenceros de que tendréis tiempo para hacerlo. Precisamente por ello, no descuidéis la búsqueda del bien común, pues las fortunas lentas no son incompatibles con el buen gobierno.






     Nota para ex-Presidentes presumidos: Cuando algunos hablan de la novedad que supone el Gobierno ilegítimo del ya ex-Primer Ministro italiano Mario Monti, el último fue Aznar acusándole de ser el fruto de una imposición; me viene a la mente Carlo Azeglio Ciampi. 
Gobernador del Banco de Italia desde 1979, una noche de Abril de 1993 se acostó Gobernador y se levantó Presidente del Consejo de Ministros. Lo fue hasta mayo del año 1994. 
Más tarde, de 1996 hasta mayo de 1999 fue Ministro del Tesoro de los Jefes de Gobierno de la izquierda, Romano Prodi y Massimo D´Alema.
Dejó de ser Ministro del Tesoro para ser nombrado Presidente de la República por el Parlamento.
¿Dónde está la novedad de Monti?
El antiguo Gobernador del Banco de Italia será, como Ciampi, Ministro del Tesoro del Gabinete que resulte de las elecciones de 2013, y más tarde Presidente de la República. 
Italia nos enseña que la oligarquía es eterna.
Aznar no lo sabe o prefiere no saberlo.


     Predicción equivocada (a medias)
28 de Abril de 2013. Monti no es nombrado Ministro de nada. 
Apuntaba para Exteriores. Pero ni eso.
Berlusconi parece haberse negado en redondo.
Doblo la apuesta: Monti se reserva la Presidencia que ahora ocupa el ya octogenario Napolitano.



twitter: @elunicparaiso


4 comentarios:

  1. En cuanto a las posibles formas de gobierno yo no sería tan optimista como AGT: sólo hay dos y ninguna de ellas es la "democracia" ("¡Qué coños es la democracia¡", que diría Don Jordi Pujol). O manda uno (monocracia) o mandan varios, un puñado de afines (oligarquía). No hay más.

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  2. Coincido con usted, maestro. Sistemas puros no existen. No obstante, demos a Dº Antonio lo que es de Dº Antonio.
    Lo curioso de la monocracia es que no dura tanto como la oligarquía.
    Y por eso, entre otras cosas, expolia menos.
    Sin embargo la oligarquía, con su apariencia de renovación periódica, roba y roba hasta la eternidad.
    Curioso caso.
    ¿Son conscientes los oligarcas de que no necesitan hacerlo, de que son eternos?

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  3. Parecióme que vuesa merced y mi hermano estuvieran soncronizados por alguna especie de magia...

    http://eldebategeneral.blogspot.com.es/2013/01/telemadrid-esa-cadena-fantasma-que.html

    Saludos salvajes.

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