sábado, 20 de abril de 2013

No me pidas que no robe que me da la risa



            Desde el “rescate” a Chipre, con su quita a los depósitos no garantizados (los superiores a 100.000 euros), anda la opinión económica publicada muy contenta, felicitándose de que por fin una cosa se haga bien en la Unión Europea.
            Hoy sábado 20 de Abril se ha difundido una entrevista del todopoderoso vocero de su ama, y por ende Ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, en las que declara que "la participación de accionistas, titulares de bonos subordinados y, después, de depositantes no asegurados debe ser la norma cuando un instituto financiero cae en una situación difícil".
            El ideólogo del plan de salvamento aplicado a Chipre sigue argumentando que si no fuera así, "los bancos lograrían grandes beneficios con negocios arriesgados, pero en el caso de una quiebra, las pérdidas se cargarían sobre toda la sociedad".
            "Eso no puede ser", apostilló con tono recriminatorio el profesor frustrado. 

            ¿A qué “negocios arriesgados” se referirá?

            ¿Quizás a la adquisición sí o sí por parte de las instituciones financieras patrias de la deuda soberana que nadie quiere, como comprador de última instancia para financiar los crecientes déficits estatales?
            Sin duda asunto temerario donde los haya ante la cada vez mayor probabilidad de que la deuda pública tenga que ser “reestructurada”, es decir, no pagada íntegramente.

            ¿Pero puede evitar esos “negocios arriesgados” la banca nacional en el Estado caníbal?, ¿puede desafiar al monstruo sin ser destruida por completo?

           Sigamos con los depósitos como variante ultramoderna de la ruleta rusa porque la pregunta se contesta por sí sola.

            El 1 de Abril del presente los mandatarios de la capitidisminuida “gran banca española” se reunieron en una cita casi inadvertida a pesar de su importancia (o precisamente por ello) y acordaron reclamar al Gobierno, para que éste a su vez lo haga ante Bruselas, que blinde los depósitos minoristas, sea cual sea la cantidad, ante futuros rescates. Quieren evitar que el concepto de depósito aparezca en las normas reguladoras de los memorándums de entendimiento (MoU).
           
            Leyendo las declaraciones del maestro Schäuble va a ser que no.
           
            No obstante la oposición de quien ordena y manda, los banqueros insistirán en pedir al baldragas Presidente Rajoy que cree una disposición que proteja todos los depósitos, desde un euro hasta el infinito, ante cualquier “situación difícil”.

            Su pretensión es lógica, pues las quitas a depósitos, con independencia de su montante, debilitan su negocio tradicional que no es otro que conseguir depósitos para prestarlos. Depósitos que cada vez en mayor cuantía se ponen a disposición del Estado para lo que tenga a bien.

            Por tanto, el contenido de la carta que las patronales bancarias (AEB y CECA) quieren remitir al Gobierno se resume en esto: ¿quieres castigar a mis clientes porque saqueamos los bancos? ¿acaso no te das cuentas que lo hacemos por ti, para ti?
           
         Precisamente porque las quiebras de las entidades de crédito se perpetran a la mayor gloria de la clase política instalada en el Estado (véase lo ocurrido con las cajas de ahorro), es por lo que las quitas a los depósitos no suponen una medida racional en términos de ortodoxia económica, ni siquiera puede serlo para los partidarios de la escuela austriaca, sino el penúltimo despojo del Estado caníbal.

           Cuando los ciudadanos se encuentran sometidos a un sistema bancario de reserva fraccionaria, según el cual las entidades financieras sólo tienen la obligación legal de custodiar una parte mínima de los depósitos ofrecidos por los clientes (en 2010 los Tratados de Basilea III fijaron un porcentaje del 7%), para que puedan usar el resto de forma libérrima, por ejemplo, para comprar deuda pública; que el Estado no sólo no garantice en su integridad los depósitos en caso de quiebra bancaria, sino que contribuya de forma decisiva a esa quiebra, para luego someterles a quitas como condición inexcusable para evitar que queden reducidos a cero, es totalitarismo económico.

           Las pérdidas impuestas por los Gobiernos a los depositantes sólo serían razonables en sistemas económicos donde el Estado no pudiera aprovecharse de manera irresponsable de su liquidez. 
           Pero si desde la Unión Europea hasta el FMI, pasando por el BCE, se consiente que los Estados puedan solicitar su utilización, por supuesto a beneficio de inventario, so pena de descarados perjuicios empresariales a quien se resista (véanse las consecuencias para BBVA en forma de derramas extraordinarias al Fondo de Garantía de Depósitos por ser la única entidad en negarse a participar en el gubernamental "banco malo") las quitas coactivas, forzosas, a cualquier depositante son un golpe de Estado económico. 

            Los banqueros con su petición de que se protejan sin limitación de cuantía lanzan una sutil advertencia: si los depósitos son castigados no habrá ahorradores, y con ello simplemente desaparecerá la posibilidad de que la banca nacional financie la deuda soberana. O lo que es igual, el Estado quebrará porque nadie querrá su papel, los bancos quebrarán porque sus balances estarán llenos de papel estatal devaluado y la guerra civil será un mal menor.  

            Empecé este blog a finales de 2011 con un comentario en el que ponía en evidencia al Estado subnormal en cuanto caníbal, ¿pues cómo calificar a un Estado que agosta sus fuentes de supervivencia?

            Pasados dieciséis meses y treinta y cuatro artículos la antropofagia es ya la única política de Estado.



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