viernes, 17 de marzo de 2017

De místicos afortunados


En un blog dedicado al paraíso era inevitable que un día hablásemos del amor.

Si la felicidad es decir la verdad del sentir inmediato, hoy les traigo una breve poesía de un místico anónimo que tuvo que ser feliz, entendiendo por místico el testigo presencial, el que no ha necesitado aprender ni conocer de libros o de maestros porque ha tocado la cosa de la cual habla.

Nuestro autor incógnito sintió el amor porque consiguió habitar junto a él y nos lo cuenta.
Y lo que descubrimos es un momento de gozo que apenas se sostiene dentro de un mínimo espacio y un brevísimo tiempo.

Pero a pesar de introducir un tiempo triste por escaso, el místico se anticipa a las trampas de la vida y a la angustia de la pérdida, situándose en la memoria del encuentro amoroso para vivirlo como eterno presente a fuerza de volver a sentirlo una y otra vez.

Gracias a él recuperamos las intuiciones de Platón y de los románticos: que el pensar es el pariente pobre del sentir y que el alma no conoce sino que recuerda.

Lo que a continuación pueden leer es un testimonio de primera mano de que, a pesar de su efímera existencia o precisamente por ella, el amor no es imposible.  



El silencio es de quien lo escucha


En el silencio de lo que no me dices
pugnan dudas, misterios y ardides
burbujas púrpuras y enemigos hostiles

En el tiempo pequeño donde no me quisiste
brillan lunas perfectas para corazones que no saben estar tristes
y mi júbilo infinito por lo que, sin saber el motivo, me diste

En el silencio de lo que no me dices
se esconde el enigma de por qué te fuiste
y la explicación del amor fugaz
que se siente como si fuera el único amor de verdad

En el secreto de lo que no me dices
en el tiempo pequeño del que huiste  
estaré tejiendo millones de veces esta página inacabada  
como recuerdo precioso de mis citas con un hada que fumaba 


twitter: @elunicparaiso

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