miércoles, 16 de noviembre de 2016

España la excepción excepcional


Para Domingo González, pensador excepcional del mimetismo


La manifestación de hace unos días en Barcelona en la que miles de personas apoyaban la desobediencia de los más altos cargos políticos de la región a las leyes españolas ratifica lo evidente: los independentistas de Cataluña se consideran una excepción.

¿Pero qué es la excepción?

No creo que nadie, aunque tenga apego a la rutina, pueda oponerse a lo insólito.

Es más, como ya dejó dicho Carl Schmitt, la excepción no sólo confirma la regla, sino que ésta vive de aquélla.

Y es que incluso en el lugar privilegiado de la norma, el Derecho, todo son excepciones.  

Así, frente a las acusaciones, la defensa del reo lo único que expone y solicita son atenuantes y eximentes, causas que impiden la aplicación de la ley al caso concreto o que motivan que se ejecute de una manera distinta de la habitual.

Bajo estas circunstancias, la excepción se plantea como administración "justa" de la regla.

Acabáramos: lo justo es la excepción.

Esto es lo que vienen a decir los catalanes sediciosos.

La cuestión es por qué la respuesta de los españoles a los independentistas no se plantea desde el punto de vista de la peculiaridad.  

La excepción no debe considerarse sólo como elemento antijurídico que viene a quebrar las normas, sino también como factor no previsto en la regularidad de las leyes humanas y divinas.

Si España como nación tiene un sinfín de argumentos para oponerse al separatismo, también está en una posición favorable para dar la batalla donde los levantiscos se creen seguros, esto es, la reivindicación de lo raro, el derecho a la novedad.    

Y para ello España debe presentarse como la excepción máxima.

Un hecho como España ocurre rara vez, pues lo que hoy consideramos la normalidad de la nación española nace de múltiples excepciones consistentes en la decisión de poner fin al desorden natural de las cosas en distintos momentos históricos.  

Con el añadido de que lo logra: España es la excepción a la rutina (nada es más habitual que el caos) porque a la decisión le acompaña el éxito de hacer posible el cumplimiento regular de sus leyes durante siglos en un territorio que considera suyo. 

¿Cabe mayor extravagancia?

Se puede entender que otras excepciones quieran oponerse a España por considerarla añeja o capitidisminuida.

Pero sin el planteamiento de España como "excepción excepcional" la batalla política sobre la unidad del país empieza el partido perdiendo dos a cero.

No entro a discutir si la geografía que hoy reclaman para sí los sediciosos fue o es una excepción, porque de lo que no hay duda es que si lo fuera ha sido fallida. Tanto histórica como política como ideológicamente.

España supone una auténtica excepción frente a esa pretendida singularidad catalana, que en realidad no deja de presentar una monotonía indiscutible, esto es, el hábito de Cataluña de fracasar como entidad política independiente.

¿La sucesión de frustraciones del "hecho diferencial" catalán modelo de éxito, ideal a perseguir?  

Me quedo con la locura de la excepción española que creó su propia mesura: España.


twitter: @elunicparaiso